Son las dos y sigo sin dormir, pensando en ti. Doy vueltas sin cesar y las sábanas caen a mis pies, dejando mi cuerpo semidesnudo al descubierto. El teléfono se mantiene callado en la mesilla de noche; como si ni siquiera estuviese ahí. El cabello se me enreda en los dedos de tanto tocarlo, exasperada. Desesperada. Por oír tu voz de nuevo, escuchar el sonido de un mensaje tuyo o simplemente ser capaz de imaginarte. Pero es que ha pasado tanto tiempo que mi mente ya no es capaz de recordarte exactamente, y me está matando; lo retazos de tus recuerdos me están matando. Demasiado recientes como para llevarlos clavados, pero lo suficientemente antiguos como para poder verlos nítidamente. Y me vuelvo a ahogar en lágrimas que acaban empapando mi alma; me vuelvo a dormir con el corazón encogido a la espera de oír una señal. Pero no llega, nunca llega. Así que me vuelvo a morir una vez más, como cada día que pasa; voy perdiendo partes de mí misma hasta que un día ya no quede nada más.
No hay comentarios:
Publicar un comentario