Estoy tan cansada, de hablar y no ser escuchada, de palabras vacías y promesas incumplidas. Porque hoy la palabra ya no vale nada y, para mí, sigue siendo todo. Estoy tan cansada de gritar para ser escuchada que al final me quedo sin voz, así que me callo. Me callo, me callo y exploto. Y el mundo ni siquiera es capaz de oír la explosión. Tan solo soy una estrella más que se estampa y que deja de aportar su luz; un meteorito al que algunos han visto fugazmente y le han pedido un deseo, que a veces cumple y otras no, un meteorito que para cuando llega a su destino su impacto es tan minúsculo que no llama la atención. Así que se queda en mitad de la nada mientras todos pasan por encima hasta que queda tan cubierto que desaparece. Cubierto por los logros de otros que sienten la satisfacción de lanzárselos a la cara, personas que deciden que para brillar tienen que tapar la luz de otros, personas que se creen mejores, más guapas, con más talento. Personas que piensan que no eres nadie, que te usan de segundo, tercer o cuarto plato; y, a veces, como sobras. Personas que te pisan, que te apagan, hasta que aquella estrella con tanta vida acaba enterrada, siendo tan solo una piedra; sin ningún tipo de luz o ilusión.
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