Me vi reflejado mil veces en el mismo espejo, aquel que me vio crecer y que me ha mostrado mi imagen por tantos años. Siempre triste, siempre huyendo, no queriendo observar demasiado con miedo a romperme en mil pedazos. Y al final no me rompí yo, al final lo rompí yo a él. Porque estoy cansado, cansado de sentirme mal por mi aspecto, de palabras de personas que no saben apreciarme, de creerme que soy menos solo porque no luzco como querría lucir, de que otros me digan que debería cubrirme. Yacen los pedazos en el suelo, y me corto. Me corto los pies caminando sobre los trozos de mi último obstáculo hacia la salida. Cruzo la puerta y me digo que ya no más, puede que ahora esté sangrando pero las heridas se curarán y yo ya no dejaré que aquel reflejo decida por mí ni una vez más.
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