Camino por un sendero repleto de rosas caídas y me clavo sus espinas. Al principio eran solo gotas que manchaban las rosas blancas, pero ahora están completamente rojas. Los pétalos se van adhiriendo a la planta de los pies, clavadas por las espinas que a cada paso se van introduciendo más en la piel; hasta que el dolor es tal que ya no las siento. No siento nada, solo camino por el sendero interminable de las rosas blancas y rojas, y camino hasta que me falta el aliento y el corazón me va a estallar. Camino hasta desfallecer, pero sin hacerlo. Porque continúo andando, no importa el dolor, ni el cansancio, mis pies se siguen moviendo y sé con certeza que algún día llegaré al final. Que aquella tortura terminará y yo tan solo me habré hecho más fuerte.
No hay comentarios:
Publicar un comentario