Tus espinas se me clavan
cada vez que trato de atraparte.
En los dedos; en el alma.
Y aunque me digo que no duele,
lo cierto es que dueles.
En segunda persona. Porque dueles tú.
Y no, no me mires con esa sonrisa,
no lo hagas que tan solo te me clavas.
Hundes tu ponzoña más en mi piel.
Me quiebras, te juro que me quiebras;
por culpa de esos ojos que hablan.
Que me dicen no, yo no sé nada.
Pero es que tu mirada te delata,
todo tu cuerpo lo hace, de hecho;
tus expresiones son tan claras.
Y por más que intento engañarme,
ahora eres tú el que ya no me engaña.
Aprendí tras clavarme la quinta espina.
Y sí, te estoy soltando. Me cansé.
Ya no trataré de retenerte a mi lado;
te aseguro que ni una vez más.
Si te quieres ir, huye. Nadie te frena,
tus espinas me lastimaron por años;
pero te aseguro que ya estoy sanando.
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