Ayer, cuando te di las buenas noches, me di cuenta de que estabas enamorado de mí. Lo supe porque me recordó a aquella tarde de septiembre en la que te conocí. Y me dirás que qué tiene eso que ver. Y te diré que todo. A veces las personas te afectan más en medida de aquella primera impresión que te dan. Yo impacté en tu vida. De lleno, sin frenos, y siendo lo bastante orgullosa como para no abrir el paracaídas. Pero volé, y volaste, porque no pudiste evitar acercarte. Me paré, sin darme cuenta en aquel instante de que ibas a ser tan importante. Y me hablaste. Tenías aquella mirada de cuando algo te impresiona, esa mirada que te embarga la primera vez que ves en persona una obra de arte. Era como escuchar tu canción favorita por primera vez. Y lo sé, yo sé todo esto porque me lo dijiste con la mirada. Ayer, a pesar de que ya estamos a marzo, me lo dijiste también. Tienes la canción en bucle y esperas escucharla en directo alguna vez. Quieres que te cante la melodía, que te diga que sí, que tú también eres la mía. Pero yo no lo sé. Nunca he sido de tener canciones favoritas. Me da miedo, ¿sabes? Y te digo que sí, pero no estoy segura. Me asusta escuchar una canción mejor y que tenga que seguir diciendo que eres mi canción favorita del mundo. Hay tantas canciones, ¿por qué tengo que escoger una? Y, sin embargo, tú me escoges a mí cada día. Sin dudarlo. Y me siento culpable. El remordimiento me mata por dentro por estar mintiéndote. Pero no es una mentira, ¿verdad? Porque ahora mismo eres mi canción favorita. Dios mío, ¿por qué estoy tan asustada? Tengo miedo de dejar de ser tu mejor melodía y, a la vez, no puedo prometerte que tú seas la mía. Así que te hago leer esto, simplemente porque soy una cobarde y no soy capaz de decírtelo con mis propias palabras. Y espero que lo entiendas, de verdad. Porque yo quiero que seas mi canción favorita.
No hay comentarios:
Publicar un comentario