Aún recuerdo aquel 13 de septiembre, las hojas estaban empezando a caer, dando así el pistoletazo de salida para el otoño, y el fin del verano. Aunque para nosotros dos nunca se acabó, nunca quisimos darnos cuenta de que estaban cayendo las primeras gotas y de que aquella brisa traía las primeras briznas de frío. Era un adiós. Aunque nosotros no queríamos aceptarlo, claro que no, ¿cómo podríamos? Después de lo que habíamos pasado. Te marchabas en dos días y, lo quisiéramos o no, no nos volveríamos a ver. Al menos, no en un largo tiempo. Demasiado tiempo. ¿Sería, sin embargo, lo suficiente para olvidarnos? Y la pregunta, curiosamente, tiene dos respuestas. Supongo que no, porque yo volví a aquel lugar otro 13 de septiembre y, supongo que sí, porque tú no estabas allí.
No hay comentarios:
Publicar un comentario