Posaste tu mano sobre mi desnuda espalda, aquella que tantas veces habías acariciado. Pero esta vez, no. Me dijiste que era la última vez, que habíamos llegado demasiado lejos. Que yo quería más y tú, no. Que tú no buscabas a alguien como yo. Así, remarcado, como si yo tan solo fuese alguien con quien estar en la cama, y no fuera de ella. Me dijiste que habías encontrado a otra mujer, alguien que hacía más que ponértela dura, alguien a quien amar. Ojalá en aquel momento se me hubiese ocurrido algo más inteligente que tan solo darte una bofetada, porque aquel dolor para ti fue efímero, pero el que me dejaste tú no se va. Y ojalá, ojalá te hubiese podrido con mi veneno al igual que hiciste tú. Ojalá te hagan sentir como que no vales nada y solo eres alguien más con quien jugar. Y espero que ella lo haga, que te rompa el corazón de la misma forma en la que tú rompiste el mío; que te haga sentir solo, quebrado y destrozado. Y ojalá que tú, después de eso, no levantes cabeza.
No hay comentarios:
Publicar un comentario