Me miras sin darte cuenta de lo que me provocas y, Dios, ¿cómo puedes mirarme así? Como si fuese única, especial. Lo más bonito de este sucio mundo. Lo único valioso que salvar. Y yo te miro tratando de preguntarte por qué. ¿Por qué yo, de entre todas las personas? Yo, que tengo dos pies izquierdos, malos días y tan solo alguno bueno. Yo, que tengo una maraña por pelo y ojeras más grandes que mis ojos. Yo, nacida sin belleza, ni talento, ni don. Que no valgo ni para ciencias ni para letras, que por no valer, no valgo ni por ser yo. Y, sin embargo, me dices que yo, siempre yo. Ante todos, sobre todos. Sin ninguna duda, yo. Porque no son los ojos, es la mirada, no es el talento, es el esfuerzo, no es lo que consigo, es la intención. Y que mil veces yo. Por no rendirme, por seguir aunque me digan que no. Por no hundirme y, sobre todo, por seguir siendo yo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario