Nunca me han gustado los ojos azules, siempre he visto algo inquietante en ellos; algo que, simplemente, no sé explicar. Es como si por algún extraño motivo no pudiese confiar en esas personas, me transmiten una seriedad y una frialdad que ni yo logro llegar a comprender. Hasta que vi los tuyos. Azul inconfundible, que ni con el cielo ni con el mar se pueden comparar, tan bonitos que te daría rabia. Me miras y en lugar de sentir frío, lo que siento es que me derrito. Y si me preguntases cómo describiría su color, te diría que es azul cálido, azul hogar. Hogar porque solo entre sus brazos siento que por fin estoy en casa. Y cuando de sus ojos brotan lágrimas te juro que parece que es el Mundo el que está llorando, como si sus ojos lo viesen todo. Y quizá no lo vean, pero yo lo veo a él. Puede que, después de todo, lo que se empañe no sea el Mundo, sino que mis ojos, que lloran cuando llora él.
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