miércoles, 30 de octubre de 2019

Batallas perdidas

A veces la lucha me viene grande, es una batalla que sé con certeza que no voy a lograr ganar y, sin embargo, me sigo enfrentando; puede que sea con la esperanza de que las tornas se cambien y la suerte me sonría por primera vez. Aunque, claro, la esperanza, al igual que los sueños, es algo frágil que en rara ocasión se cumple como nosotros queremos. Yo en la vida no me describiría como alguien afortunada, de hecho, diría que soy muy de perder batalla tras batalla; y cuando digo perder me refiero a ser totalmente destrozada hasta el punto de no saber si voy a poder armarme para una más. Sí, hasta a ese extremo. Y, a pesar de ello, es curioso decir que siempre gano las guerras. Quizá sea mi persistencia, que por probabilidad la suerte me acaba sonriendo o que les doy tanta pena a mis contrincantes que me dejan ganar. No quiero saber el porqué, la información no me interesa; pero lo que sé es que allí estaré, en cada batalla, en cada guerra, hasta que ya no quede nada más que dar de mí, porque puedo ser una perdedora, pero lo que no soy es una cobarde, y los valientes no nos rendimos. Siempre volvemos a por más, hasta ganar.

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