lunes, 21 de octubre de 2019

La caja oscura ya no se abrirá más

Los cuervos graznan mi final mientras las campanas de la iglesia suenan atronadoras. Me miro pero no estoy, no soy más que un ente, un espectador más de aquel circo de gente disfrazada de negro. Algunos lloran, sacando su mejor actor y actriz, con lágrimas artificiales que acaban secadas por pañuelos de papel. El rímel corre por las mejillas que no tardan en ser retocadas en un par de segundos en el baño. Pero nadie me retoca a mí, nadie se atreve a tocar mi rostro congelado, ni a abrir mis ojos dormidos. El blanco de mi rostro reluce más que el castaño de mis rizos en una caja oscura que ya no se abrirá más y algunos tendrán su última visión de mí. La función se acaba cuando entierran la caja, y ya nadie se vuelve a acordar de aquel papel que acaban de interpretar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario