domingo, 15 de diciembre de 2019

Rota

Rota
como
la
noche
que
te
conocí.
Pensé que volverías a por mí.
Supongo que no.
Que me equivoqué.
Otra vez.
Me
dices
adiós
con
la 
mano
y
te
da
igual
que
yo
me
esté 
quebrando.
Te suplico que no.
Que por favor no.
Pero es demasiado tarde.
Ya
no
estás
aquí.

He vuelto a caer

He vuelto a caer, ya sé lo que estás pensando, de verdad que lo sé. ¿Otra vez? Pues sí, otra vez. Otra vez siento esa presión en el pecho que me angustia hasta el punto de sentir que no puedo respirar mientras lágrimas rotas caen por mi rostro. Rotas porque ya no queda nada indemne en mí, y lo que no está destrozado en mil pedazos es porque ya simplemente no está. Solo queda vacío. ¿Crees que en algún momento ya no quedará nada de mí? Sí, yo también. Yo también creo que estoy desapareciendo y que todo rastro de humanidad se está esfumando; ahora solo soy un cuerpo sin vida que sufre entre convulsiones y sacudidas, que se rompe un poco más con cada caída y del que con suerte algún día ya no quedará nada más. 

domingo, 8 de diciembre de 2019

¿En qué momento me equivoqué?

¿En qué momento me equivoqué? ¿Fue cuando te acepté en mi vida? ¿O cuando te perdoné? Quizá, no sé, fue a la tercera decepción, o al quinto llanto. Puede que fuese al no tenerte en cuenta cada comentario que me hacía sangrar por dentro, o cada vez que sonreía cuando lo que me provocabas eran ganas de llorar. Quién sabe, igual fue por aquella vez que me dejaste tirada, o por aquel hachazo a mi corazón. Tal vez fueron tus mentiras o tus palabras envenenadas. Igual me equivoqué cada bendita vez que aposté por ti y por tu rostro de mentira, por tu lengua bífida y tus lágrimas de cocodrilo. Quizá me equivoqué al hablarte por primera vez, o por el simple hecho de conocerte.

No lo soy

Me dices que no sin palabras, me lo dices con esa mirada cargada de odio que he visto durante años y que jamás pensé que algún día iba a ser yo la que la iba a recibir. Me dices que no y solo veo la decepción que encierra el odio, esa tristeza cohibida de quien ha perdido a alguien que pensó que era y que simplemente no es. Supongo que esa soy yo, ese punto intermedio de fantasía y realidad que acaba siendo aquello que todos te dijeron y que tú nunca quisiste escuchar. Ahora lo ves, y sé que te gustaría volver atrás, ¿y a quién no? A mí también me gustaría ser diferente y callar bocas al demostrar que el error no soy yo, sino que las palabras de todos aquellos que dijeron que lo era. Pero no lo soy. Así que me destrozas con un adiós silencioso y te veo marchar. Y no, no te pido que vuelvas, no. Porque ni tú volverías, ni yo sería capaz de soportar la mirada de la verdad

Retazos de imposibles

Retazos de imposibles vuelven a golpearme en esta historia que tiene principio pero a la cual no logro encontrarle final. Cada vez que paso una página se añaden diez; diez páginas de derrota, de recordatorios de sueños jamás cumplidos y de expectativas demasiado altas para alguien como yo. Me dije que sería realista, que dejaría de pensar que yo no necesito la ayuda de nadie y que los sueños pueden lograrse a base de esfuerzo; y ojalá las palabras bonitas fuesen verdad. Ojalá no me despertase en mitad de la madrugada consumida por el dolor, en medio de otra pesadilla que se repite sin fin, recordándome errores del pasado y fracasos futuros. Mi mente me tortura con pensamientos negativos de «yo no puedo» y, una vez más, doy un paso hacia atrás. Me impulso con fuerza para tratar de saltar la barrera que me detiene y tan solo acabo dañándome a mí misma. Y me canso. Me canso de luchar, de soñar, de intentar.

lunes, 11 de noviembre de 2019

Normal

Se me rompe el corazón cada vez que pienso que puede pasarte algo por el simple motivo de ser quien eres. Que por ir de la mano te van a mirar mal y que a cada beso vas a recibir mil amenazas. Se me rompe el alma de pensar que alguien pueda hacerte daño por no encajar en la definición estándar de normal. Que por ser sencillamente tú te van a tratar mal. Se me quiebra la voz cuando te defiendo, hay quien pensará que es porque soy débil; en realidad no tiene nada que ver. Si se me cubre la mirada de lágrimas es por rabia, rabia de todas las personas que no son capaces de comprender y respetar; y pena, pena por lo que piensan. Puede que viva en una burbuja en la que mi idea de un mundo mejor es demasiado utópica, puede que sea tonta o una ingenua por creer que amar hay que amarse por quien uno es, y que a veces eso no va a encajar con los estándares de lo normal; pero que eso está bien. Porque un día lo normal era tener esclavos, y ya no lo es. La ventaja de normal es que es una palabra que se adapta a cada tiempo, y el nuestro está cambiando; solo espero estar aquí cuando a mí y a mi gente se nos respete por igual.

viernes, 8 de noviembre de 2019

Qué pensarás al ver mi nombre de nuevo en tu pantalla

Es apenas la una de la madrugada y lo único en lo que puedo pensar es en llamarte. Tu nombre retumba en mi cabeza como una canción pegadiza veraniega imposible de no tararear. Deletreo tu nombre y con cada letra formo una palabra que, de alguna forma que desconozco, siempre acaba siendo de amor. Pensaba que ya había pasado esta etapa, que por fin había superado todo lo que me hacías sentir; supongo que no. Que no necesito ni emborracharme para marcar tu número y levantarme preguntándome por qué lo he hecho, y que qué pensarás al ver mi nombre de nuevo en tu pantalla. Y quizás me llames de vuelta. O quizás tan solo veas números desconocidos en tu pantalla porque no conservas mi teléfono, y decidas borrar la notificación deshaciéndote así del último rastro que queda de mí.

jueves, 31 de octubre de 2019

Estoy rota en mil pedazos

Hay algo en mí que no me deja creer que puedo hacerlo bien, que puedo lograr lo que me propongo, o siquiera algo en lo absoluto. Estoy rota en mil pedazos que me abren cada día más heridas, y yo tan solo quiero esperar a desangrarme. Me dicen que yo puedo y me cubren las heridas, me sanan con palabras de aliento que no hacen más que acentuar mi falta de aire, la presión hace que me asfixie. No, que haya logrado cosas antes no significa que vaya a lograrlas ahora. No, que haya superado momentos difíciles no significa que sea fuerte. Significa que hasta ahora he tenido suerte y siento que se me ha acabado, que ya por mucho que me cubran las heridas van a seguir sangrando, es más, siento que ya nadie las está tapando y que estoy aquí sola tirada en el suelo desangrándome, y que yo quiero vivir, pero a veces me falta la fuerza y el coraje de poder levantarme. Así que prefiero desangrarme.

miércoles, 30 de octubre de 2019

Batallas perdidas

A veces la lucha me viene grande, es una batalla que sé con certeza que no voy a lograr ganar y, sin embargo, me sigo enfrentando; puede que sea con la esperanza de que las tornas se cambien y la suerte me sonría por primera vez. Aunque, claro, la esperanza, al igual que los sueños, es algo frágil que en rara ocasión se cumple como nosotros queremos. Yo en la vida no me describiría como alguien afortunada, de hecho, diría que soy muy de perder batalla tras batalla; y cuando digo perder me refiero a ser totalmente destrozada hasta el punto de no saber si voy a poder armarme para una más. Sí, hasta a ese extremo. Y, a pesar de ello, es curioso decir que siempre gano las guerras. Quizá sea mi persistencia, que por probabilidad la suerte me acaba sonriendo o que les doy tanta pena a mis contrincantes que me dejan ganar. No quiero saber el porqué, la información no me interesa; pero lo que sé es que allí estaré, en cada batalla, en cada guerra, hasta que ya no quede nada más que dar de mí, porque puedo ser una perdedora, pero lo que no soy es una cobarde, y los valientes no nos rendimos. Siempre volvemos a por más, hasta ganar.

domingo, 27 de octubre de 2019

Sigo siendo una niña

Todavía sigo siendo una niña. Una niña asustada de lo que está por venir, de lo que le espera, de crecer. Una niña que se ha convertido en mujer y que, sin embargo, se siente muy lejos de serlo. Una niña asustada de las decisiones que tiene que tomar y de cómo llegar hasta ellas. Asustada del futuro y de que este no sea como siempre lo he soñado. Sigo siendo una niña, al fin y al cabo, una que quiere esconderse en su cama bajo las mantas y no salir de ahí jamás, al mundo real.

Tiene algo en la mirada

Tiene algo en la mirada que me hipnotiza; quizá sea por la forma de sus ojos, el bonito color castaño o simplemente lo que transmite. Tiene un brillo que ilumina y cuando el sol se posa en sus ojos estos adquieren un tono verdoso que me hace comprender por qué el verde es el color de la esperanza. Tiene en la mirada el alma más bonita que he visto en toda mi existencia, y más vida que un estadio repleto de personas. Si tuviese que describir lo que es sentir paz, diría que es mirar a sus ojos, porque en ellos no veo derrota, maldad ni dolor; solo amor, ingenuidad, bondad y felicidad. Y, ojalá, ojalá el mundo fuese visto por sus ojos y solo por ellos, porque sé que con ellos se acabaría todo el mal.

miércoles, 23 de octubre de 2019

Déjame despedazarme

Precipicio de la vida,
deja de mirarme.
Me provocas querer...
...querer tirarme.

Sentir las alas batir
y el aire al golpearme,
caer hasta el infinito
y que nadie pueda salvarme.

Y no volar, no quiero...
...no quiero llegar a superficie,
ni pisar tierra firme.
Quiero simplemente morirme.

Así que déjame marcharme,
saltar y golpearme.
Déjame morir sola, sin arrastres.
Déjame despedazarme.

Ya no tengo ganas de luchar

Puede que tú no lo entiendas, la forma en la que me siento ahora mismo. El derrumbarme por una tontería. Me dices que recapacite, que piense las cosas, ¿es que no ves que estoy harta de pensar? Que pienso demasiado y, al final, eso me lleva al mismo lugar; el de no hacer nada bien. Le puedo dar mil y una vueltas que al final acabo igual, en el mismo abismo por el que solo me dan ganas de tirarme, con la cara empapada de mis lágrimas y el corazón botando descontrolado por el llanto. Y sí, es una tontería, pero cuando sumas una tras otra a veces simplemente ya no puedes más. Estoy agotada, ya no tengo ganas de luchar. Ni de seguir. Ni de intentar. Ni de ser. Ya no quiero nada más. Solo quiero que todo acabe ya.

lunes, 21 de octubre de 2019

Es hermoso porque lo es y ya

Es hermoso, os juro que sí. Tiene una de esas bellezas incomprendidas pero que a mí me hacen temblar de pies a cabeza. No tiene hoyuelos, ni los ojos más grandes ni el cuerpo más trabajado; pero tiene el cielo en su mirada y una sonrisa tan bonita que de solo pensarla me hace sonreír. Tiene ese algo en la voz y ese no sé qué que nos pasamos toda la vida tratando de explicar al mundo sin sentido, que para comprenderlo hay que vivirlo, y yo a él lo vivo en todos los sentidos. No es gracioso y, sin embargo, con él no puedo dejar de reír, quizá es porque simplemente me hace feliz y hasta la más mínima nimiedad se siente como un torrente en su máximo potencial. Tiene tantas pecas como objetivos por cumplir, y hace un sueño de cada una de ellas, y un proyecto por cada uno de los sueños, y lo más bonito es que en todos ellos me incluye a mí. Es hermoso porque lo es y ya, con sus imperfecciones y defectos, con sus caídas y su inseguridad, y con todo lo que la vida le quiera echar. Es hermoso porque a mi vista como él no hay nadie más, y no me cansaría de decírselo cada día de mi vida hasta que, con suerte, ya no se lo tenga que repetir más porque se lo creerá.

La caja oscura ya no se abrirá más

Los cuervos graznan mi final mientras las campanas de la iglesia suenan atronadoras. Me miro pero no estoy, no soy más que un ente, un espectador más de aquel circo de gente disfrazada de negro. Algunos lloran, sacando su mejor actor y actriz, con lágrimas artificiales que acaban secadas por pañuelos de papel. El rímel corre por las mejillas que no tardan en ser retocadas en un par de segundos en el baño. Pero nadie me retoca a mí, nadie se atreve a tocar mi rostro congelado, ni a abrir mis ojos dormidos. El blanco de mi rostro reluce más que el castaño de mis rizos en una caja oscura que ya no se abrirá más y algunos tendrán su última visión de mí. La función se acaba cuando entierran la caja, y ya nadie se vuelve a acordar de aquel papel que acaban de interpretar.

sábado, 12 de octubre de 2019

Álbumes cogiendo polvo

No me atrevo a entrar en nuestra conversación. Han pasado tantos meses y, a pesar de eso, todavía tengo una carpeta en el ordenador repleta de fotos que ya nunca voy a guardar en un álbum para enseñar a nuestros hijos ni nietos. Ya nunca voy a tener que imprimirlas y rellenarlo con más fotos. No tendremos una estantería repleta de álbumes cogiendo polvo, ni se marchitarán más flores; porque ya no habrá ninguna que me regales tú. No escucharé nuestra canción y la cantaré a todo pulmón, con una sonrisa en los labios. Ahora la canto sintiendo que el mundo se me viene encima, y que estoy cubierta de escombros. Han pasado tantos malditos meses y, sin embargo, yo soy incapaz de escuchar siquiera un audio con tu voz. Así que borro la conversación, y dejo la carpeta con nuestros recuerdos en la esquina mas recóndita, con la esperanza de que, algún día, ya no duelas más.

jueves, 10 de octubre de 2019

Diecisiete

Diecisiete poemas te recité, a sabiendas de que no los oirías. Repetí cada uno con la esperanza de que me prestaras atención, errando una vez más, sumando otro error a la lista. Diecisiete rechazos me llevé, uno por cada mes que pasé a tu lado, por cada mes que viví enamorada como loca empedernida. Diecisiete son las veces que te lloré en silencio cuando no me eligiste a mí, y la eligiste a ella. Y diecisiete son los meses que llevas a su lado. También son diecisiete los meses en los que a ella no le has importado un bledo, pero tú estás ciego, como yo. Por eso seguirás a su lado, y por eso yo te seguiré escribiendo poemas; diecisiete, para ser más exactos.

martes, 24 de septiembre de 2019

Diosa con cuerpo de estrella

Tienes esa capacidad tan única de mirarme y helarme y, joder, qué paradoja que seas la única capaz de derretirme también. Y esos andares, esos andares que pueden llevarme a la mejor pasarela de París vestida con un pijama de esos que ya no se llevan, pero que tú haces que parezcan el último grito de moda. Me encanta cuando cantas una canción a medias y rompes todo mi puto mundo en un segundo, con ese tono que hace que se me erice toda la piel. Y es que a ti no hace falta escucharte ni un minuto, ni uno, para saber que tienes ese algo que mucha gente se pasa toda la puta vida buscando y, aquí estás tú, que ni siquiera fuiste a buscarlo. Me matas cuando me hablas y susurras dulces palabras, que si tu canto es una gloria cuando hablas parece que acaba de aparecer frente a mí un ángel. Pero no, no te equivoques, que ángeles hay muchos, pero como tú no hay más que una. Una jodida diosa con cuerpo de estrella que fue a parar a mi puto corazón a tal velocidad que todavía hoy no me recompongo. Si te digo la verdad, creo que nunca lo haré. ¡Pero es que mírate! Que ya entiendo por qué los marineros se volvían locos ante el canto de la sirenas, si tú con batir tus pestañas ya me tienes contra la pared. Y tú eso no lo sabes, no lo sabes porque dejas la canción a medias por miedo, y por inseguridad. Que no vuelas de vuelta a tu cielo porque no te crees que tienes alas, y no luces modelazo por miedo a mostrar si quiera tu piel. Pero cariño, si te vieras como yo te miro, no te volverías a esconder.

13 de septiembre

Aún recuerdo aquel 13 de septiembre, las hojas estaban empezando a caer, dando así el pistoletazo de salida para el otoño, y el fin del verano. Aunque para nosotros dos nunca se acabó, nunca quisimos darnos cuenta de que estaban cayendo las primeras gotas y de que aquella brisa traía las primeras briznas de frío. Era un adiós. Aunque nosotros no queríamos aceptarlo, claro que no, ¿cómo podríamos? Después de lo que habíamos pasado. Te marchabas en dos días y, lo quisiéramos o no, no nos volveríamos a ver. Al menos, no en un largo tiempo. Demasiado tiempo. ¿Sería, sin embargo, lo suficiente para olvidarnos? Y la pregunta, curiosamente, tiene dos respuestas. Supongo que no, porque yo volví a aquel lugar otro 13 de septiembre y, supongo que sí, porque tú no estabas allí.

miércoles, 18 de septiembre de 2019

Rabia

Me gusta cuando escribes con rabia, ese momento en el que estás tan concentrada en decir lo que sientes que se te olvida el vocabulario que estás usando; o quizá es que te da igual, por una puta vez te da igual el usar palabras bonitas que encandilen a todos y, por el contrario, usas todas esas que te guardas para ti pero que no usas por respeto. Y a quién cojones le importa el respeto, que venga él y controle esta explosión, si tanto le importa un par de palabras mal sonadas. A mí me gusta cuando hablas sin tapujos, claro, cuando odias y no te callas; cuando explotas en palabras que se clavan como dagas en todos esos hijos de puta que te han jodido la vida. Y que ahora vengan y me digan que sus madres no tienen la culpa; pues que sepáis que esas personas me pueden comer la polla, y sí, ya sé que no tengo; pero que se coman la metafórica. A la mierda las palabras bonitas para expresar toda esta basura que llevamos dentro. Y a la mierda todos los que se ofenden por ello. Yo no me callo, este es mi texto y, si te quieres quejar; hazlo en el tuyo. Eso sí, no me lo mandes, porque al igual que tú; me importa una mierda.

martes, 17 de septiembre de 2019

Sé mi príncipe o sé mi perdición

Dicen los sabios que no puedes salvar a quien no quiere ser salvado, y yo no quiero tu ayuda ni la de nadie. Así que déjalo, porque ni vas a ser más santo por intentarlo, ni más demonio por no hacerlo. Yo no necesito tu ayuda, lo que yo necesito es caer y llorar hasta que me sangre el alma, supurar mis heridas y echarle sal, llorar hasta que queme y yo ya no pueda más. Entonces sí, ven a por mí, en un corcel, o en una moto. Con tus aires de galán que nunca ha roto un plato o con brazos tatuados y ese piercing en la ceja que siempre te ha dado aires de macarra. Sé mi príncipe o sé mi perdición, elige por qué camino llevarme porque yo me dejaré guiar; y si no me quieres salvar húndeme en tu perdición, que la mía ya me la conozco. Pero si quieres ser mi salvación, entonces empieza por hundirte conmigo porque yo no quiero a nadie que me haga olvidarme de mí.

Efímera

¿Alguna vez te has parado a pensar en lo efímera que es la vida? A veces me paro a pensar en aquella vez que mi cabeza quedó sumergida bajo el agua en una piscina que parecía no tener escapatoria, en cómo la vida se me escapaba a cado segundo que seguía sumergida, sin ayuda, empujando a quien me mantenía hundida; y en el puto trauma que aquello me creó, los días, meses y años que no tuve ovarios de meter la cabeza bajo agua y en cómo todavía hoy me da pánico cuando alguien intenta hundirme en el agua, o en cómo no tengo narices de adentrarme en el mar porque siento una presión en el pecho a cada brazada que doy ante la posibilidad de volver a ahogarme y que, de nuevo, nadie venga a rescatarme, que tenga que salir sola y autosalvarme. Se me viene a la cabeza aquel puto accidente de tráfico que estuvo a punto de llevarme por delante, aquella máquina que me machacó las piernas hasta que me caló al hueso y los tres meses que pasé sin poder caminar. Y aquella puta vez que tan obsesionados con otras cosas se olvidaron de aspirar aquellos líquidos que mi pobre cuerpo no podía tolerar. Una vez más me volví a salvar yo. Pero no paro de darle vueltas a qué hubiese pasado, si aquel fuego se hubiese acercado más, si el accidente se hubiese producido un minuto después, si me hubiese desmayado antes de empujar una vez más para salir del agua. Y en que, quizá, hoy no me vería con la fuerza de voluntad suficiente para salvarme.

Una noche oscura llena de luz

Cien luces iluminan la noche, colmada de estrellas. Tirada en la montaña, en mitad de la nada, contemplo todo. O el todo. Las luces se apagan conforme la gente se va a la cama, hasta que tan solo quedamos yo y todos los locos que sufrimos de insomnio. Tres luces más se apagan y, de repente, ya no hay nadie. Ya no hay quien me acompañe en la lejanía, así que yo también cierro los ojos, a pesar de que las estrellas brillan más que nunca. Y, sin embargo, por mucho que brillen cuando cierro los ojos todas se apagan. Como yo. Dime algo, ¿realmente importa cuánto brilles si no hay nadie que te esté mirando? Así que yo también me apago en una noche oscura llena de luz, que ni veo ni me ven. Me introduzco de lleno en el abismo más absoluto, un pozo sin fondo, a oscuras, esperando a morir de luz en medio de la oscuridad.

viernes, 13 de septiembre de 2019

¿Es que no lo entiendes?

¿Es que no lo entiendes? Que me dueles, pero más me duele la idea de perderte. Que lloro cuando me haces daño, pero nada se compara a lo que lloro cuando pienso que me vas a dejar. Que no quiero que te vayas, quiero que me quieras, que te quedes; quiero que me demuestres que estaba equivocada, que puedes cambiar. Quiero que me elijas cada día y que luches por los dos en lugar de huir cada vez que las cosas pintan mal. Quiero que borres cada inseguridad de mi cabeza y que me hagas escogerte, que me olvide de las veces que te he perdonado y que no me hagas tener que volver a perdonarte. ¿Es que no lo entiendes? ¿De verdad? Que yo solo quiero quererte y que me quieras, que luches por mí y no te rindas, que no dudes y, de nuevo, que me quieras.

jueves, 12 de septiembre de 2019

Lo que él se llevó

Me miré y me odié, odié aquel reflejo que el espejo me enviaba y cada foto que la cámara tomaba, entonces me pregunté si realmente luzco así; y me di cuenta de que sí. Y quién narices iba a quererme, si ni yo misma era capaz de observar mi propio rostro, ni de mirar aquel cuerpo; mucho menos sostener la mirada a aquellos ojos tristes. Y entonces llegó él, que me dijo que era bonita, y yo, con miedo a que se fuese, me lo creía. Pero para creérmelo tenía que mantenerlo a mi lado, y me asustaba tanto dejarlo ir porque ¿qué pasaba si ya nadie nunca más me quería? Y no importaba, no importaba que yo no lo quisiese, solo tenía que complacerlo y ya nunca más estaría sola. Lo que no sabía es que sola es como me sentí con él, al perderme a mí, y al dejarlo me recuperé; pero una parte de mí siempre la tendrá. Aquella en la que sentí que yo no valía, que me tenía que conformar, que las chicas como yo no tenemos elección. Hoy vuelvo atrás y siento aquel dolor, y me pregunto otra vez si aquella chica sigo siendo yo, si tal vez él aquella parte no se la llevó y, a mi pesar, sigue estando conmigo.

Te di todo de mí

Te di todo de mí, cuando estabas triste, feliz, enfadado, nostálgico. Te apoyé en mis días buenos y malos, porque no se trataba de mí, sino que de ti. Te di el cien por cien de mí, me impliqué al máximo y estuve ahí para ti todo cuanto necesitaste. ¿Dónde estás ahora tú, que te necesito yo a ti? ¿Por qué vuelves todo hacia ti? ¿Por qué tienes que ser siempre el centro, la víctima, por qué te tengo que hacer sentir bien? Por qué hacerlo cuando me destrozas con tu actitud, cuando me haces sentir que mis problemas no son tan importantes, ni yo merezco tanta atención. Por qué hacerlo cuando tú me das, con suerte, el cincuenta por ciento de ti, cuando piensas más en ti que en mí; mientras que en mi cabeza tan solo resuena tu nombre cuando quien necesita ayuda eres tú. Y supongo que lo hago porque, al igual que con el resto, das lo mismo que ellos, y ya me acostumbré a que nadie dé por mí tanto como yo.

martes, 10 de septiembre de 2019

Días contados

Me pregunté una vez más por qué lo hacía, por qué seguía, después de todo, ¿qué sentido tenía vivir una relación con los días contados? Y, sin embargo, lo tenía. Porque prefería vivir tres días a su lado que una eternidad sin él. Prefería luchar por un imposible en contra de todo pronóstico y, por primera vez, usé los «y si» a mi favor porque ¿y si salía bien? ¿Y si al final los tres días se convertían en tres meses, en tres años, en tres décadas, en tres milenios? Y los peros, esos tan temidos, me cogieron de la mano y me acompañaron porque, ¿pero qué más da? Lo que digan, que pueda no funcionar, que sea difícil. Pero qué más da por intentarlo. Así que me agarré con fuerzas a todo lo negativo y lo volví positivo, porque de verdad creía en nosotros a pesar de todo lo que teníamos en contra. Todavía lo hago, ¿sabes? Cada día, y si nuestra relación tiene los días contados me encargaré de añadirle uno más cada día, hasta que se agoten los días, o se me agote la vida.

lunes, 9 de septiembre de 2019

Ángel y demonio

Me duermo con la certeza de que al despertar lo primero que leeré serán tus palabras; unos buenos días cargados de amor, de felicidad, de un sigo aquí; no me iré. Me duermo leyendo por última vez tus palabras, de aliento, de buenos deseos, de amor. Y sueño con ello, con todas esas cosas bonitas que me dices, con esa hermosa sonrisa que me persigue de noche y de día. Sueño con el mar azul de tu mirada, el fuego de tu cabello y el cielo estrellado de tu cara; con la luz de tu piel y todos los recovecos de tu cuerpo. Con tu mirada, tan celestial y que otras tantas veces me lleva al infierno, perdida en la lujuria de aquel que comete un pecado, y yo soy pecadora, por caer cada noche en tu red. Pecadora por seguirte el juego, y por querer seguir en él. Pecadora por amarte sin límites y fundirme en tu piel, por desearte cuando no debería; porque el amor entre un ángel y un demonio está prohibido, pero a ti te gusta el brillo de mis alas, y a mí el fuego de tu piel.

viernes, 23 de agosto de 2019

Llegar a casa

Estoy cansada de tener miedo, de cambiarme de acera y de no poder volver sola a casa. De correr hacia la puerta con el corazón en un puño y suspirar cada vez que llego sana y salva. Estoy cansada de agachar la cabeza y fingir que hablo por el móvil cada vez que me muero de miedo, de enviar una descripción del tipo que no para de mirarme lascivamente porque y si... Y si me hace algo, y si no llego a casa hoy, y si los piropos vulgares se vuelven en caricias atrevidas o golpes feroces. Y si nadie me escucha al gritar, y si nadie es lo suficientemente valiente como para hacer algo al ver esto. Y si dicen que fue culpa mía, por no defenderme contra alguien más fuerte que yo, por no gritar más alto, por haber llevado aquel día un vestido y no unos pantalones, por no haberme puesto chaqueta. Y si el canalla se va, sin ser culpable, y yo me quedo cargando por el resto de mi vida con su viva imagen; porque a veces no sé qué es peor, si vivir con ello o nunca llegar a casa. Pero me gustaría simplemente poder llegar, sin suspiros, sin carreras, sin agachar la cabeza tratando de no llamar la atención, sin tener que cubrirme por miedo, ni cambiar de acera a cada segundo, ni acelerar el paso cada vez que escucho que alguien se acerca. Quiero llegar sana, pero también libre.

martes, 20 de agosto de 2019

Te vas

Se me rompe el alma,
se me rompe un poco más;
cada vez que te escucho suspirar.

Se me rompe el corazón,
de verte a ti llorar;
no llores, mi amor,
no, por favor.

Se me corta la respiración,
cuando te escucho marchar.
Por favor no me dejes,
por favor, quédate.

Pero tú te vas,
te vas
y
te
vas.

En mi cabeza en bucle,
se repite el momento;
ese en el que me dijiste adiós.
Y todo se acabó.

Te suplico con los ojos que vuelvas;
pero ya estás demasiado lejos
y mi corazón demasiado roto.
Adiós, mi amor, adiós.
Estaré aquí si algún día decides regresar,
o no.

lunes, 19 de agosto de 2019

Amor a medias

Traición. Esa es la única palabra que se me ocurre para describirlo. Para describir lo que me has hecho; lo que me estás haciendo. No es justo, no es justo que te haya advertido desde el principio de que soy difícil de lidiar, de que soy fría, de que no soy como las demás; y que me digas que vale, que lo sabes, que me quieres igual. Pero luego no lo hagas de verdad y, a la más mínima brizna de frialdad, te alejes de mí. Como si todo fuese mi culpa, como si yo no hubiese sido arrastrada a esto a pesar de mis advertencias. ¿Y sabes qué? Que mejor no me quieras, si me vas a querer a medias, no me quieras; yo me merezco a alguien que me quiera por cómo soy, y no a alguien que decida alejarme por ello; y si tengo que morir sola, sin que nadie me quiera, bienvenido sea, al menos sabré que no soy querida a medias, con mentiras y falsas promesas. Prefiero el vacío y el silencio, donde nada ni nadie me dañaba, prefiero el pasado, donde nadie tenía paso a mi corazón, que estaba bien protegido; de ti, y de todos. Aun así dejé que lo cogieras, pensando que cuidarías de él y de mí, que nos querrías a pesar de todo, de cómo soy, de cómo era. Supongo que no, que era un amor a medias.

sábado, 17 de agosto de 2019

Chico perfecto

No fue hasta que te conocí que me di cuenta de que por personas como tú las historias de amor con el chico perfecto existen; y es que cada autor ha tenido la suerte de encontrarse con alguien como tú y retratarlo en bellas palabras de amor. Hoy escribo sobre ti porque, al igual que todos ellos, tú mereces ser inmortalizado en palabras también.

Háblame de ti

Cuéntame, cuéntame sobre ti. Pero no, no me digas lo que le dices a todo el mundo, no me hables en general. A mí me gustan los detalles, esos que siempre pasan desapercibidos pero que para mí marcan la diferencia. Cuéntame sobre el último libro que has leído, pero no, no me digas la historia; dime cómo te hizo sentir a ti. Háblame de cómo se te rompió el corazón al escuchar aquella canción y cómo el aroma a jazmín te devuelve una y otra vez al momento en el que todo cambió. Cuéntame cómo te sentiste cuando te traicionaron, cómo lo superaste, y qué pensaste al dar aquel primer beso; y el segundo, y el décimo. Háblame de aquel nuevo café que han abierto y al que te gusta ir de vez en cuando, el porqué te gusta tanto ese color y por qué la luz te parece más bonita al atardecer. Cuéntame qué había en aquella sala cuando te arrebataron el corazón con una devastadora noticia y, por favor, llora, si tienes que llorar, llora; y si te quieres reír hazlo también, pero cuéntame tu historia, la de verdad. La que cuenta, la que te describe, la verdadera, la que te hace ser tú.

jueves, 15 de agosto de 2019

Ojalá seas para mí

Hoy me pregunto al igual que unos meses atrás si eres para mí, si los meses se convertirán en años y las discusiones de primerizos quedarán olvidadas tras años de experiencia. Me pregunto si me despertaré cada día a tu lado, abrazados, y si en las noches cuando me quiebre tras un mal día me secarás las lágrimas. Me pregunto si me darás la mano al caminar, provocándome esa extraña sensación de seguridad. Si mis ojos seguirán brillando al oír tu nombre, al verte, al pensarte, al sentirte. Y ojalá que la respuesta sea que sí, ojalá que tú seas para mí, que nos sigamos eligiendo cada día a pesar de todo, que no nos cansemos de entendernos, conocernos, de querernos.

martes, 13 de agosto de 2019

Hazlo

Si llevas tiempo pensando sobre si hacer algo pero no te terminas de atrever, este texto es para decirte que lo hagas. Vamos, hazlo. Deja de ponerte excusas, de aplazarlo, de escuchar a quienes te dicen que no. Deja de darle vueltas y más vueltas, de encontrarle pegas cada vez, de verle peros al asunto. No importa si la idea se te vino a la cabeza hace tres segundos o tres años, tienes que hacerlo, tienes que atreverte. Tienes que dejar de esconderte entre la indecisión y la incertidumbre, el miedo y la inseguridad. Si por alguna casualidad has llegado hasta este texto tómatelo como una señal de la vida, un empujón que te está dando. Si al leer esto se te ha venido a la cabeza algo que quieres hacer; simplemente hazlo.

Pesadillas

Últimamente me persiguen las pesadillas; de noche y de día. Cierro los ojos y las veo; los abro y me ven ellas a mí. Hacen que me despierte una, dos, tres y hasta cien veces por las noches, haciendo que mi descanso sea nulo. La debilidad me está matando, apenas soy capaz de hacer nada, simplemente no tengo fuerzas para ello. Y sigo echándole la culpa a todo y a todos, siempre a causas ajenas que no tienen nada que ver conmigo, siempre asumiendo que soy la víctima, quien paga el plato, y no la culpable. Taz vez lo soy, tal vez me merezco todas y cada una de las noches de insomnio, tal vez me merezco las pesadillas; al fin de cuentas las producen mi mente, puede que me atormente a mí misma con errores presentes y pasados. Quizá esté cansada de mí misma, de en quien me he convertido. Quizá ya no me soporte más.

domingo, 11 de agosto de 2019

Me pregunto qué se siente al estar bien

Me pregunto qué se siente al estar bien, al no tener la sensación de que me están desgarrando el corazón, que me estoy desangrando y que con cada paso que doy tan solo estoy más cerca del final. Y que lo peor de todo sea que yo tan solo quiero llegar, quiero que acabe. No quiero sentir más este dolor, no quiero cargar con este constante malestar que ya ni me deja respirar en paz. Quiero cerrar los ojos y sentirme bien, con ganas de seguir, con fuerzas para salir adelante y no para simplemente estar, que ni vivo ni muero, soy un zombi con careta que se cuela entre las vidas de los demás sin que sean capaces de identificarme; aunque muchos son los que dirían que no tengo sangre en las venas. Puede que sea verdad. Hace mucho que ni los latidos del corazón siento y, cuando miro a los demás, me vuelvo a preguntar cómo será, cómo será sentirse vivo, feliz, bien.

Lo que duele perderte

Solo ahora que estoy sola me doy cuenta de lo que duele perderte, estar lejos de ti, no tenerte y, lo que es peor, saber que ya no hay vuelta atrás. Que ya no habrá un futuro para nosotros dos; no juntos. Y cuento las estrellas como si hacer tiempo fuese a traerte de vuelta, tiro piedras al mar esperando que se queden por siempre aflote pero, al igual que nuestra relación, al cabo de unos pequeños saltos se acaban hundiendo; segundos que para nosotros dos fueron una pequeña eternidad. Miro fotos con la certeza de que ya no tendré el valor de borrarlas; ni tampoco de verlas con aquellos ojos de felicidad. Ahora solo me quedan el dolor, la tristeza, el desconcierto y los recuerdos. Y la irremediable sensación de que pude haber evitado todo esto; pero no lo hice. No sé si fue por orgullo o por cobardía, pero hoy deseo haberte gritado más fuerte que te quería, igual así, con suerte, mientras te marchabas me hubieses escuchado. 

lunes, 5 de agosto de 2019

Noche

Noche ausente;
que ni en pasado ni en presente.
Noche demente;
que me consume lentamente.
Noche clemente;
que a veces escucha atentamente.
Noche sonriente;
que me ilumina vehementemente.
Noche carente;
que hace que solo estés en mente.
Noche adyacente;
que suma pero solo cuando miente.
Noche creciente;
que termina cuando eres más que ente.

Deja de juzgar

Me hablas de amor cuando el primero que no tiene ni idea eres tú. ¿Quién crees que eres para juzgar mi forma de amar? Que no por publicarlo amo más, que no por llorar siento más intensidad, ni por ir con cara de niña enamorada voy a estarlo. Deja de pensar que el amor es lo que te muestran en las películas, que no tienes que sentir mariposas, que puedes tener dudas y te puedes priorizar y no por ninguna de esas cosas significa que no ames de verdad. Que para amar solo se necesita sentir amor, y amor es una palabra muy grande que no todos interpretan igual, que amar se ama de muchas formas y no por no hacerlo de tu manera significa que no ame. Deja de juzgar, deja juzgar la forma en la que yo quiero porque yo quiero con intensidad, pero no significa que la tenga que gritar a los cuatro vientos, que yo amo, pero lo amo a él, así que no me digas que yo no quiero, porque no es a ti a quien se lo tengo que mostrar.

Pozo sin fondo

Me vuelvo a encerrar en la oscuridad, con lágrimas que nunca se derraman y el sonido de tus palabras martilleando mi cabeza cada vez que se repiten. Tengo que huir porque, de no hacerlo, no creo que vaya a lograr aguantar. Ni palabras de consuelo me ayudan cuando me hundo en este pozo sin fondo, ni que me des la mano lo hará. Estoy tan honda que aquí ni siquiera llega la luz, me hundo tanto que dudo que algún día pueda llegar a salir. Tú dices que me atrapas, que te lanzarás a por mí; pero las palabras no son más que palabras, y yo siempre he sido de hechos. Si quieres lanzarte no me lo digas, hazlo. Supongo que tan solo eres otro cobarde que poco a poco me empuja más hacia la oscuridad del pozo y gracias a ello ahora noto el chapoteo del agua cuando me sumerjo. No puedo salir. No quiero salir. Por favor, ven a por mí.

Meteorito

Estoy tan cansada, de hablar y no ser escuchada, de palabras vacías y promesas incumplidas. Porque hoy la palabra ya no vale nada y, para mí, sigue siendo todo. Estoy tan cansada de gritar para ser escuchada que al final me quedo sin voz, así que me callo. Me callo, me callo y exploto. Y el mundo ni siquiera es capaz de oír la explosión. Tan solo soy una estrella más que se estampa y que deja de aportar su luz; un meteorito al que algunos han visto fugazmente y le han pedido un deseo, que a veces cumple y otras no, un meteorito que para cuando llega a su destino su impacto es tan minúsculo que no llama la atención. Así que se queda en mitad de la nada mientras todos pasan por encima hasta que queda tan cubierto que desaparece. Cubierto por los logros de otros que sienten la satisfacción de lanzárselos a la cara, personas que deciden que para brillar tienen que tapar la luz de otros, personas que se creen mejores, más guapas, con más talento. Personas que piensan que no eres nadie, que te usan de segundo, tercer o cuarto plato; y, a veces, como sobras. Personas que te pisan, que te apagan, hasta que aquella estrella con tanta vida acaba enterrada, siendo tan solo una piedra; sin ningún tipo de luz o ilusión.

martes, 30 de julio de 2019

Al amor de mi vida

Al amor de mi vida:

Espero que algún día leas esto y que yo te diga que sabía que tenía razón cuando dije que eras .

jueves, 25 de julio de 2019

Vacía

Vacía, a veces simplemente me siento vacía; como si pequeñas piezas me faltasen o, de hecho, todas ellas. Un caparazón hueco, sin interior, despedazado. No sé si el interior desapareció solo, me lo robaron o simplemente he ido sacándolo yo poco a poco hasta que no quedó nada. Y me pregunto por qué, por qué haría alguien algo así, por qué me destrozarían hasta dejarme prácticamente sin nada, por qué lo harían y luego se irían. Y el motivo por el que me sigo repitiendo esas preguntas es porque estoy demasiado asustada como para hacer las que de verdad me preocupan; y si he sido yo, ¿por qué lo haría? ¿Por qué me atacaría a mí misma de esa forma? ¿Tanto me odio que quiero acabar con mi vida? Y, a veces, siento que la respuesta es que no, pero otras... Otras prefiero no responder.

miércoles, 24 de julio de 2019

Tu bello desastre

Me miré y me dije que así no. Que tenía ojeras, mi pelo era un desastre, estaba demasiado pálida, demasiado delgada, demasiado desaliñada; vistiendo lo primero que encontré en la maleta y en lo que respectaba a mí, lo más feo que había llevado hasta entonces. Y, sin embargo, cuando tú me viste te quedaste boquiabierto y me dijiste que estaba preciosa; más de lo normal. Que te encantaba mi ropa, mi pelo, mi cara, mi cuerpo; que te encantaba yo y que me pusiera lo que me pusiera estaba preciosa. Me cogiste de la mano y paseaste por las calles a mi lado y, de vez en cuando, me mirabas con aquella cara en la que decías que me querías y, otras tantas, me lo decías con palabras. Y nunca antes en toda mi vida me había sentido tan deseada, tan bella, tan querida.

Rosas blancas y rojas

Camino por un sendero repleto de rosas caídas y me clavo sus espinas. Al principio eran solo gotas que manchaban las rosas blancas, pero ahora están completamente rojas. Los pétalos se van adhiriendo a la planta de los pies, clavadas por las espinas que a cada paso se van introduciendo más en la piel; hasta que el dolor es tal que ya no las siento. No siento nada, solo camino por el sendero interminable de las rosas blancas y rojas, y camino hasta que me falta el aliento y el corazón me va a estallar. Camino hasta desfallecer, pero sin hacerlo. Porque continúo andando, no importa el dolor, ni el cansancio, mis pies se siguen moviendo y sé con certeza que algún día llegaré al final. Que aquella tortura terminará y yo tan solo me habré hecho más fuerte.

sábado, 20 de julio de 2019

He vuelto a soñar contigo

Qué extraño, he vuelto a soñar contigo. Estaba despierta, pero con los ojos cerrados. Volvíamos a estar juntos, como hace tan solo unos días, y tú me decías que me querías. Trato de retener el momento con tanta fuerza que mis nudillos se vuelven blancos; y qué ironía, porque negro es el color en el que imagino mi futuro si tú no estás en él. Sueño con recuerdos que ahora me parecen muy lejanos, y añado un final distinto cada vez que pienso en ellos simplemente porque no me gusta el final que nosotros tuvimos. No me gusta que te marches, ni que me marche yo y, sin embargo, lo hacemos los dos. Vuelves a montarte en aquel autobús y yo vuelvo a irme a casa desconsolada, con el corazón en un puño diminuto que va decreciendo a cada kilómetro que te alejas de mí. Y ahora estamos a un país de distancia, justo como al principio. Volvemos a estar tan lejos que los recuerdos ahora me parecen sueños, demasiado inverosímiles como para ser ciertos. Así que mantengo los ojos cerrados, soñando, porque solo en la oscuridad de la noche soy capaz de dibujar tu cara; lo hago cada noche con la esperanza de que algún día sea real, que tú estés aquí, junto a mí. Así que perdóname si no contesto, pero a veces simplemente me gusta pensar en ti.

jueves, 18 de julio de 2019

Lo siento

Vuelvo a caer bajo. A las profundidades del universo, donde nadie puede encontrarme; y esta vez ni siquiera tú puedes ayudarme. No sé qué pasa pero es que yo ya no soy yo. Y estoy asustada; aterrada, y es devastador. Vuelvo a no querer levantarme, a sentirme débil, sola. En parte es por ti, por lo que me has hecho sentir, por sacar a relucir mi inseguridad. A veces, contigo, soy lo peor de mí y eso me asusta enormemente. Ya no sé si es por ti o por mí, pero en ocasiones simplemente no quiero seguir. Es demasiado para mí. Me duele, ¿sabes? Esto me duele, lo que me haces sentir me destroza. Y a veces es precioso pero otras tantas me haces sentir peor de lo que me he sentido nunca. Ya no puedo ni mirarme. Ya no puedo ni confiar en mí. Así es como me haces sentir. Y lo siento, lo siento por no decirte nada pero es que no tengo el valor, porque una cosa es hacerme daño a mí y otra muy distinta lastimar a los dos.

Quiero

He vuelto a hacerte daño y te juro que fue sin querer. No es mi intención ser una persona tóxica pero imagino que a veces simplemente lo soy. Estoy tratando de cambiar, de ser el ángel que crees que soy; quiero ser buena. Quiero que me mires y que pienses que esto merece la pena; que yo valgo la pena. Quiero que me mires y que pienses «joder, cómo la quiero» y que no hayan peros. Que tan solo haya amor. Quiero que cuando pienses en mí sonrías. Quiero que cuando se te venga mi nombre a la cabeza pienses en un futuro conmigo. Y lo siento, lo siento por dañarte, por no ser lo que esperas o mereces; pero es que simplemente soy yo, y sé que yo no es suficiente, ni demasiado, pero es todo lo que te puedo ofrecer. Y si te quieres ir lo entenderé pero, si te quedas, espero que sepas que aunque no sea lo mejor que puedas encontrar, soy quien más luchará por mejorar. Puede que no sea buena en muchas cosas, pero soy buena en querer, y a ti te quiero como a nadie.

miércoles, 17 de julio de 2019

Te pierdo

Te pierdo, cada vez que cierro los ojos te esfumas un poco más; tanto que ya tan solo eres el último rayo que lanza el sol al atardecer, a punto de desaparecer. Y, al contrario que el sol, ya no sé si tú volverás a aparecer. La noche es eterna y yo me dedico a contar estrellas con la esperanza de unirlas lo suficiente como para que me iluminen de la misma forma en la que me iluminabas tú. Pero no. Las estrellas comienzan a desaparecer, a causa de la contaminación, o de mis ojos, cada vez más cerrados. Supongo que no necesitan ver cuando todo lo que me rodea es oscuridad. Y un día se cierran por completo pero yo ya no lo noto, hacía mucho tiempo que ni el más mínimo destello era captado por mis ojos. Así que camino a oscuras, a tientas, con la esperanza de que vuelvas a aparecer; pero ni tú vuelves, ni yo vuelvo a ver.

domingo, 7 de julio de 2019

Bodas de plata

Después de ver todas estas fotos cualquiera diría que 25 años se pueden ver en apenas 10 minutos; dicen que cuando mueres ves toda tu vida pasar en unos segundos, y vuestra vida hasta ahora ha sido preciosa. No han sido 25 años fáciles, han habido obstáculos que superar y lecciones que aprender, pero todo eso lo habéis logrado juntos, formando el gran equipo que sois ahora. 25 años de felicidad, de aprendizaje; 25 años de amor. Gracias por compartir con nosotras todo lo que habéis aprendido pero, sobre todo, por hacernos llegar vuestro amor. Os queremos.

domingo, 30 de junio de 2019

Adiós

Recuerdo tu última mirada, cuando me decías adiós. Yo en aquel momento no lo sabía, pero era un adiós para mí también. Y no, no hablo de un adiós hacia ti, que también. Hablo de decir adiós a todos aquellos sentimientos que me estaban ahogando de tanta intensidad, de decir adiós a los recuerdos, las costumbres y manías. De decir adiós a tu compañía, tu calor y cercanía. Adiós a llorar entre tus brazos y reír de la mano; a hablarte cuando me pasa algo, ya sea importante o una tontería. Adiós, adiós al amor de mi vida, o a quien creía que lo era. Adiós a quien me hizo sentir completa, adiós a esa parte de mí que te llevaste conmigo. Adiós al aprecio que sentía por ti, la amistad que forjamos y los besos que me has robado; a los momentos apasionados y a cada palabra que te dediqué cuando te abrí mi alma. Adiós, adiós, adiós a todo tú y lo que acarreas contigo; a lo que me has quitado y lo que me has dado. Te lo has llevado contigo y, lo que no, ya te lo doy yo. Te digo adiós hoy porque mañana no tendré el valor; así que, por favor, no vuelvas ahora que me despido. No vuelvas porque lo único que sé decirte a ti es adiós.

Vuelvo a morir una vez más

Son las dos y sigo sin dormir, pensando en ti. Doy vueltas sin cesar y las sábanas caen a mis pies, dejando mi cuerpo semidesnudo al descubierto. El teléfono se mantiene callado en la mesilla de noche; como si ni siquiera estuviese ahí. El cabello se me enreda en los dedos de tanto tocarlo, exasperada. Desesperada. Por oír tu voz de nuevo, escuchar el sonido de un mensaje tuyo o simplemente ser capaz de imaginarte. Pero es que ha pasado tanto tiempo que mi mente ya no es capaz de recordarte exactamente, y me está matando; lo retazos de tus recuerdos me están matando. Demasiado recientes como para llevarlos clavados, pero lo suficientemente antiguos como para poder verlos nítidamente. Y me vuelvo a ahogar en lágrimas que acaban empapando mi alma; me vuelvo a dormir con el corazón encogido a la espera de oír una señal. Pero no llega, nunca llega. Así que me vuelvo a morir una vez más, como cada día que pasa; voy perdiendo partes de mí misma hasta que un día ya no quede nada más.

jueves, 27 de junio de 2019

No dejo de mirarte

A veces me consume el dolor, me hace pensar que no voy a poder salir de él y que simplemente acabará conmigo. Puede que algún día lo haga, pero hoy me tomas la mano, entrelazando tus dedos con los míos y cuando tengo miedo aprietas con fuerza; para hacerme ver que estás justo ahí y que no te irás a ningún lado. Besas mis nudillos aunque están demasiado huesudos y pálidos, tú ni si quiera te das cuenta, tus ojos están fijos en los míos. No se separan ni un segundo de ellos, demasiado asustado de que en cualquier momento desaparezca. No lo haré, no me iré, ¿cómo podría? Si por primera vez me siento en casa, y me ha llevado años darme cuenta de que casa no es un lugar, es con quién estás. Y hoy estoy contigo, al igual que lo estaba ayer, y mañana también lo estaré. Tú no me sueltas la mano y yo no te aparto la vista, y supongo que esa es nuestra forma de ayudarnos el uno al otro, de no dejarnos caer, de amarnos, de apoyarnos. Vigilo tus pasos como si fueses un niño a punto de caer, y tú vigilas mi andar como si fuese una anciana a punto de desfallecer; y supongo que por eso juntos estamos tan bien, porque sabemos lo que necesita el otro; y no es más que simplemente estar. Estoy cuando ríes, cuando lloras, cuando amas y abandonas. Estoy cuando sueñas y no son más que pesadillas, en tus fantasías y en tus cuentos. Y tú no me sueltas en todo el camino. Y yo no dejo de mirarte.

Estás ahí para mí

En la soledad de mi habitación, cuando más miedo tengo, cuando no puedo respirar. Cuando me siento sola y que ya no puedo más; estás ahí para mí. Cuando me despierto cada mañana y me preguntas cómo estoy y cuando me das las buenas noches deseándome dulces sueños. Cuando lloro de tristeza o de dolor, cuando grito de felicidad, en la enfermedad, en el enfado, en la rabia y en lo peor; estás ahí para mí. Me abrazas con palabras de consuelo y de amor, me animas y me arropas, me proteges y me haces sentir todo lo que valgo. Me susurras que me quieres cuando crees que estoy dormida, y lo gritas al mundo cuando estoy despierta. Compartes conmigo tus mejores y peores momentos y, a veces, lloramos juntos; en ocasiones de tristeza y otras de felicidad. Compartes conmigo tu vida, contándome tu pasado, viviendo el presente juntos e incluyéndome en el futuro. Y te escribo hoy no porque te quiera más que ayer, que también, te escribo porque me has vuelto a recordar lo que es el amor, y es que no es más que pura amistad que va más allá, y yo contigo quiero ir hasta ya no poder más. Quiero caer al suelo rendida y que te tumbes a mi lado, quiero que estés ahí para mí una vez más, y yo te demostraré cada día de mi vida que yo lo estoy para ti.

martes, 25 de junio de 2019

Silencio

Me rodea el silencio, y no lo digo solo porque esté sola en esta enorme hueca casa; provista de muebles pero no de personas. Se oye el silencio porque ni yo me muevo, convertida en una estatua más para decorar en las paredes grises. Y qué ironía, ¿no? Que se oye el silencio. Yo lo siento, ya no como algo que me acompaña, sino que como algo que es, y es que a este punto es algo dentro de mí; una pieza más de esta estatua de sal. Disecada. El silencio es mi único amigo porque es quien se quedó cuando el resto se fue; hasta cuando yo dejé de hacerle compañia. Hasta cuando dejé de disfrutar de él. Pero no se va, es quien siempre está, esperando a que todo se venga abajo. Y ahora, como ya he dicho, es. El silencio es mi vida; o debería decir mi muerte, pues es el único que ahora está conmigo tras esta pared.

lunes, 17 de junio de 2019

Gemidos

Caí ante tu mirada, atolondrada, mientras tus manos dibujaban círculos en mi espalda e iban bajando, a la par que cambiaban de rumbo hacia mi barriga, para luego dejarla atrás. Y ahora tus dedos dibujan pequeños círculos sobre la parte de mi cuerpo más mojada, haciéndome gemir. Mis manos acarician tu pecho y van descendiendo, a sabiendas de lo que se van a encontrar al llegar al final. Y no dudan ni un segundo en agarrar la parte de tu cuerpo más dura. Ahora eres tú el que gime, acompasado por mis suspiros mezclados con tu nombre cuando te acompañas de otro dedo, y te escucho decir el mío cuando mis dos manos juegan, traviesas, a acariciar mucho más que tu dureza.

Rencor

Y arruinaste todo una vez más. Pero no, no te creas, ya no me sorprende. Tú no me sorprendes. Puede que en el pasado me decepcionases con tus mentiras y tus falsas promesas, que rompieses mi corazón y me hicieses llorar hasta perder el sentido, pero hoy no. Y mañana tampoco. Ya no queda nada por romper, ni que llorar, porque me has dejado completamente desvalida de sentimientos. O casi todos. ¿Sabes lo que siento? Ira, cada vez que te veo, que te siento. Me arde la garganta de callar lo que te quiero decir, pero tengo que ser más lista que tú. Después de todo dicen que la venganza es un plato que se sirve frío, y yo pienso devolverte cada lágrima llorada, cada pedazo de corazón destrozado, y no pienso parar hasta que, como yo, lo único que sientas sea este rencor.

La persona indicada

La persona indicada se encuentra frente a mí. Lo sé porque cuando estoy contigo tan solo siento paz, nada de mariposas, ni de nervios. Contigo siento que puedo hablar de cualquier nimiedad y, de repente, abrirte mi alma. Contigo puedo ser yo de una forma en la que nunca antes lo he sido; me siento más plena, más alegre, más yo. Contigo vivo mi presente, planifico mi futuro, y recuerdo mi pasado. Y lo sé, sé que la persona indicada eres tú porque a ti esto no te lo tengo que explicar; ya lo sabes. Y no, no soy una chica que demuestre afecto, ni dedica palabras bonitas; pero a ti te escribo hasta cuando no estoy pensando en ti; en mis textos, en mi poesía. Te escribo en sentimientos porque palabras no me salen para describirte. Te escribo en sensaciones. En la calma, la felicidad. Y tú, sé que eres tú, porque cuando me dicen que escriba sobre el amor, solo pienso en ti.

Juguete

Posaste tu mano sobre mi desnuda espalda, aquella que tantas veces habías acariciado. Pero esta vez, no. Me dijiste que era la última vez, que habíamos llegado demasiado lejos. Que yo quería más y tú, no. Que tú no buscabas a alguien como yo. Así, remarcado, como si yo tan solo fuese alguien con quien estar en la cama, y no fuera de ella. Me dijiste que habías encontrado a otra mujer, alguien que hacía más que ponértela dura, alguien a quien amar. Ojalá en aquel momento se me hubiese ocurrido algo más inteligente que tan solo darte una bofetada, porque aquel dolor para ti fue efímero, pero el que me dejaste tú no se va. Y ojalá, ojalá te hubiese podrido con mi veneno al igual que hiciste tú. Ojalá te hagan sentir como que no vales nada y solo eres alguien más con quien jugar. Y espero que ella lo haga, que te rompa el corazón de la misma forma en la que tú rompiste el mío; que te haga sentir solo, quebrado y destrozado. Y ojalá que tú, después de eso, no levantes cabeza.

Charles

Sinceramente, Charles no sabría por qué había tomado esa calle, y menos por qué está allí a plena luz del día, sencillamente había decidido aquella mañana que estaba harto de estar oculto, que deseaba más; llegar a un nuevo nivel. Siente el metal contra su pierna, frío, letal, preparado. Camina deprisa y algunos transeúntes se apartan cuando ven aquella sonrisa cínica y aquellos ojos desorbitados. Otros, tontos e ilusos, quieren creer que las apariencias engañan, y que no todo aquel que luce mal tiene que hacer daño. Con él se equivocan y, es justamente eso, lo que los salva. A Charles le gusta perseguir a sus víctimas, le gusta sentir su miedo y el pavor que sienten al verlo. Pero, sobre todo, le gusta escuchar cómo gritan cuando sienten el metal clavándose en ellos. Una y otra vez, hasta que los gritos se apagan.

Almendro

El almendro proyectaba luces y sombras sobre lo que antes era suyo. Aquella vida que ya, simplemente, no estaba. Que no está. Y miró una vez más aquel paisaje que se sentía más que eso. Una vida. Y no, no cualquier vida; una vida perdida. Recuerda el día que se marchó de allí, en busca de aventuras, de algo mejor. No había sido más ilusa en toda su existencia, y es que de todos los errores que se pueden cometer, ella cometió todos. Menospreció lo más valioso y por tonta lo perdió. Y ahora camina cada día hasta allí, se sienta bajo el almendro, en unas estaciones en flor, en otras, no; y contempla la estampa de aquella familia en el porche que un día fue la suya y que ahora ya no.

Susurros

Dejé de jugar a la consola cuando sentí una respiración en la nuca que, de inmediato, se cubrió de sudor. Un sudor frío que me bajó hasta la espina dorsal. Me giré y ya no había nadie. Cada vez que intentaba volver a jugar lo sentía, cada vez más cerca, hasta que la respiración ya no estaba en la nuca; estaba en mi oreja, provocándome escalofríos. Me volví una vez más, y esa vez atisbé un rasgo de su piel. A la siguiente, un detalle de la ropa. Y luego del pelo. Así, hasta que logré verlo por completo. Y ojalá, ojalá que no lo hubiese hecho, porque ahora me pregunto cómo es posible estar en dos sitios a la vez. Y por qué me susurro a mí mismo que estoy muerto.

Me gusta

Me gustan largas, como la tuya. Me gusta sentirla contra mí cuando me besas; y cuando la beso. Me gusta que me acaricies, que me desees, que me lo demuestres con cada roce; desde la mejillas hasta la parte más íntima, esa que no enseño a nadie y que solo contigo se abre; cuando dejas pasar por ella más que tu lengua. Me gusta que me cojas en brazos y me hagas tuya. En la mesa, en la encimera, en la silla y en la cama. Me gusta hacerte mío y sentir que tengo el poder, cuando escalo tu cuerpo y te cubro de besos; besos húmedos que se alargan hasta que te escucho gemir mi nombre. Besos que solo paran cuando vuelvo a estar sobre ti, para volverte escuchar gemir. Y para gemir contigo. Me gusta sentir tu respiración entremezclada con la mía cuando me inunda tu calor y sellar el momento con un último beso.

miércoles, 12 de junio de 2019

No es suficiente

Me rompes el corazón en mil pedazos, aunque no dudo que ya estuviese roto de antes, cada vez que me tratas así, que discutimos o que simplemente me hieres. Me rompes el corazón un poco más cuando te disculpas y lo terminas de resquebrajar cuando me doy cuenta de que no lo sientes de verdad. Palabras, todo lo que tienes son palabras; palabras que no cumples, con las que lamentas pero luego no demuestras, palabras vacías y que, para mí, carecen de valor. Márchate, si no vas a hacer bien tan solo ve, lejos de mí, porque yo ya no estoy segura de que me sigan quedando más fuerzas; ni para confiar en ti, ni como para seguir fingiendo que me creo tus mentiras. Estoy cansada de engañarme a mí misma diciendo que mereces una oportunidad más, porque me quieres, y te quiero, sin darme cuenta de que el amor, simplemente, no es motivo suficiente.

domingo, 9 de junio de 2019

Espinas

Tus espinas se me clavan
cada vez que trato de atraparte.
En los dedos; en el alma.

Y aunque me digo que no duele,
lo cierto es que dueles.
En segunda persona. Porque dueles tú.

Y no, no me mires con esa sonrisa,
no lo hagas que tan solo te me clavas.
Hundes tu ponzoña más en mi piel.

Me quiebras, te juro que me quiebras;
por culpa de esos ojos que hablan.
Que me dicen no, yo no sé nada.

Pero es que tu mirada te delata,
todo tu cuerpo lo hace, de hecho;
tus expresiones son tan claras.

Y por más que intento engañarme,
ahora eres tú el que ya no me engaña.
Aprendí tras clavarme la quinta espina.

Y sí, te estoy soltando. Me cansé.
Ya no trataré de retenerte a mi lado;
te aseguro que ni una vez más.

Si te quieres ir, huye. Nadie te frena,
tus espinas me lastimaron por años;
pero te aseguro que ya estoy sanando.

lunes, 3 de junio de 2019

Ojos azules

Nunca me han gustado los ojos azules, siempre he visto algo inquietante en ellos; algo que, simplemente, no sé explicar. Es como si por algún extraño motivo no pudiese confiar en esas personas, me transmiten una seriedad y una frialdad que ni yo logro llegar a comprender. Hasta que vi los tuyos. Azul inconfundible, que ni con el cielo ni con el mar se pueden comparar, tan bonitos que te daría rabia. Me miras y en lugar de sentir frío, lo que siento es que me derrito. Y si me preguntases cómo describiría su color, te diría que es azul cálido, azul hogar. Hogar porque solo entre sus brazos siento que por fin estoy en casa. Y cuando de sus ojos brotan lágrimas te juro que parece que es el Mundo el que está llorando, como si sus ojos lo viesen todo. Y quizá no lo vean, pero yo lo veo a él. Puede que, después de todo, lo que se empañe no sea el Mundo, sino que mis ojos, que lloran cuando llora él.

Error

Pensé que nada iba a cambiar, que podía cometer un error y simplemente dejarlo atrás. Pero no puedo. Me despiertan pesadillas en las historias que me cuento cuando sueño sin estar dormida; y me despiertan cuando duermo de verdad. Cada error es como un monstruo que se hace cada vez más grande, añadiéndose más y más masa; tan enorme que ya no entra en ningún lugar. Y, aun así, me persigue adonde quiera que vaya. Cierro los ojos y está ahí, mirándome. Me observo en el espejo y me devuelve la mirada, con las pupilas muy dilatadas. Ya no puedo comer, ni beber, ni dormir, ni vivir. Y me pregunto una vez más si esto hubiese ocurrido de haberlo parado desde el principio; y seguramente sí, pero posiblemente no.

jueves, 30 de mayo de 2019

Caminar junto a ti

Cuando te conocí no pensé que fueses a ser tan importante para mí. De hecho, tan solo eras otra más en la multitud; alguien que estaba sin estar. Hasta que, de repente, ya no solo estabas; eras. Eres, en presente y, espero, que en futuro. Eres la persona con la que hablo cuando ni si quiera hablo, que contigo no necesito buenos días ni buenas noches, con mandarte un mensaje de cualquier cosa nos basta. Que cuando se me rompe el corazón en mil pedazos me ayudas a recogerlos y cuando solo quiero llorar me haces reír una vez más. Estás cuando ni si quiera sé que necesito que estés; y cuando nadie más lo está. Me acompañas en la angustia y en la felicidad y, cuando algo me ocurre, tu nombre es lo primero que salta en mi mente. Contigo no hablo todos los días, no porque no quiera, sino que porque no lo necesito; sé que en cualquier momento puedo contar contigo. Y cuando rompo en lágrimas tú las cambias por risas; cuando necesito consejo tú me aportas tus palabras y, cuando necesito compañía, tú me das la mano. Vivía con miedo a la soledad hasta que me di cuenta de que sola nunca iba a estar si podía caminar por la vida junto a ti.

miércoles, 29 de mayo de 2019

Corazón

Aquel día el corazón, os juro, que se salió de su lugar; golpeando mi pecho tan fuerte que pensé que se me iba a escapar. Se agitó como un preso inocente que arrestan contra su voluntad, gritando que por qué. Mi corazón le estaba gritando a Dios. Y gritó tan fuerte que se partió en dos; o quizá fue Dios, castigándolo por su insolencia. Todavía hoy me pregunto cómo puede seguir latiendo después de aquello, con esa sinfonía constante y traqueteante, luchando hasta cuando ya no le quedan motivos para seguir hacia delante. Y también le pregunté a Dios que por qué me hizo aquello a mí, como si aquella tragedia no hubiese sido suficiente sufrimiento ahora también tenía que lidiar con un corazón defectuoso. Se rio de mí. Y me dijo algo que todavía sigo repitiendo constantemente en mi mente. Mi dulce niña, me dijo, cuándo comprenderás que defectuoso consideras a todo aquello que se sale de lo normal cuando defectuoso no hay nada en este mundo, solo distintas formas de ver las cosas. Y que yo no doy algo por nada, todo tiene un por qué, aquella pérdida que te rompió el corazón en dos tan solo sirvió para fortalecerte; y mírate, que ahora, en lugar de un corazón, tienes dos.

martes, 28 de mayo de 2019

Cigarrillo

Suspiro y el aire gélido que se escapa de entre mis labios se entrelaza con el humo de tu cigarrillo hasta perderse. A veces desearía poder perderme yo también, así, tan rápido, tan sencillo. Tan indoloro. Tiras la colilla al suelo y la pisas, te frotas las manos y las metes en los bolsillos. Me miras. Me miras y sin decir palabra me preguntas que qué me pasa, que por qué esa cara, pero mi vista se dirige a la colilla. A lo que queda de ella. ¿Me ves a mí así también? Algo que usas y con lo que disfrutas pero que, al poco tiempo, tiras y pisas sin mirar atrás. No te molestas en recogerla y tirarla al lugar apropiado, la dejas ahí y esperas a que otra persona la acabe recogiendo o a que, al final, el viento se la acabe llevando. De hecho, ni si quiera te importa eso. No creo que pienses en ella en lo absoluto. ¿Y en mí? ¿Piensas en mí? ¿En cómo me siento cada vez que me dices que lo sientes, que no volverá a ocurrir, pero que acabas haciendo una vez más? Y te miro, esta vez sí que te miro, y te contesto pero, al igual que tú, no lo hago con palabras. Camino lejos de ti, suspirando de nuevo, pero esta vez soy capaz de ver el vaho sin mezclarse con tu humo gris.

miércoles, 22 de mayo de 2019

Vuelvo a por ti

Te abandono en mis mejores momentos, demasiado ocupada como para prestarte atención, y luego, cuando las cosas van mal, vuelvo a ti. Egoísta y aprovechada, demasiado centrada en mí como para ver más allá de lo que tengo frente a mí. A veces, ni si quiera veo más allá de un palmo. En ocasiones incluso no paso de mi propia nariz. Y vuelvo a por ti, cuando mi corazón está hecho trizas, mi mente empantanada y me tiembla el alma. Una y otra vez, lo hago sabiendo que siempre estarás aquí para mí, que no tienes otro remedio que aguantarme. Que mis palabras quedarán grabadas en ti sí o sí. Y me alegro una vez más de que no puedas decidir, porque me temo que, de poder hacerlo, hoy no estaría escribiendo aquí.

miércoles, 8 de mayo de 2019

Me perdono

Vuelvo a hacerlo mal, cometo los errores que me prometí no repetir más. Y, sin embargo, aquí estoy una vez más. Ahora me pregunto de qué vale prometer imposibles si al final tan solo serán palabras vacías que no llegarán a nada. Me perdono una vez más, por mis errores, por no aprender de las lecciones, me perdono porque esta vez no me hago falsas promesas. Volveré a fallarte, y a fallarme a mí misma. Lo sé porque yo soy así y, aunque no quiera serlo, no logro cambiar. Lo siento una vez más, por dañarte, por decepcionarte, por tenerme que aguantar. A veces tengo miedo de que te canses, de mí, de mi mal humor, mis dudas, mis inseguridades y defectos. Tengo miedo de perderte pero, de entre todos los motivos, el que más me dolería sería perderte por cómo soy. Tú dices que no tiene sentido preocuparse, ya que me quieres por mí, y ¿no es irónico? Que aquello que te atrajo en un primer momento sea lo que te acabará por alejar.

sábado, 4 de mayo de 2019

Ausencia

Han pasado algunos meses desde la última vez que supe de ti. De hecho, fui yo la que te mandó lejos, la que te pidió no volver a estar en su vida. Creo que ahora me arrepiento. Al principio no te echaba de menos, ni si quiera me acordaba de ti pero, conforme pasa el tiempo, más me doy cuenta del peso de tu ausencia. Tenía tan asumido que siempre ibas a estar ahí para mí que ni si quiera pensé en la posibilidad de que te mandaría tan lejos que ya nunca volverías. Y hoy me pregunto si ya es demasiado tarde para recuperarte, si hablarte es un error o el error es callarme.

sábado, 27 de abril de 2019

Abrázame

Abrázame, siento que soy polvo y que si sopla el viento, comenzaré a volar. Cada pedacito de mí tomará una dirección distinta, dividida en tantas partes que, al final, desapareceré. Abrázame hasta que cada trocito encaje en su lugar. Soy polvo que se desvanece con cada bocanada que das, tan frágil que si te descuidas terminaré por escurrirme entre tus manos. Abrázame, que la vida es larga y yo no quiero que se acabe ya. Hazlo para que pueda ser yo, toda la versión completa de mí, y no solo aquella cara que cada uno quiere ver. Abrázame para que me aprenda a querer, para no tener miedo a volar y que, la próxima vez, sea yo la que lance el polvo al mar para luego unirme en el cielo. Abrázame, fuerte, muy fuerte. Y no me dejes escapar, porque hoy te necesito más de lo que nunca jamás antes te pude necesitar.

jueves, 11 de abril de 2019

No te voy a olvidar

Me miras, con esos ojitos aún sin abrir y yo me pregunto si de verdad me miras a mí. Sin embargo, sé que sabes que estoy aquí. Apoyas la cabeza en mi pecho, justo en el lado del corazón y, como todo está en silencio, escucho cómo late acompasado por tus pequeños latidos, endebles. Suspiro, acariciando tu suave cabello y, una parte de mí, sabe que no te queda mucho. Que esto es un adiós. Hemos estado juntos poco y, a pesar de ello, yo siento que te he necesitado toda mi vida, que te estaba esperando. Siento que eres una parte de mí. Y ahora me dejas. Si antes estaba incompleta, te puedo asegurar que tu ausencia me dejará vacía. Caen lágrimas sobre mis mejillas cuando te tengo que dejar, sabiendo que ya no habrá una segunda vez, que ya no te voy a ver más. Es el adiós más duro que he dado y, tú, ni si quiera te inmutas. Te quedas solo, respirando a medias, quejándote cuando notas mi ausencia. Mañana ya no estarás y hoy tan solo quiero decirte que allá donde estés, no te voy a olvidar.

miércoles, 3 de abril de 2019

Yo

Me miras sin darte cuenta de lo que me provocas y, Dios, ¿cómo puedes mirarme así? Como si fuese única, especial. Lo más bonito de este sucio mundo. Lo único valioso que salvar. Y yo te miro tratando de preguntarte por qué. ¿Por qué yo, de entre todas las personas? Yo, que tengo dos pies izquierdos, malos días y tan solo alguno bueno. Yo, que tengo una maraña por pelo y ojeras más grandes que mis ojos. Yo, nacida sin belleza, ni talento, ni don. Que no valgo ni para ciencias ni para letras, que por no valer, no valgo ni por ser yo. Y, sin embargo, me dices que yo, siempre yo. Ante todos, sobre todos. Sin ninguna duda, yo. Porque no son los ojos, es la mirada, no es el talento, es el esfuerzo, no es lo que consigo, es la intención. Y que mil veces yo. Por no rendirme, por seguir aunque me digan que no. Por no hundirme y, sobre todo, por seguir siendo yo.

Corre

Me dicen que estoy loca. Loca, por quererte. Loca, por elegirte. Loca, por luchar por ti. Y es que este amor es como una guerra que no estoy segura de que vayamos a poder ganar. Lanzan bombas cada día contra mí que hacen que me tenga que cubrir, y eso me mantiene alejada de ti. Se acercan, con sus tanques cargados de metralla y sus armas a punto de disparar. Y yo huyo, te juro que sí, porque no quiero que me pillen. Y sé que tú huyes, porque a ti te atacan también. Guerra de gente maliciosa y celosa, de aquellos que no creen en el amor de verdad. Guerra contra personas que simplemente no te quieren dejar marchar, que no te dejan decidir, que no te dejan ser. Y yo sigo corriendo, sabiendo que puedo morir en el intento. Y tú corres. Y corremos, como el viento, sabiendo que el mundo es una esfera y que, en algún punto, nos encontraremos los dos.

lunes, 1 de abril de 2019

Romeo

Romeo lanza piedras a mi ventana sin darse cuenta de que no se puede abrir. Viene cada noche y se sienta bajo ella. Dos metros de distancia no es casi nada, ¿verdad? Y, sin embargo, es lo suficientemente lejos como para que no podamos tocarnos. Cuando se cansa de lanzar piedras toca la guitarra y, a veces, la acompaña con su voz. Canta bonitas nanas que me ayudan a dormir. Otras veces, sin embargo, me lee poemas y yo me pregunto en quién estarán inspirados. Son poemas de una dama perfecta encerrada en una bola de cristal, una dama que quiere rescatar. Romeo, me gustaría decirle, ni existen damas, ni personas perfectas, ni nadie que no pueda salir de un lugar por su propio pie. Y Romeo sigue viniendo, a pesar de que yo nunca salgo. Noche tras noche. Ahora me lee serenatas y me canta historias, me baila poesía y me escribe danzas. Le gusta romper las reglas y, si hay algo que es, es persistente. Romeo viene cada noche, sin excepción, hasta que un día le grito: ¿Por qué insistes tanto, Romeo? ¿No ves que Julieta no vive aquí? Y, entonces, él me dice: ¿Pero por qué iba a estar yo esperando a Julieta? He venido cada día a intentar que te fijes en mí, he llamado tu atención de todas las formas posibles, tratando de romper el muro que rodea a tu corazón, ¿y tú me hablas de Julieta? ¿Quién es acaso ella? Así que lo dejo entrar, porque no era la ventana la que no se podía abrir, era yo, cerrándola con una capa de escarcha, con demasiado miedo de dejarlo entrar y que pudiese romper mi corazón.

lunes, 25 de marzo de 2019

Yours

I don't think I have ever expressed to you how much you mean to me. And I write to you in English today but I hope one day you can understand me in my language. I don't mind, I don't mind having one hundred mistakes everytime I type if it is to talk to you. I would do it for you over and over again. You're more than worth it, you're really worth it. You give me more than I'll be able to give to you, you're the sun in the cloudy days, the warm in the cold, the light in the dark. You're the reason of my smiles, of my heart racing, you're the reason my life is way better now. You mean the world, the sun and the stars to me. You mean the whole universe, you're my life right now. And I love you, and the best part is that I know that I'll keep loving you for ages, everyday a little bit more. I'll die loving you, because you are already a part of my heart, and nothing ever is going to change that. I want to be with you no matter what, in the good and bad times, and I know, of course I know, that our relationship is difficult and we'll have some important decisions to make, but I don't want to be far away from you, because I feel like my heart would break if I do that. You keep me alive, you make me want to be better, better for you. Because you deserve more, and I want to be that more in your life. I want you to look at me and think that you made a good decision by being with me, because I know I don't have any regrets about that, and I'll never have, no matter what. You're special, every little part of you is, and there's so much still to learn about you, to discover, that I can't and I don't want to stop. I want to spend the rest of my life exploring you, knowing you, and maybe it's too soon to say this, or it never happens, but this is what I feel right now, and I think that if you feel something in a certain point of your life, it's true. Or it was true, in case of look at it from the future. So this is my true, love, this is my true right now and I wouldn't change that for anything in the world. I wouldn't change you. I'm sorry, because I'm not perfect and I hurt you in so many ways, with my insecurities and doubts, but I would say it a thousand times if it were needed, I can doubt about everything, but not about you, about what I feel about you. And I know that we're young and there's a lot of people out there, but I don't care about them. I care about you and what you make me feel. And you make me really happy, the happiest woman in the world, and I owe you everything for that. I wanted to do this here because I don't delete anything, no matter that I don't feel like that anymore, or that I don't like what I wrote, because here in all this blog what you're reading is my heart in different moments from my life, and this is it right now, this is it what my heart feels. My heart has a name, and it's yours.

domingo, 24 de marzo de 2019

Huye

Y hoy me dueles más que ayer, ¿no se supone que tendría que ser al revés? Que el tiempo lo cura todo, que lo aclara, que todo saldrá bien. Y, sin embargo, no es así. Porque hoy lloro de nuevo. Con el corazón en el puño y los ojos a punto de estallarme. He llorado tanto que no creo que pueda hacerlo más. Pero lo sigo haciendo. Lloro, y te juro que se me viene el mundo encima. Me dueles como nunca nada me ha dolido tanto en la vida. Me dueles al punto de que no sé si voy a poder aguantarlo. Y, a pesar de todo, la causante del dolor soy yo. Yo, villana de cuento con forma de princesa, destruyendo todo aquello que es bueno y puro y destrozándolo hasta que se vuelve alguien peor que yo. Y me lo merezco. Pero tú no. Así que huye, mi príncipe, huye si puedes, que esta princesa está podrida. Huye antes de que sea demasiado tarde y te pudras como yo.

sábado, 23 de marzo de 2019

Quemas

Ya no estás y tu ausencia se nota como  clavos ardientes hundiéndose en mi piel. Y quema, claro que quema. Queman las lágrimas que derraman mis ojos, rojos de las horas que llevo en vela. Queman mis pulmones, exhaustos de suspirar por alguien que ya no suspira por mí. Queman mis manos, marcadas las palmas por las uñas que no puedo evitar clavar en mi piel. Quema tu ausencia y, te juro que quema tanto, pero tanto, que me has abrasado el corazón. Quemas, claro que quemas, con tus palabras de fuego y tu lengua de llamas, hablando y hablando, diciendo aquello que sabes que me va a terminar por calcinar.

martes, 12 de marzo de 2019

Vuelve

Me dices que soy tu mejor melodía;
y yo te canto versos para cerciorarme.
En las noches de tormenta te canto,
y tú lloras porque no quieres dejarme.
Me callo y te abrazo con rebeldía.
Me amas en silencio, encarándome;
yo te amo a gritos, mientras me escondo.
¿Por qué no puedes marcharte?
Me duele el saber que te perdería,
pero no puedo hacer más que llorarte.
Por favor vuelve, vente conmigo.
Dijiste que no pensabas alejarme.
Ya no puedo oír más tu risa;
ni tampoco veo que vayas a quedarte.
¿Acaso ya no quieres volver a tu sitio?

Mi canción favorita

Ayer, cuando te di las buenas noches, me di cuenta de que estabas enamorado de mí. Lo supe porque me recordó a aquella tarde de septiembre en la que te conocí. Y me dirás que qué tiene eso que ver. Y te diré que todo. A veces las personas te afectan más en medida de aquella primera impresión que te dan. Yo impacté en tu vida. De lleno, sin frenos, y siendo lo bastante orgullosa como para no abrir el paracaídas. Pero volé, y volaste, porque no pudiste evitar acercarte. Me paré, sin darme cuenta en aquel instante de que ibas a ser tan importante. Y me hablaste. Tenías aquella mirada de cuando algo te impresiona, esa mirada que te embarga la primera vez que ves en persona una obra de arte. Era como escuchar tu canción favorita por primera vez. Y lo sé, yo sé todo esto porque me lo dijiste con la mirada. Ayer, a pesar de que ya estamos a marzo, me lo dijiste también. Tienes la canción en bucle y esperas escucharla en directo alguna vez. Quieres que te cante la melodía, que te diga que sí, que tú también eres la mía. Pero yo no lo sé. Nunca he sido de tener canciones favoritas. Me da miedo, ¿sabes? Y te digo que sí, pero no estoy segura. Me asusta escuchar una canción mejor y que tenga que seguir diciendo que eres mi canción favorita del mundo. Hay tantas canciones, ¿por qué tengo que escoger una? Y, sin embargo, tú me escoges a mí cada día. Sin dudarlo. Y me siento culpable. El remordimiento me mata por dentro por estar mintiéndote. Pero no es una mentira, ¿verdad? Porque ahora mismo eres mi canción favorita. Dios mío, ¿por qué estoy tan asustada? Tengo miedo de dejar de ser tu mejor melodía y, a la vez, no puedo prometerte que tú seas la mía. Así que te hago leer esto, simplemente porque soy una cobarde y no soy capaz de decírtelo con mis propias palabras. Y espero que lo entiendas, de verdad. Porque yo quiero que seas mi canción favorita.

Mentiras

El dolor abrasa mi garganta sedienta de verdades, cansada de ser apuñalada por tus mentiras. Cada una de tus palabras se vierten en un vaso, gota a gota, que se acaban transformando en clavos cuando decides tomarlo. Ya no me creo nada de ti. Me tendías la mano cuando rogaba por ayuda sin darme cuenta de que quien me estaba matando era mi propio salvador. Cuando lloraba me decías que me apoyase en tu hombro y, mientras tanto, te encargabas de apuñalarme por la espalda. Qué astuto, qué astuto que has sido. Y qué tonta, qué tonta yo por creerme tus mentiras. Tuve que beber mil clavos y arrancarme cien cuchillos para darme cuenta de que el único motivo por el que me dabas la mano era para retorcérmela y que, si alguna vez tratabas si quiera de salvarme de algo, era simplemente porque querías ser el único que me provocase dolor. Y qué ironía, ¿no? Que ahora que ya sé que me has estado engañando, que te estoy alejando, me estás haciendo más daño que cuando estabas a mi lado. Al final, te saliste con la tuya.

Inseguridad

No estoy segura y, a la vez, lo estoy. Es tan raro esto que siento por ti. No sé si nunca he querido a nadie de la forma en la que te quiero a ti y por eso mismo no lo entiendo o si en realidad nunca te he querido. Y tengo miedo de que cuando lo descubra ya sea demasiado tarde, porque la única forma de averiguarlo es perderte, y yo no estoy dispuesta a dejarte ir. Me rompe el corazón pensar que no te quiero; pero más me lo rompe el quererte y ni si quiera ser capaz de darme cuenta de ello.

martes, 5 de marzo de 2019

Tres palabras

Te miro,
me miras.
Suspiro,
vacilas.
Me acerco,
sonríes.
Me detengo,
caminas.
Nervios.
Míos.
Tuyos.
Nuestros.
Cierro los ojos,
abres la boca.
No salen palabras;
pero suenan besos.

domingo, 3 de marzo de 2019

¿Y tú?

Y cuando antes podía pasar la eternidad hablando contigo, hoy ya ni si quiera sé cómo abordarte. No me salen las palabras, trabadas en mi mente, o en mi garganta. Y lo intento, te juro que sí, pero no soy capaz de avanzar. Ni si quiera de hablarte. Y ya no sé si quiero que pase, o no, porque quizá sea una señal del destino, ¿no? Quizá nuestro tiempo ya pasó y ahora estamos luchando contra ese caprichoso destino que donde una vez nos juntó ahora trata de separarnos. La pregunta es, ¿lucharemos? ¿Lo haremos? Para estar juntos. Para burlar a la vida. Y lo cierto es que no lo sé. No lo sé. Pero lo quiero intentar, ¿y tú?

jueves, 28 de febrero de 2019

Te extraño

Te extraño, y qué ironía, ¿no? Después de todas las veces en las que nos prometimos no olvidarnos, estar siempre juntos. Después de intentarlo tanto. Y hoy ya no estás. Y duele tanto, pero tanto. Sé que sigues ahí, para mí, pero es tan extraño. Como si ya no fueses la misma persona y tan solo fueses un mero desconocido, y no aquel a quien por abrirle le abrí hasta el último recoveco de mi alma. Y podría hablarte ahora mismo, yo sé que sí, pero no lo hago por miedo a decepcionarme. Me aferro a tu recuerdo a sabiendas de que eso es lo que espero encontrarme. Pero no será así. Y duele, duele muchísimo saber que esa parte de ti ya no está. Que esa conexión que teníamos, que pensábamos que iba a durar siempre, murió. Y aquí sigo yo, extrañándote, rogándote que si una parte de ti sigue aquí, queriéndome como antes, me hables.

Sola

Te habrás dado cuenta, después de este tiempo, que yo no soy de las que hablan. Que soy de las que callan, que arden por dentro, hasta que arden por fuera y acaban consumiéndose. Que conmigo todo son estoy bien cuando lloro por dentro. Que no pido ayuda ni cuando me estoy muriendo. Y a veces grito, en silencio, pidiendo una ayuda que sé que necesito pero que nunca acaba llegando. Entonces me envuelvo en la oscuridad. Sola. Sola. Siempre sola. Y reviento, te juro que reviento. En mil pedazos que vuelan por los aires y que acaban cayendo inevitablemente al suelo. Y la gente pasa a mi alrededor, ven que estoy sangrando, que los cristales me están matando, pero todo el mundo prefiere salir corriendo. Así que me armo de valor y empiezo a sacar los pedazos de mi propia autodestrucción, y empiezo de nuevo. Sola. Sola. Siempre sola, siempre sangrando, siempre llorando por dentro. Pero siempre reconstruyendo.

Eres

Describirte es como tratar de describirle un color a un ciego. Es esa clase de cosas que, si no las ves, no puedes transmitirlas. Eres el sonido que un sordo no puede escuchar, las palabras que un mudo no puede pronunciar, la belleza que un ciego no puede ver. Eres esa carrera inevitable a lo largo de la orilla de la playa, con el sol a la espalda. Una carrera infinita. Serena. Con las olas chocando contra tus tobillos y ese olor inconfundible a mar. Eres el sabor que queda en un tu boca tras probar tu comida favorita, el aroma del perfume que te encanta cuando alguien pasa por tu lado, y el gesto de volverte tratando de ver a quién pertenece. Eres el placer de leer un buen libro y de cerrar los ojos tras un largo día. Eres canción y letras, letras que componen cada melodía, aquí, en mis textos.

No me cansaría

Hay miradas que inspiran, que atrapan, que aniquilan. Hay sonrisas que cortan la respiración, que te hacen soñar, creer en algo más. Y hay caricias que... Hay caricias que no se pueden describir con palabras, que hay que sentirlas. Podría escribirte cien textos, mil poemas e infinidad de historias que nunca me cansaría. No me cansaría de describir lo que me produce tu mirada, ni tu sonrisa, ni tus caricias. No me cansaría de hacerte el protagonista de todos mis escritos y sé que nadie se cansaría de leerlos; porque estoy segura de que si alguien es capaz de verte a través de mis ojos, se enamorarán de la misma forma en la que lo hice yo de ti.

lunes, 11 de febrero de 2019

Llora

Respira hondo, tranquila, no pasa nada. Cierra los ojos y cuenta hasta diez. O cien. O mil. Tómate todo el tiempo que necesites. Relájate y, si tienes que llorar, llora. Llora que así es como se liberan las penas, los males y los peores. Llora que no pasa nada. No eres débil por llorar, eres fuerte por reconocer que eres humana. Por saber que ni eres perfecta, ni tienes que serlo. Y ahora sécate las lágrimas que, una vez fuera las penas, hay que agarrar la vida con las dos manos y volver a la carga.

domingo, 10 de febrero de 2019

Venganza

Y ahora si les viese caer les pisotearía, echaría sal a sus heridas y, si se ahogasen, lanzaría más agua a la piscina. Porque fueron ellos los que un día me tiraron al suelo, me provocaron las heridas y hundieron mi cabeza bajo el agua. Son ellos los que me quebraron tantos huesos que por quebrarme me quebraron hasta el alma. Los que me empujaron al borde del precipicio una y otra vez y gritaron palabras de aliento para que saltase cada vez que me acercaba a un puente. Son ellos los que lucharon día tras día para destrozarme a tal punto de que no estoy muerto pero siento que ya no tengo vida. Y no sé qué es peor, si morir o ser un muerto con vida. Así que huid de mí, huid bien lejos, porque yo ya lo perdí todo y ahora no tengo nada que temer, no dudaré dos veces en ser yo el que termine aquello que vosotros empezasteis y fuisteis lo suficientemente cobardes como para no acabarlo.

Amor tóxico

Una vez libre su sonrisa se me clavó como una daga, yo miré embelesado la herida, sangrante. No dolía, os juro que no dolía, porque teniéndolo frente a mí cualquier dolor desaparecía. Así que saqué el puñal que él mismo me había clavado y se lo devolví con otra sonrisa de ojos vacíos. Tomó mi mano y la apretó, sus uñas eran como clavos rasgando mi piel, pero yo me sentía seguro a pesar del dolor que me afligía. Caminamos por calles desiertas, allá donde no había nadie, porque él no quería que nos viesen juntos. Era por mi propio bien, decía. No me importaba, yo solo quería estar con él. Por eso cuando alguien caminaba en nuestra misma dirección y soltaba mi mano, no me alertaba, sabía lo que venía a continuación. Los gritos, que por qué lo había tocado, que era un maricón y un desgraciado, y las patadas. Hasta que la persona desaparecía. Entonces me besaba y me suplicaba que lo perdonase, y yo lo hacía. Porque lo quería, y porque él solo me estaba protegiendo. Por eso, ahora que estoy libre, sonrío. No sé por qué está llorando, yo me siento muy bien, ya no siento el dolor que antes me provocaba. ¿Quién yace a su lado? ¿Por qué lo abraza, manchado de sangre? Y sé que soy yo. O lo que era yo, al menos. Puede que su sonrisa fuese un puñal para mí, pero, al final, han sido sus puños los que han acabado con mi vida.

¿Qué piensas cuando escuchas mi nombre?

¿Qué piensas cuando escuchas mi nombre? ¿Se te hace un nudo en el estómago como a mí? ¿O sientes un vacío en el pecho que te deja sin respiración? Porque yo, si te veo, siento que me voy a morir. Aquella maravillosa sensación que me embargaba cada vez que estabas cerca de mí se ha transformado en gargantas resecas, ojos aguados y falta de respiración. Y si alguien pronuncia tu nombre, en un primer momento, se me acelera el corazón pensando que estás cerca. Pero entonces me acuerdo. Me acuerdo de que ya no estamos juntos, de que los buenos momentos contigo pasaron a ser eternas pesadillas y de que ahora no es mi mano la que sostienes cuando caminamos por la calle. Me acuerdo de que me traicionaste, y entonces me vuelvo a preguntar, ¿qué piensas cuando escuchas mi nombre? Y yo lo único que quiero, es que te acuerdes de mí, de lo que tuviste y perdiste, y que te des cuenta de que cometiste un error y te pasarás toda la vida lamentándolo.

Era un domingo por la tarde

Era un domingo por la tarde cuando te conocí. Me acuerdo porque aquel día yo no iba a salir, se supone que iba a quedarme en casa, sin hacer nada. Sin embargo, no fue así. Te conocí. Aquella tarde mis ojos se encontraron con los tuyos en algún punto. Sonreí. Sonreíste. Y yo ya no necesité nada más, ni un solo segundo de mi tiempo, para darme cuenta de que me iba a enamorar de ti.

sábado, 9 de febrero de 2019

Sentí el corazón

Sentí el corazón en mi garganta, porque en el pecho ya no me cabía, de agitado que estaba. Dando tumbos cada vez que mi mirada se encontraba con la tuya, aleteando, queriendo huir por completo de mí. Así que lo dejé ir, dejé que volase contigo. Tú lo atrapaste y le hiciste hueco al lado del tuyo, prometiste que lo cuidarías y con aquella luz en tu mirada, ¿quién era yo para dudar de tu palabra? Y si te lo preguntas, no, no me sentía vacía, allá donde se supone que debía bombear mi corazón había garabateado el nombre del tuyo y, mientras mi corazón latía con el tuyo, tu corazón vivía grabado dentro de mí.

Me vi reflejado

Me vi reflejado mil veces en el mismo espejo, aquel que me vio crecer y que me ha mostrado mi imagen por tantos años. Siempre triste, siempre huyendo, no queriendo observar demasiado con miedo a romperme en mil pedazos. Y al final no me rompí yo, al final lo rompí yo a él. Porque estoy cansado, cansado de sentirme mal por mi aspecto, de palabras de personas que no saben apreciarme, de creerme que soy menos solo porque no luzco como querría lucir, de que otros me digan que debería cubrirme. Yacen los pedazos en el suelo, y me corto. Me corto los pies caminando sobre los trozos de mi último obstáculo hacia la salida. Cruzo la puerta y me digo que ya no más, puede que ahora esté sangrando pero las heridas se curarán y yo ya no dejaré que aquel reflejo decida por mí ni una vez más.

Mi mejor amiga es

Mi mejor amiga es aquella que ha estado conmigo incluso cuando ella no lo sabía. Y no, con ella no hablo cada día, de hecho, apenas lo hacemos. Nos vemos con suerte cada una o dos semanas y, ¿sabéis qué? Que no necesitamos nada más, porque sé que ella está ahí para mí y ella sabe que yo estoy aquí para ella. Me conoce como nadie, podemos leer el pensamiento de la otra tan solo con una mirada y, han sido tantos los años que llevamos juntas, que ya sinceramente no sabría qué hacer sin ella. Con su risa alocada, sus chistes que no hacen gracia y yo riéndome porque sabe que esos son precisamente los que a mí me encantan. Nuestras noches llorando viendo nuestra película favorita y las horas hablando de esos libros que tanto nos han marcado. Ella, que ha estado cuando nadie más quería estar, que me abrazó cuando no podía respirar y me empujó para que siguiese adelante. Mi mejor amiga, la que ha dado por mí tanto que no podría devolvérselo ni en mil años y que, precisamente por eso, me pasaré toda la vida a su lado tratando de lograrlo.

Ese amor secreto

Ese amor secreto todavía me persigue. No le conté a nadie sobre ti, no porque no te quisiera, sino que porque sabía lo que me dirían. Que no vale la pena gastar mi tiempo contigo, que seguramente solo eres una fachada y que, si te conociese de verdad, me desalentaría. Que el amor a distancia no funciona, los celos son fuertes si no hay confianza suficiente y los kilómetros acaban haciendo mella. Que en algún momento una pantalla no iba a ser suficiente. ¿Sabes qué es lo peor? Que les creí, incluso cuando nadie me dijo nada, porque ya me lo dije todo yo a mí misma. Que si me vieses en persona no me ibas a considerar tan bonita, no te iba a gustar y te decepcionarías. Verías todos mis defectos en primer plano y no lo soportarías. Así que hui yo, cobarde a enfrentarme a la verdad, a la dificultad de la distancia, sabiendo que mis sentimientos eran reales, pero sin darte la oportunidad a ti de demostrar si también lo eran los tuyos. Y ahora estoy aquí, escribiendo esto, dándome cuenta de que he narrado en pasado, y no porque haya dejado de quererte, sino que porque sé que ya es demasiado tarde para nosotros dos.

martes, 5 de febrero de 2019

Ganas de seguir

A veces encontramos las ganas de seguir donde menos lo esperábamos, cuando pensábamos que ya no iba a ocurrir, de quien ni en mil años nos lo hubiésemos imaginado. Y así es, un día pensaba que ya no iba a poder continuar, me iba a rendir, por completo y, sin embargo, hoy tengo más ganas que nunca de seguir. De conocerme, de sorprenderme, de plasmar lo que siento y que otros sean capaz de verlo, de palparlo, de ser yo, de alguna manera. Hoy han vuelto mis ganas de retomar mi vida justo por donde la había dejado y, esta vez, pienso hacerme cargo de ella.