Qué extraño, he vuelto a soñar contigo. Estaba despierta, pero con los ojos cerrados. Volvíamos a estar juntos, como hace tan solo unos días, y tú me decías que me querías. Trato de retener el momento con tanta fuerza que mis nudillos se vuelven blancos; y qué ironía, porque negro es el color en el que imagino mi futuro si tú no estás en él. Sueño con recuerdos que ahora me parecen muy lejanos, y añado un final distinto cada vez que pienso en ellos simplemente porque no me gusta el final que nosotros tuvimos. No me gusta que te marches, ni que me marche yo y, sin embargo, lo hacemos los dos. Vuelves a montarte en aquel autobús y yo vuelvo a irme a casa desconsolada, con el corazón en un puño diminuto que va decreciendo a cada kilómetro que te alejas de mí. Y ahora estamos a un país de distancia, justo como al principio. Volvemos a estar tan lejos que los recuerdos ahora me parecen sueños, demasiado inverosímiles como para ser ciertos. Así que mantengo los ojos cerrados, soñando, porque solo en la oscuridad de la noche soy capaz de dibujar tu cara; lo hago cada noche con la esperanza de que algún día sea real, que tú estés aquí, junto a mí. Así que perdóname si no contesto, pero a veces simplemente me gusta pensar en ti.
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