Cuéntame, cuéntame sobre ti. Pero no, no me digas lo que le dices a todo el mundo, no me hables en general. A mí me gustan los detalles, esos que siempre pasan desapercibidos pero que para mí marcan la diferencia. Cuéntame sobre el último libro que has leído, pero no, no me digas la historia; dime cómo te hizo sentir a ti. Háblame de cómo se te rompió el corazón al escuchar aquella canción y cómo el aroma a jazmín te devuelve una y otra vez al momento en el que todo cambió. Cuéntame cómo te sentiste cuando te traicionaron, cómo lo superaste, y qué pensaste al dar aquel primer beso; y el segundo, y el décimo. Háblame de aquel nuevo café que han abierto y al que te gusta ir de vez en cuando, el porqué te gusta tanto ese color y por qué la luz te parece más bonita al atardecer. Cuéntame qué había en aquella sala cuando te arrebataron el corazón con una devastadora noticia y, por favor, llora, si tienes que llorar, llora; y si te quieres reír hazlo también, pero cuéntame tu historia, la de verdad. La que cuenta, la que te describe, la verdadera, la que te hace ser tú.
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