Era un domingo por la tarde cuando te conocí. Me acuerdo porque aquel día yo no iba a salir, se supone que iba a quedarme en casa, sin hacer nada. Sin embargo, no fue así. Te conocí. Aquella tarde mis ojos se encontraron con los tuyos en algún punto. Sonreí. Sonreíste. Y yo ya no necesité nada más, ni un solo segundo de mi tiempo, para darme cuenta de que me iba a enamorar de ti.
No hay comentarios:
Publicar un comentario