Te pierdo, cada vez que cierro los ojos te esfumas un poco más; tanto que ya tan solo eres el último rayo que lanza el sol al atardecer, a punto de desaparecer. Y, al contrario que el sol, ya no sé si tú volverás a aparecer. La noche es eterna y yo me dedico a contar estrellas con la esperanza de unirlas lo suficiente como para que me iluminen de la misma forma en la que me iluminabas tú. Pero no. Las estrellas comienzan a desaparecer, a causa de la contaminación, o de mis ojos, cada vez más cerrados. Supongo que no necesitan ver cuando todo lo que me rodea es oscuridad. Y un día se cierran por completo pero yo ya no lo noto, hacía mucho tiempo que ni el más mínimo destello era captado por mis ojos. Así que camino a oscuras, a tientas, con la esperanza de que vuelvas a aparecer; pero ni tú vuelves, ni yo vuelvo a ver.
No hay comentarios:
Publicar un comentario