Me miras, con esos ojitos aún sin abrir y yo me pregunto si de verdad me miras a mí. Sin embargo, sé que sabes que estoy aquí. Apoyas la cabeza en mi pecho, justo en el lado del corazón y, como todo está en silencio, escucho cómo late acompasado por tus pequeños latidos, endebles. Suspiro, acariciando tu suave cabello y, una parte de mí, sabe que no te queda mucho. Que esto es un adiós. Hemos estado juntos poco y, a pesar de ello, yo siento que te he necesitado toda mi vida, que te estaba esperando. Siento que eres una parte de mí. Y ahora me dejas. Si antes estaba incompleta, te puedo asegurar que tu ausencia me dejará vacía. Caen lágrimas sobre mis mejillas cuando te tengo que dejar, sabiendo que ya no habrá una segunda vez, que ya no te voy a ver más. Es el adiós más duro que he dado y, tú, ni si quiera te inmutas. Te quedas solo, respirando a medias, quejándote cuando notas mi ausencia. Mañana ya no estarás y hoy tan solo quiero decirte que allá donde estés, no te voy a olvidar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario