Ya no estás y tu ausencia se nota como clavos ardientes hundiéndose en mi piel. Y quema, claro que quema. Queman las lágrimas que derraman mis ojos, rojos de las horas que llevo en vela. Queman mis pulmones, exhaustos de suspirar por alguien que ya no suspira por mí. Queman mis manos, marcadas las palmas por las uñas que no puedo evitar clavar en mi piel. Quema tu ausencia y, te juro que quema tanto, pero tanto, que me has abrasado el corazón. Quemas, claro que quemas, con tus palabras de fuego y tu lengua de llamas, hablando y hablando, diciendo aquello que sabes que me va a terminar por calcinar.
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