Te di todo de mí, cuando estabas triste, feliz, enfadado, nostálgico. Te apoyé en mis días buenos y malos, porque no se trataba de mí, sino que de ti. Te di el cien por cien de mí, me impliqué al máximo y estuve ahí para ti todo cuanto necesitaste. ¿Dónde estás ahora tú, que te necesito yo a ti? ¿Por qué vuelves todo hacia ti? ¿Por qué tienes que ser siempre el centro, la víctima, por qué te tengo que hacer sentir bien? Por qué hacerlo cuando me destrozas con tu actitud, cuando me haces sentir que mis problemas no son tan importantes, ni yo merezco tanta atención. Por qué hacerlo cuando tú me das, con suerte, el cincuenta por ciento de ti, cuando piensas más en ti que en mí; mientras que en mi cabeza tan solo resuena tu nombre cuando quien necesita ayuda eres tú. Y supongo que lo hago porque, al igual que con el resto, das lo mismo que ellos, y ya me acostumbré a que nadie dé por mí tanto como yo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario