Sentí el corazón en mi garganta, porque en el pecho ya no me cabía, de agitado que estaba. Dando tumbos cada vez que mi mirada se encontraba con la tuya, aleteando, queriendo huir por completo de mí. Así que lo dejé ir, dejé que volase contigo. Tú lo atrapaste y le hiciste hueco al lado del tuyo, prometiste que lo cuidarías y con aquella luz en tu mirada, ¿quién era yo para dudar de tu palabra? Y si te lo preguntas, no, no me sentía vacía, allá donde se supone que debía bombear mi corazón había garabateado el nombre del tuyo y, mientras mi corazón latía con el tuyo, tu corazón vivía grabado dentro de mí.
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