Te abandono en mis mejores momentos, demasiado ocupada como para prestarte atención, y luego, cuando las cosas van mal, vuelvo a ti. Egoísta y aprovechada, demasiado centrada en mí como para ver más allá de lo que tengo frente a mí. A veces, ni si quiera veo más allá de un palmo. En ocasiones incluso no paso de mi propia nariz. Y vuelvo a por ti, cuando mi corazón está hecho trizas, mi mente empantanada y me tiembla el alma. Una y otra vez, lo hago sabiendo que siempre estarás aquí para mí, que no tienes otro remedio que aguantarme. Que mis palabras quedarán grabadas en ti sí o sí. Y me alegro una vez más de que no puedas decidir, porque me temo que, de poder hacerlo, hoy no estaría escribiendo aquí.
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