Feliz cumpleaños a una de las personas más importantes de mi vida. A mi hombro en el que llorar, y con quien comparto mis risas. A quien me cuida y se preocupa por mí, así como lo hago yo. Feliz cumpleaños a mi mejor amigo. Han sido unos meses duros estos últimos para mí, todavía lo son, y por ello en cierta manera me he acabado distanciando, de ti, de todos. Hasta de mí. Pero nunca he dejado de pensar en ti, incluso cuando no te hablaba, ni de preocuparme por ti. Siempre has estado en mi mente, porque ocupas un lugar en mi corazón, y no hay forma humana de que me olvide de eso. De que me olvide de ti. A veces, cuando estoy mal, cuando me siento terriblemente sola, pienso en ti. Me digo que no es verdad, que aunque estés a cientos de miles de kilómetros de mí, en realidad estás justo a mi lado, porque para los corazones no existen distancias, ellos se basan en intensidad, y yo puedo decirte que el mío te ama con locura. No solo hoy, ni ayer. El mío te amará siempre. En futuro, porque ya solo con lo que hemos vivido juntos tengo suficiente para saberlo, aunque estoy segura de que viviremos mucho más. Estás entre mis sueños por cumplir; el poder finalmente vernos en persona y abrazarte. Y sin embargo no lo necesito. No, no necesito que ocurra, puedo vivir sin ello, ¿y sabes por qué? Porque tú eres más que suficiente para mí. Aquí o allí. Y si la distancia está destinada a separarnos, dejémosle que lo haga, pero sin darle el placer de acabar con nosotros. Yo lucho por ti, no solo cuando hay malos tiempos entre nosotros, lo hago siempre, interiormente. Porque sé lo que vales, y es mucho más de lo que vale el resto. Eres fuerte, valiente, gracioso, inteligente, hermoso. Eres especial. Daría lo que fuera porque en tu rostro cada día hubiese una sonrisa. Si pudiera, vendería mi alma para hacerte feliz, porque tú te lo mereces todo. Todo en el mundo. Mereces quererte, querer y que te quieran. Sonreír sin sentirte mal por ello. Que te sonrían cada día. Mereces a alguien que te quiera de aquí a la siguiente galaxia y vuelta. Que te traten bien, que te respeten, que te valoren. Mereces que te quieran por quien eres, porque eres maravilloso. Me di cuenta de ello hace mucho tiempo, y no estoy dispuesta a cometer el error de no hacerlo. Porque creo que te merezco, así como tú me mereces. Que estábamos hechos para encontrarnos el uno al otro, porque de alguna forma nos complementamos. Me haces feliz, cada día de mi vida. El saber que estás ahí, que tengo a alguien que me valora, me quiere y me respeta, me hace sentir que soy la mujer más afortunada del planeta. Contigo todo es bueno. Siento que solo recibo cosas buenas de ti, que me haces crecer como persona. Me ayudas más de lo que piensas, y por ello siempre te estaré eternamente agradecida. Por hacerme ver que sí que valgo, que sí que hay gente que me quiere, y que no estoy sola. Gracias por todo, por ser el mejor amigo, por todas las noches y días en los que has estado a mi lado, por enseñarme lo que es un amigo. Gracias por reírte conmigo, dejarme escribir sobre ti, por compartir conmigo tus secretos, tus sentimientos, tu vida. Gracias por dejarme conocerte y abrirte a mí, por ser quien eres y aceptar cada parte de mí. Gracias, gracias, simplemente gracias. Deseo que tengas un buen día con los tuyos, y encuentres aunque sea una pizca de la felicidad que te mereces. Te amo, mejor amigo, te amo muchísimo.
viernes, 23 de noviembre de 2018
viernes, 26 de octubre de 2018
Cuando sientas que no importas
A veces lo pienso, que no le importo a nadie, que el mundo estaría mucho mejor sin mí; que soy prescindible. Realmente sí, pero no. ¿Le importo a todo el mundo? No, definitivamente no. ¿Será el mundo mejor sin mí? Seguramente seguirá siendo exactamente igual. ¿Soy prescindible? Rotundamente sí. Todos lo somos, por duro que sea pensarlo, pero la gente muere y la vida continúa para el resto del mundo. Uno no para toda su existencia por una única persona, por muy importante que sea, y si lo hace no está bien, no es algo que se deba hacer; después de todo siempre debemos ser la persona más importante para uno mismo. Sin embargo una única persona puede hacer que todo cambie. Tan simple y sencillo como eso. Sigo existiendo, pero no viviendo. Y no hay nada más importante que el querer vivir. Sin eso no somos nada. Y yo no soy nada sin ti. Hasta cuando no hablamos estás conmigo, hasta cuando no te pienso te estoy pensando. Y sé que suena ilógico, pero es así. Es incontrolable, así de importante eres para mí. Puede que pienses que ya no me importas porque estos meses hemos estado más distanciados, pero lo cierto es que no te amo como el primer día, sino que mucho más. Muchísimo más. Y la simple idea de saber que estás ahí me tranquiliza, si no tuviese eso probablemente me volvería loca. A veces no te hablo no porque no me importes, sino que porque la que siente que no importa soy yo. Es una tontería, lo sé, pero a veces me siento así. Sé que tú también, o no estarías leyendo esto, así que supongo que los dos somos unos tontos. Me alegro de tenerte en mi vida, tonto. Y espero que tú te alegres de tener en tu vida a esta tonta. Tan solo te voy a decir esto para recordártelo, porque deberías saberlo, para mí eres importante. Una de las personas más importantes en mi vida, a tal punto de que tu ausencia me destruiría. Así que deja de pensar que no lo eres, porque me rompes el corazón. Eres mi mejor amigo, y no muchos se ganan ese derecho, mucho menos lo mantienen. Eres importante al punto de cambiar vidas, la mía lo haría definitivamente. Y no quiero una vida sin ti, porque sentiría que me falta algo todo el tiempo; tú ocupas un lugar irremplazable en mi corazón. No te vayas nunca, por favor.
jueves, 18 de octubre de 2018
Cuando estés enfadado
Hay días en los que a uno tan solo le apetece encerrarse y simplemente no salir, ni hablar con nadie. Días en los que quieres desaparecer. No sé qué ha ocurrido, la vida es tan jodida que muchas veces me pilla desprevenida; sé que a ti también. Cuando me enfado siempre me digo a mí misma que no tengo que pagarlo con otras personas, que no se lo merecen, y por eso mismo interiorizo las cosas. No es bueno eso, tampoco, porque uno se carga de todo y al final explota, y no siempre explota con quien debería. Y si estás enfadado suéltalo, cuéntaselo a alguien o escribe sobre ello, sacar las cosas de tu mente y plasmarlas siempre ayuda a ver las cosas con otra perspectiva, y a descubrir cosas que tal vez ni si quiera sabías que pensabas. Al menos es lo que me ocurre a mí. Y te diré algo, no merece la pena estar enfadado, eso tan solo te daña a ti y a quienes te quieren, pero no logra nada, no soluciona las cosas ni trae nada bueno. Así que si puedes simplemente tomar una gran bocana de aire y luego soltarla, hazlo. Piensa bien las cosas, con calma, y nunca actúes impulsivamente. Hay muchas cosas que se hacen por impulso; una declaración de amor, un viaje esporádico, o una elección de última hora. No todas acaban bien, ni todas tienen por qué ir mal, y eso también aplica a cuando uno actúa cabreado; el problema está en que al final uno puede arrepentirse de las decisiones tomadas, y el problema no es declarar tu amor y ser rechazado, es lamentar haber tomado la decisión de no haberte quedado callado. Pero si, a pesar de haber obtenido un mal resultado, te mantienes en que aunque fue algo impulsivo siguió siendo la elección correcta, eso es lo que verdaderamente cuenta. Lo que te quiero decir es que cuando uno actúa enfadado no solo suele obtener malos resultados, es que también se acaba arrepintiendo de haber tomado si quiera la decisión de hacerlo. Así que si vas a tomar una decisión impulsiva ahora, no lo hagas. Dale una segunda y una tercera vuelta. Una cuarta, si lo precisa. Hay algo que siempre me digo cuando me dan ganas de hacer una locura y mandar todo a la mierda, y es que si de verdad quiero algo, si de verdad quiero hacerlo, no tengo que hacerlo hoy, de forma impulsiva, porque mañana querré seguir tomando esa decisión. Y pasado. Y al otro. ¿Sabes por qué son decisiones impulsivas? Porque vienen de la nada, rápidas, sin pensar, y por el contrario a lo que la gente piensa, no todos los impulsos son buenos. Imagina que me siento fatal, y veo a un coche viniendo hacia mí a toda velocidad, pero me encuentro tan mal que decido seguir ese impulso de ponerme en esa trayectoria y dejar que todo se acabe. Si lo pensase dos veces, fríamente, ni si quiera tendría que, en realidad, pensarlo. Me apartaría. Así que no, nunca es bueno tomar decisiones cuando uno está mal o enfadado, porque se basa en impulsos, y estos son impredecibles; para bien o para mal. Y si estás enfadado conmigo, quiera lo que sea que haya hecho, lo siento. A veces yo también soy impulsiva en el mal sentido, todos lo somos alguna vez en la vida. Ya sé que tiendo a ser dramática y a actuar de forma infantil, que a veces puedo ser un poco egocéntrica y creer que el mundo gira entorno a mí, pero también sé que me preocupo por ti, y si hay algo que odio en este mundo es hacerte daño, y si estás enfadado por mi culpa... Bueno, entonces es que soy más idiota de lo que creía. Tan solo te pido que, sea lo que quiera que decidas, recuerdes esta parte de mí, que no todo es malo conmigo. Te llevo en mi mente siempre, y tan solo quiero lo mejor para ti. Si crees que lo mejor para ti ya no soy yo, entonces lo entiendo y respeto, porque al fin y al cabo los dos buscamos lo mismo para ti, y si mi persona tan solo estorba en tu camino, me apartaré. Lamento que las cosas hayan tenido que acabar, y más aún cuando te amo tanto, pero te deseo mucha suerte en la vida. Y si por el contrario decides que todavía soy buena para ti, háblame, te estaré esperando.
miércoles, 10 de octubre de 2018
Cuando te sientas solo
Es increíble como la mayor parte del tiempo estamos rodeados de personas y, a pesar de ello, nos sentimos completamente solos. ¿Sabes cuál es el momento en el que me siento más sola? Cuando estoy en clase, con todas mis compañeras alrededor, hablando y contando cosas. Y estoy dentro, estoy ahí, con ellas. Pero no estoy. Me siento completamente fuera, como si mi sitio no correspondiese ahí. Tal vez sea así. Y sin embargo sigo en ese mismo lugar, día tras día, sintiéndome como el eslabón perdido del grupo; esa persona que se tiene por pena, porque no tiene a nadie más con quien estar pero que si se fuese sería un alivio para todo el mundo. Pero yo no me voy, me mantengo ahí, cada día más alejada, más aislada, más perdida. Más sola. Y lo único que me mantiene volviendo una y otra vez es el saber que puede que ahí dentro no encaje, ni lo vaya a hacer jamás, pero que fuera sí lo hago, que hay personas que me conocen de verdad, y saben que merezco la pena. Que me valoran y aprecian mi compañía y mis aportaciones; entonces es cuando me siento menos sola. Pienso en ti, y en todas las largas conversaciones que hemos mantenido a lo largo de nuestra amistad, y en lo cerca que me siento de ti a pesar de estar tan lejos. Y entonces me siento menos sola. Pienso en que tú estarás ahí para mí siempre que lo necesite y que si un día te hablo porque la soledad que siento en esos momentos va a terminar por quebrarme por completo tú estarás para mí y entonces dejo de estar sola. Porque sé que tú estás hasta cuando no estás. Y yo estoy también, aunque no esté. Estoy para ti ahora, y siempre. Puede que no físicamente, pero deberías saber que te quiero lo suficiente como para que estés en mi mente cada día, y eso debería ser ya una gran compañía. Y me he estado aislando estas semanas, desanimándome y sin tener ninguna intención de salir, o de hablar con absolutamente nadie, sintiéndome más perdida y sola que nunca, y por eso mismo te digo que no lo hagas. Yo he cometido el error de no buscarte, de no pedirte que me acompañes en estos momentos tan vacíos, y lo único que he logrado es alejarte y echarte de menos. De verdad, te echo muchísimo de menos. Antes hablábamos casi todos los días, y ahora llevamos dos semanas prácticamente sin hablar. Y se siente tan vacío estar sin ti. Porque te quiero mucho, de verdad, y no quiero estar sin ti. No quiero estar alejada de ti, porque entonces sí que me sentiré sola de verdad, y eres uno de los pequeños motivos que me hacen luchar cuando estoy tan vacía. Así que por favor, si crees que estás solo, simplemente párate a leer mis palabras, ¿no me ves junto a ti? Lo estoy, aunque tan solo lo sientas. Aunque solo sea en mente. Y no me voy a ir de ahí, así que espero que esa sea suficiente compañía para ti, al menos lo es para mí.
Cuando estés aburrido
Mi vida no es muy divertida de por sí, pero bien es cierto que la mayoría del tiempo ni si quiera tengo tiempo para aburrirme, de la de cosas que tengo que hacer. Hoy, sin embargo, es uno de esos días en los que he tenido un respiro y me ha permitido aburrirme. Qué cosas, ¿no? Te pasas la vida pensando en todo lo que harás cuando tengas tiempo libre, y lo único que haces cuando lo tienes es nada. Aburrirte. ¿Sabes lo peor? Que me gusta aburrirme, me ayuda a pensar y conocerme más a mí misma, a soñar despierta, a escribir, a reflexionar. En realidad ahora mismo no tengo absolutamente nada de ganas de escribir, ni de escuchar música; pero estoy haciendo ambas cosas. Y no, no tengo ninguna canción en bucle como sabes que me encanta hacer, porque estoy cansada de todas. Quizás por eso no quiero escuchar música, porque me pone nerviosa no escuchar la misma canción constantemente. Puede que te parezca una tontería, pero lo cierto es que si yo lo hago es precisamente porque esa canción me está transmitiendo muchísimo en esos momentos y no tener una canción significa que las siento a todas igual de vacías. Hoy me siento vacía. Miento. Miento. No es hoy. Han sido estas últimas semanas. Lo siento por no hablarte, puede que pienses que te estoy dejando de lado u olvidando, pero no es verdad. Simplemente me siento vacía, y no me apetece hablar con nadie. Me apetece encerrarme y morir. Y sin embargo estoy aquí, escribiéndote, aunque no te hable; supongo que eso demuestra lo importante que sigues siendo para mí, porque hasta cuando no quiero hablar con absolutamente nadie, estás en mi mente y, de forma indirecta, me comunico contigo. ¿Cuándo estarás leyendo esto? Supongo que habrá pasado algún tiempo; todavía queda bastante para que te dé esto. No sé el porqué de tu aburrimiento, puede que estés tirado en la cama, agotado, y simplemente no quieras hacer nada, o que estés en el autobús de camino a algún sitio. Yo estoy en la cama, como siempre, escribiendo de madrugada. Siempre escribo de noche. No puedo sacarte del aburrimiento, pero espero que al menos te haya servido de entretenimiento por unos minutos; tú me estás sirviendo a mí, aunque bien es cierto que se tarda mucho más en escribir que en leer. ¿Sabes? Yo a veces, cuando me aburro, me pongo a leer conversaciones antiguas, mayormente los mensajes que tengo destacados, porque esos son los que en su momento me sacaron una sonrisa y al volver a verlos me hacen sonreír. Tú siempre me haces sonreír, así que gracias por ello.
domingo, 30 de septiembre de 2018
Cuando estés triste
No me gusta que estés aquí, leyendo esto; eso significa que no estás bien. La simple idea me molesta. En realidad no soy nadie para replicarte nada, yo también estoy triste, mientras escribo esto. ¿Sabes en qué estoy pensando ahora? En las ganas que tengo de hablar con mi mejor amigo, porque siempre me acaba sacando una sonrisa y me ayuda cuando estoy mal, aunque él se piense que no es así, y no sirve para animarme. Siempre piensas que no ayudas, pero a veces haces más que nadie, con simplemente estar. Podría hablarte ahora mismo, pero no quiero hacerlo, no me gusta cargarte con mis problemas cuando tienes los tuyos. Así que decidí escribir esto porque, de alguna manera, es como si estuviese hablando contigo, y eso me ayuda a estar mejor. En realidad no eres consciente de todo lo que influyes en mi vida, de verdad. Hay veces en las que siento que ya no puedo más, y el sentimiento de estar terriblemente sola, pero no es verdad. Porque tú siempre estás, y eso me ayuda a querer seguir adelante y, aunque estés lejos, me siento acompañada. No sé qué es lo que te ocurre, por qué estás triste o si en realidad puedo ayudarte a no estarlo. Probablemente no, posiblemente sí. Como siempre te digo, hay que pensar en positivo. A veces, cuando no estás y necesito de mi mejor amigo, escucho aquella canción que me recuerda que, aunque no estés, siempre estás, por incoherente que pueda sonar eso. Al fin y al cabo, tú también eres esa pequeña luz que ilumina mi oscuridad. Y yo no quiero estar a oscuras. No quiero estar sin ti. Y no sé, de verdad, no sé qué decir para que no estés triste, porque a parte de que ya es algo difícil de solucionar de por sí, lo es mucho más sin tener un contexto. Lo único que te puedo decir es que me hables. Yo no lo estoy haciendo ahora, y debería hacerlo, no sigas mi ejemplo, tú siempre has sido el inteligente de los dos. Así que espero que mi yo del futuro te responda, y te recuerde lo muchísimo que te ama, aunque también te lo diga yo ahora.
No pasa nada
Hacía tiempo que no escribía nada, puede que fuese porque no tenía nada que decir; o porque estaba demasiado ocupada siendo feliz como para hacerlo. Y, sin embargo, estoy de nuevo aquí. Escribiendo. Aunque no estoy muy segura de que tenga algo que decir. Y no pasa nada, de verdad, todo va bien. Pero en realidad no. Es como una sacudida, te mantienes en pie, pero menudo golpe, que casi te tira abajo. Sigo en pie, pero me he despeinado. No pasa nada. Me cepillo el pelo, pero recuerdo que lo tengo rizado. No pasa nada. Mojo el cabello, pero cuando se seca queda electrificado. No pasa nada. No pasa nada. Pero sí pasa. Así que dejo el pelo como está, y lo recojo en dos trenzas. Me digo que el tiempo lo cura todo. Y sé que mañana, cuando destrence mi cabello tendrá unos rizos más bonitos de lo usual. Así que sí que pasa algo, pero tranquilos, ya mañana no pasará nada.
domingo, 23 de septiembre de 2018
Cuando estés feliz
Últimamente no es habitual que estés feliz, de hecho, ha llegado al punto de que para ti el estar normal, significa estar mal. No debería ser así. Ojalá todos los días fuesen como este, días en los que simple y sencillamente te encuentras feliz. Deseo esto para ti, que te sientas bien, que sonrías. Te deseo lo mejor del mundo, de verdad. Que te levantes con ganas de regalarle al mundo tu hermosa sonrisa, esa que, como ya te he dicho otras veces, me parece la más bonita que he visto en mi vida; y te puedo asegurar que he visto muchísimas a lo largo de los años. Pero la tuya tiene algo especial, que se me hace preciosa. No sé si serán los hoyuelos, el brillo que se te forma en la mirada, o qué, pero me maravilla, y me encantaría que siempre se mantuviese en tu rostro. Ojalá que, de todos los textos, este sea el que leas más veces, porque estés feliz. Ojalá que nunca tengas que leer los otros. Pero bueno, lo importante es que hoy estás aquí, leyendo esto, y eso es bueno, muy bueno. ¿Sabes? Yo he decidido escribir esto precisamente hoy porque estoy muy feliz, y creo que queda de alguna forma muy poético que tú, tiempo después, lo leas siendo feliz también. En realidad todavía queda mucho para que te entregue esto, más de dos meses, pero llevo pensando en hacer esto desde hace mucho más, unos seis meses. Se me vino a la cabeza el hacerlo, porque quería hacer algo especial para ti, pero la distancia me limitaba bastante. Y, sin embargo, nada es imposible, aquí me ves. Te acabo de dar las buenas noches y, lo que tú no sabes, es que sigo hablando contigo. Con tu yo del futuro. Qué raro, ¿verdad? Se me hace extraño que me leas dentro de tanto tiempo, uno en el que yo ni si quiera sabré que lo haces. ¿Me lo harás saber? Que te han llegado mis palabras, digo. Me gustaría saberlo, estoy segura de que me haría muy feliz por saber que tú lo estás. ¿Sabes? Tu felicidad significa mi felicidad, de esa manera me afectas. Así que gracias por hacerme indirectamente feliz. Ahora mismo estoy muy feliz por saber que algún día lo estarás. Así que, a tu yo del futuro, presente para ti, simplemente decirte que me alegro de tu felicidad, porque también es la mía, y amo que puedas estar tan bien, casi tanto como te amo a ti; gracias por tanto.
jueves, 20 de septiembre de 2018
Lucha
No me conoces y probablemente yo a ti tampoco. No sé qué canción escuchas antes de irte a dormir, o qué perfume te gusta usar para las ocasiones especiales. Tampoco sé cuál es tu color favorito, o el lugar al que siempre has querido viajar. Y, sin embargo, puedo decirte mil cosas, y sé que las entenderías. Que me entenderías. Puede que hoy hayas tenido el mejor día de tu vida y que estés tan feliz, que ni si quiera te hayas percatado de este texto. O puede que hoy no haya sido un buen día para ti. Lo segundo es más probable que lo primero, ¿y sabes por qué lo sé? Porque tendemos a centrarnos en este tipo de textos cuando las cosas no van bien, buscando consuelo, alguien que nos entienda. No tengo ni idea de si yo soy esa persona, lo único que puedo decir, es que estoy dispuesta a escuchar. Esos detalles a los que nadie les da importancia, y que, sin embargo, son lo más reseñable del día. A la historia de aquella lágrima traicionera, y esa sonrisa robada. De tu corazón latiendo a mil por hora, y de cuando este se quebró en mil pedazos. De cuando te viniste abajo. Es momento de volver a estar en pie. Aunque las cosas no vayan bien, a pesar de que pienses que tú no estás bien. No importa cuál sea el problema, todo tiene solución. Así que si buscabas un texto para compadecerte de ti mismo, siento decirte que has venido al lugar equivocado. Lucha. Hoy, mañana, siempre. Y cuando te canses de luchar, sigue luchando más, porque solo con esfuerzo y sacrificio lo vas a lograr. Y si piensas que ya no puedes más, recuerda que eso no es verdad. Siempre se puede luchar más.
martes, 11 de septiembre de 2018
Cuando yo ya no esté
Si estás leyendo esto, significa que yo ya no estoy. Espero que, en realidad, no tengas que leerlo nunca. Que se pierda en algún punto de nuestras vidas, y jamás lo recuerdes, porque me tendrás a mí. Te escribo hoy porque, a pesar de que hablamos hace un rato, te echo de menos. Muchísimo. Así que no me puedo ni imaginar lo que supondría el simplemente que ya no estés en mi vida. Te puedo asegurar algo, allá donde quiera que esté, con quien quiera que esté, y sea lo que sea lo que esté haciendo, te estoy echando de menos. Estoy extrañando tu compañía, la forma en la que me haces sonreír con tan solo hablarme, y las largas horas hablando contigo de todo y a la vez de nada. Estoy extrañando el preguntarte cómo estás, porque yo siempre quiero saberlo, y seguro que ahora mismo daría lo que fuera por tener noticias sobre ti. Estoy extrañando el contarte cómo ha ido mi día, y que me animes cuando yo no puedo más. Escucharte contarme tus problemas, los audios con tu risa, y los míos tratando de contarte un chiste. Estoy extrañando tus fotos, tus buenas noches y tus te amo. Maldita sea, te estoy extrañando tanto, y ni si quiera me he ido, pero la simple idea de que pueda suceder me parece devastadora. Te amo, y te lo digo hoy porque aparentemente mi yo del futuro es lo suficientemente estúpida como para no hacerlo. Te amo, y aunque ya no nos hablemos, siempre lo seguiré haciendo, porque una persona con la que se ha vivido tanto, haya pasado lo que quiera que sea, nunca se la deja de querer. Y pensaré en ti, y te recordaré, eso jamás lo dudes. Espero que tú también lo hagas, pero con cariño, no quiero que tengas una mala imagen de mí. Yo sé que tengo la mejor versión de ti en mi cabeza, siempre me dices que soy una exagerada y una dramática; yo solo creo que soy una afortunada, y he tenido la suerte de ver todo lo bonito que eres. Y se es bonito con imperfecciones y con errores, no quiere decir que seas perfecto, eres humano. Pero sigues siendo la persona más bonita que he conocido. Y no hablo de algo físico, aunque también sea así. Hablo de ti. Eres una persona tan bonita, tan liviana, tan pura; y tú no te das cuenta, pero lo eres. Y siempre serás la persona que saca lo mejor de mí, y me hace querer seguir adelante. Ya sé que te lo he dicho, pero te lo vuelvo a repetir. Que te amo. Cada maldita parte de ti, y de nosotros. No sé qué mierda habrá sucedido para que ya no esté ahí, ¿pero crees que puedas solucionarlo? Si yo soy la culpable, espero que me perdones, y si tú eres el culpable, espero perdonarte. Estoy segura de que lo haré, porque tengo debilidad por ti. Solo no dejes de intentarlo. Yo no lo haré. Y si nos separamos de mutuo acuerdo, entonces es que los dos somos unos idiotas. Sé que yo pertenezco a tu vida, y tú a la mía. Dos personas como nosotros, la conexión que tenemos, eso no es algo que vayamos a encontrar en ninguna parte. Y, si decides que ya es demasiado tarde, o que es mejor dejar las cosas así, solo te pido que te acuerdes de mí, yo te prometo que me acordaré de ti.
domingo, 9 de septiembre de 2018
Yo también
Le digo que lo amo, y me contesta que ya lo sabe, y que lo aprecia. Me quedo estática, sin saber qué hacer, con el corazón destrozado y los argumentos echados por tierra. ¿Qué se supone que se dice cuando destruyen la poca valentía que hay en ti? Cuando, para una vez que tienes coraje, acabas en mil pedazos. Y me digo que soy fuerte, que ya lo sabía, que no pasa nada. Pero sí que pasa. Y miro sus ojos, esos que provocan en mí mil cosas, y fuerzo una sonrisa. ¿Pero por qué? Me preguntarás, y yo no te sabría contestar. Porque lo amo, tal vez, y puede que esa no sea la respuesta que estás buscando, pero es la única verdad. Lo amo y, aunque duela, a él no le tiene que doler. Así que me recompongo, recojo los pedazos esparcidos de mi corazón y me marcho. Pero entonces me detiene, su mano en mi brazo, cálida, diciendo tanto. Sus ojos brillan, pero no como su sonrisa tan radiante. Los pedazos acelerados en mis manos. Hasta que la sonrisa desaparece para dar paso al habla, y me pregunta si estoy bien. Suspiro, los pedazos se vuelven a romper. Le digo que sí. Él me dice que también. Le contesto que me alegro de que esté bien. Y entonces me dice que me ama también.
sábado, 8 de septiembre de 2018
Te amo
Te escribo porque no sé qué más hacer, para hacértelo saber. El expresar mis sentimientos últimamente no se me ha estado dando precisamente bien. A veces pienso que lo estoy logrando, que de verdad me he expresado con claridad, y entonces me doy cuenta de que no. Muchas son las horas que he pasado pensando, buscando la manera de hacértelo saber. O puede que no, y solo quiera engañarme y, de nuevo, esté jugando a estos juegos sola; sin darte una invitación, ¿te sirve ahora? ¿crees que puedas captar el mensaje?
Me haces tan feliz
Me haces feliz, me haces tan malditamente feliz con tan solo unas palabras, que a veces hasta me duele ver el poder que tienes sobre mí. Y tú lo dices, como si nada, y continúas con tu vida sin darte cuenta de que has parado todo mi mundo. Me dejas sin respiración, atolondrada, con ganas de más. Y tú te ríes, porque decir esas cosas es tan impropio de ti. Y yo sonrío, con las mejillas sonrosadas y el corazón a punto de estallar. ¿Te das cuenta de lo que me haces? Me haces querer vivir, y no es que antes no quisiese, es que no sabía lo que era vivir, no de verdad, al menos. No después de escuchar el sonido de tu risa, y sentir ese cosquilleo en el estómago de saber que es por mí. No después de ver tu sonrisa, relajada, y darme cuenta de que es simplemente perfecta, y lo es porque, en realidad, no lo es. Pero es que todo en ti se ve tan bien, se siente tan bien. Y cuando las cosas son por mí o para mí, me maravillas, me haces querer más y más de ti, hasta que ya no puedas más. Hasta que ya no haya nada más.
jueves, 6 de septiembre de 2018
Estoy cansada
Quizás tengas razón y sí que me acabe cansando. Pensé que no lo haría, que jamás podría cansarme de ti; pero ahora me doy cuenta de que no es verdad. De que cada día se me hace más difícil aguantar tu mordacidad, tu frialdad e indiferencia. Supongo que estoy cansada de que siempre estés mal, y sea todo tan siempre entorno a ti. Extraño a tu antiguo yo, al que hablaba con una sonrisa en el rostro y le contaba aquello que tenía tantas ganas. ¿Sabes cuál es el problema? Que la cosa se ha vuelto un: ahora no es el momento, ya se lo diré otro día. Y al final se acaban los días, y yo me quedo sin decir nada. Muda, cuando antes no callaba. Estás acabando con la chispa, esa que tanto he amado, y que ahora hablo en pasado, no porque ya no la ame, sino que porque ya no existe. Siento que no puedo aguantar más así, no toda la vida, al menos. Así que supongo que sí, que tienes razón, que la has tenido todas aquellas veces que me has dicho que me iba a cansar de ti. Ya me estoy cansando.
miércoles, 5 de septiembre de 2018
Vuela
Vuela.
Vuela alto.
Vuela lejos.
Y entonces deja de volar.
¿Qué ha pasado, pequeño pajarillo?
¿Por qué ya no vuelas más?
Entonces me enseña el ala lastimada.
Quebrada.
Y me doy cuenta de que ha sido adrede.
No por él.
Por alguien.
¿Quién querría lastimarlo?
Pero la respuesta es tan sencilla.
Tan obvia.
Tan certera.
Tan celosa...
martes, 4 de septiembre de 2018
Pensé en ti
Me dijeron que pensase en alguien, y pensé en ti. Qué inevitable, ¿no? El que vengas constantemente a mi mente, hasta cuando yo no lo hago en la tuya. Tu nombre, retumbando, y yo cerraba los ojos y pensaba en ti. Cada palabra, todas y cada una de ellas, gritaban tu nombre, aunque no estuviese escrito en ellas. ¿Era necesario acaso? No, porque de alguna forma me has calado tanto que ya es algo habitual, el que no me dejes. En mis noches de insomnio, esas que paso sola, y que a la vez no es verdad; porque siempre está aquí tu fantasma. Susurrando a mi oído palabras que nunca me has dicho, y que ni dirás, pero que mantienen siempre viva mi esperanza. Que sí, que algún día las dirás, que sí, que algún día las diré. Que seré valiente, la chica que no se calla nada. Y tú serás el chico que me acompaña. Pero no es cierto, como esos diálogos que desarrollas en tu mente antes de iniciar una conversación, hasta que de repente esa persona dice una cosa completamente distinta y te descoloca, rompiendo todo el plan. Así, así se siente, como algo que solo puede ocurrir en mi mente. Pero no lo niego, no, que cada noche ruego porque mis palabras sean, por una vez, las tuyas.
domingo, 2 de septiembre de 2018
Hay días
Hay días que te arrastran. Simplemente, sin más. Y no hay otra forma de explicarlo, porque es la realidad. Días en los que no te apetece hacer nada, y es preferible que no tomes ninguna decisión; porque definitivamente no sería la indicada. Días en los que no hablas con nadie, y por algún motivo parece que los astros se alinean para que no te hable nadie tampoco. Días que ni si quiera deberían llamarse días, más bien noches, por esa oscuridad que los caracteriza, aunque fuera deslumbre el sol. Llamados noches, porque te hacen reflexionar, y hacen que quieras salir de ti mismo, agotado. Hay días en los que la debilidad es mayor, y no hay cupo para el positivismo. Ni para ti, ni para nadie. Son días en los que tan solo te quieres encerrar. O noches, como se ha acabado volviendo el día. Hay días que deberían durar menos de veinticuatro horas, porque ya con cuatro se vuelven exasperantes, agotadores. Días que deseas que acaben, porque ya no puedes más.
viernes, 31 de agosto de 2018
Lo siento
Lo siento. Por molestarme por todo, y crear un drama detrás de otro. Por echarte en cara constantemente las cosas, y que siempre tengas que ser tú quien me hable para solucionar las cosas. Siento causarte más problemas de los que ya tienes, y a veces no ser muy comprensiva, o no llegar a entenderte del todo. Siento ser impulsiva, exagerada y rencorosa. Siento que me afecten tanto las cosas cuando no debería, y te juro que lo intento controlar, pero simplemente no puedo, soy así, y lo siento también por eso. Siento llenar de más mierda tu vida cuando ya estás mal, y no te lo mereces. Y siento no ser la mejor amiga que esperas y te mereces.
Deseo no ser yo
A veces me pregunto por qué todo el mundo lo hace, por qué me apartan, me dejan de lado, como si yo no valiese nada. Y entonces lo entiendo. Al principio pensaba que era algo que hacía, que no era suficiente, que tenía que mejorar; pero por más que lo intentaba, no funcionaba. Entonces me di cuenta de que el problema soy yo. Y no importa, no importa en lo absoluto todo lo que trate de hacer, porque al final seguiré siendo yo, y nadie aceptará eso. Nadie lo aguantará. Así que dejo de esforzarme, en tratar de ser simpática, guardar mis sentimientos, no hacer daño, ¿de qué me sirve todo eso? De qué me sirve siempre ofrecerme a ayudar, y compartir lo mío, si cuando la gente obtiene lo que quiere de mí se va con otras personas a disfrutar de lo que han conseguido; y me dejan fuera a mí de ello. Así que vuelvo a estar sola, con la música en bucle y el agua salada empapando mis mejillas, preguntándome por qué yo. Y por qué tengo que ser así. Deseando, a veces, poder simplemente no ser yo, y ser aquella persona a la que todos dedican su atención, y con quien quieren estar. A veces me canso de esta soledad. Pero entonces entiendo que nadie está, y que lo voy a tener que aceptar.
Soy agua
Creo que, a veces, la gente piensa que soy de hielo, que yo no siento, tan solo porque mantengo mi rostro neutral, porque me callo lo que siento. Y eso no es verdad. Tengo sentimientos, igual que el resto, y las cosas me duelen como a todo el mundo. Me duelen al punto de que, si soy hielo, con cada cosa me derrito un poco más, hasta acabar siendo agua. Y estoy cansada de que me traten como si nada me afectase, porque soy yo, ¿verdad? Y como soy yo, ¿qué más da lo que decimos? Se le puede lastimar tranquilamente. Estoy cansada de esto. De la gente que me hace daño, y de quienes me apartan deliberadamente, de quienes me dejan de lado; de que no se me trate con valor. Puede que sea exagerada, o una dramática, pero las cosas las siento de corazón, y os puedo asegurar que mis lágrimas son muy reales. Y, si no me creéis, las podéis ver ahora mismo, en cada palabra que he escrito.
Yo valgo más
¿Se supone que simplemente tengo que dejarlo pasar? ¿Ocultar todos estos sentimientos? Solo porque no son correctos. Porque alguien dice que no se corresponden con la realidad. ¿Sabes qué? Que es un error lo que dices, porque se corresponden con mi realidad, y es igual de correcta que la tuya. Estoy cansada, de que siempre me dejen de lado, que se olviden de mí y tiendan a pensar en mí como alguien que no tiene sentimientos. Claro que los tengo, como cualquier otra persona. Que no quiera dejarme llevar por ellos, y sea fuerte, no quiere decir que me duelan menos las cosas. Me duelen, y me duelen mucho además. Pero trato de seguir adelante, de obviar a todas esas personas que me lastiman, y que dicen, ¿qué más da? Si es ella. Exacto, soy yo, así que, me podéis pisotear, ¿no? Y la respuesta es no. No voy a caer en el juego de nadie, ni me voy a molestar más. Mis sentimientos valen más que todo esto. Yo valgo más.
martes, 28 de agosto de 2018
Ya no estás
La casa se siente vacía desde que tú ya no estás. Muerta, más bien, sin tu música a todo volumen y tu voz para acompañar. Mamá y papá ya nunca están, y tú tampoco. Y, cuando ellos están, ya no se siente igual. Como si, al irte, te hubieses llevado contigo una parte que ya no se puede recuperar. Tu habitación no existe, y creo que lo que más pena me da es no tener un sitio en el que poderte recordar. E, incluso así, no puedo parar de imaginarnos, a mí, tumbada en tu cama, y a ti frente al espejo, pasando horas arreglándote. Y tu voz contándome adónde ibas, y tus risas genuinas que, a veces, por las noches acababan en llanto mientras te deslizabas en mi cama para abrazarme, mientras yo te susurraba que todo iba a estar bien. Y los días encerradas viendo aquellas películas cursis que nos hacían soñar conque algún día seríamos nosotras, aunque no fuese verdad. Momentos de pura felicidad, aunque por aquel entonces yo no sabía que, de repente, un día, tú ya no estabas más. Tan precipitado que pensé que no era verdad y, sin embargo, a pesar de todo el tiempo que ha pasado todavía me despierto con la esperanza de bajar a desayunar y encontrarme contigo, y que me pidas que te acompañe a cualquier lugar, y que yo acepte, porque lo único que me importa es estar contigo. Pero ya no estás y, aunque me duela, jamás volverás.
Te extraño
Hoy me he acordado de ti. He leído, y tu esencia estaba impregnada en un personaje y, la mía, en otro. Estás lejos de aquí, y ojalá pudiera decir que te siento muy cerca de mí, pero eso sería mentir. Extraño las noches en vela, en las que me contabas tus romances fortuitos, y me decías que ojalá yo encontrase algo mejor de lo que lo has hecho tú. Extraño ver tu habitación, morada, repleta con tus muebles, y verte a ti sentada frente al espejo, maquillándote o peinándote, como siempre hacías, arreglándote para ti. Extraño el tumbarme en tu cama mientras te hacía compañía al hacer tú aquello, aunque a veces ni si quiera nos dirigiésemos la palabra y solo estuviésemos ahí, juntas. Extraño ver películas románticas que ya sabíamos cómo iban a acabar, pero que nos hacían llorar igual; el leer un libro e inmediatamente después dártelo para que lo leyeses y pudiésemos hablar juntas sobre él. Extraño el ver series juntas, ir a la playa porque te quieres poner morena y me obligues a hacer cosas que de otra forma no me atrevería. Que me hagas compañía en las eternas reuniones familiares, y en las solitarias horas que paso en casa. Extraño que me molestes cuando trato de estudiar y que me digas que debería dejarlo y salir un rato. Que me acompañes a conciertos, y escucharte cantar. Extraño que ya no estés aquí, y te extraño aún más al saber que ya jamás lo estarás. Que ya nunca estarás en la habitación de al lado para contarte mi sueño nada más despertar, y me ayudes a buscar el significado, ni te abrazaré mientras lloras desconsoladamente. Extraño tus molestos ruidos, porque tú nunca has sido sigilosa, y la casa se siente tan sola desde que te fuiste de aquí, que a veces me sofoca vivir en tanta soledad, cuando antes había estado tan rebosante de vida, y había sido tan feliz estando contigo. Te extraño tanto a ti.
domingo, 26 de agosto de 2018
Me preguntas
Me preguntas, a pesar de que sabes que no te va a gustar la respuesta. Y me obligas a darla, rompiendo mi corazón con ello. Que irónico, ¿no? Cuando quien tendría que llorar no soy yo. Y tú avanzas, pero atrás me quedo yo, haciendo que me replantee mil cosas. Me quebraste, te acepté de vuelta, y ahora quien te rompe soy yo, logrando llevarme a mí por el camino. No importa lo que haga que, al final, la que acaba tirada en el suelo soy yo, por lo que siento, y por lo que no. Me preguntas y te pido por favor que no, que eso, no. Pero lo haces, y me insistes, y aunque respondo se me coge un nudo en el pecho tan grande que todavía hoy me dura la sensación. La sensación de vacío, de abandono, de daño, ¿y sabes qué es lo peor de todo? ¿Lo que más me duele? No haberte hecho a ti la misma pregunta. ¿Qué hubieses respondido? Y quizá la respuesta hubiese sido la misma que la mía, ¿sabes qué es lo que más me asusta de todo esto? Saber que de haber sido así, me habrías destrozado el corazón.
Te quiero, pero no
¿Cómo te lo digo? Esto que siento, que llevo tan dentro. Que te quiero, pero no te quiero, ¿tiene sentido lo que digo? Porque quiero el recuerdo que tengo de ti, lo que solíamos ser, pero no quien eres hoy. No me vale tu perdón, si con ello crees que todo está arreglado; y es que para mí una disculpa sirve para empezar de nuevo, no para continuar donde se ha dejado. Y te digo que te aprecio, porque lo hago de verdad, porque en el fondo sí te quiero, pero no. No voy a dejar que entres en mi vida, la destroces, y dejarte marchar sabiendo lo que siento. Porque no te quiero y, a veces, hasta me caes mal. Mal al punto de no querer volver a verte más, de dedicarte mil insultos en mi mente y dejarte de hablar. Pero entonces vienes y tiras mis muros, con tus palabras que me recuerdan lo que eras, y vuelvo a darte una oportunidad. La desperdicias una vez más. Y te digo la verdad, esa que duele, pero que me afecta más a mí que a ti, a pesar de que la causante del daño soy yo. Porque te quiero, pero no.
viernes, 24 de agosto de 2018
Destino
La primera vez que te vi no me di cuenta de ello, pero ahora que miro hacia atrás en el tiempo lo único que puedo pensar es que tú tienes que ser obra del destino. Que la vida me ha estado golpeando sin cesar porque me estaba preparando para que me mereciese lo que me iba a llegar, porque solo así sería capaz de apreciarte. Como un ángel, demasiado bueno para mí, más de lo que jamás podría esperar; y estaba todo escrito allí, en las estrellas, que tú eras para mí aquello por lo que yo había estado rezando, como si mis oraciones te hubiesen traído hacia mí. Cosa del destino. Y te vi, entre toda la multitud, porque tú brillabas más que nadie, aunque aquella luz tan solo la podía ver yo. Tú viste la mía. Me dijiste que era tu ángel, aquello que tanto habías estado esperando, ¿y qué casualidad, no? Que yo había estado esperando por lo mismo. Y como la obra del destino, nos unimos, complementados el uno por el otro, aquello que nos habíamos ganado, que nos merecíamos. Todavía hoy te veo con los mismos ojos que aquel día en el que te reconocí como mi milagro personal, porque tenían razón, solo después de todo lo que había sufrido sería capaz de reconocer en ti la persona que tanto quería, y que quiero, porque cada día tan solo estoy más convencida de ello, de que eres la luz que me ilumina en mis malos días, y yo soy la mano que te levanta en tus caídas.
Mi vida me pertenece
¿Crees en el destino? En ese que, hagas lo que hagas, al final acabas encontrándote con lo que te tenía preparado. Como si no pudieses escapar de él. Esa persona que, a pesar de estar en la otra punta del mundo, te acabas encontrando con ella y te cambia la vida. Ese accidente que te pilla desprevenido. Ese beso con el que tanto has soñado. Esa ruptura inevitable. ¿De verdad que ya está todo dicho? Que yo no tengo ni voz ni voto porque, haga lo que haga, al final acabaré encontrándome con esa persona, chocando con ese coche, besando a aquella chica, o rompiendo con aquel chico. Que por más que huya de él puede que sea precisamente lo que me haga acabar de lleno en mi destino. Quiero pensar que no es así, que yo soy la que crea su propio destino; conociendo a mil personas, besando a otras tantas y sin rupturas descaradas, sorteando a coches, motos y a cualquier vehículo que se dirige hacia mí a toda velocidad. Quiero pensar que son mis decisiones las que me llevan a definir mi vida, el no mirar bien la carretera, el no cuidar a quien debía, o alejarme cuando no debía. Quiero pensar que mi vida me pertenece a mí.
miércoles, 22 de agosto de 2018
Quiero, a tu lado, volver a ser yo
Ha pasado tanto tiempo desde la última vez que te escribí, que ya ni si quiera recuerdo mis palabras hacia ti. Es irónico, ¿no? El hecho de que yo te pedí que me dejases ir, y ahora sea yo la que no te deja marchar, reteniéndote en mi mente. ¿Crees que sea hipócrita? Me siento una, al menos. Pero es que es tan difícil marcharse de un sitio en el que se ha vivido tanto. ¿Sabes cuál es el problema? Que tú, de entre todas las personas, no me has hecho sentir especial, como ha tratado el resto; me has hecho sentir que puedo ser yo misma, y eso no tiene precio. Y ahora te has ido, porque te lo pedí yo, pero cada noche tengo atascado tu nombre en mi garganta, soñando con que te pido que no me hagas caso, que te quiero aquí, a ti, que no me dejes ir. Pero ya te has ido, y no puedo obligarte a volver a por mí. No es justo, tampoco, a fin de cuentas debería ser yo la que corra hacia ti. ¿Me abrirás los brazos? Porque quiero correr hacia ellos, encerrarme en tu calor, esa que siempre me ha hecho sentir tan segura. Quiero, a tu lado, volver a ser yo.
Vive
No llores, por favor. Ya sé que el alma pesa, y los temores crecen, que los días pasan y tú sientes que no avanzas; pero el mundo se mueve y tú con él. No te pido que sonrías, ni que estés de buen humor, ni si quiera que estés bien, y mucho menos que finjas todo esto. Te pido que vivas, que vivas con tus miedos, y tus inseguridades; que luches con demonios, y mentes vacías. Que vivas con resaca de discusiones eternas, y gritos que no te dejan descansar. Con la música al máximo y los problemas al mismo nivel, porque huir no siempre es la solución. Que vivas con flojera, deshaciéndote de todo aquello que te haga mal, y las personas que te retengan. Que vivas con toda la carga que ello supone, sintiéndote bien o mal, siendo duro o fácil; aunque te aseguro que esto último nunca será real. Pero vive, maldita sea, vive como sea, que hasta con sufrimiento se tiene una buena vida, al fin y al cabo somos nosotros los que decidimos cómo vivirla.
martes, 21 de agosto de 2018
Amarte
Últimamente no me salen las palabras, atoradas, en alguna parte de mí. O quizá son mis sentimientos, los que no quieren salir. Escondidos, porque afrontarlos es demasiado duro para mí, porque eso significaría tener que aceptarlo. Resignarme. Y yo no me quiero deshacer de ti. Odio este sentimiento, el que me hace sentir cosas que no debería por ti, ¿pero y quién me puede culpar a mí? Si de entre todas las personas, tú eres la única que me ha hecho sentir. Puede que sea un amor fugaz, o eterno, no te lo puedo decir; lo que te puedo asegurar es que es intenso, profundo, y real. Un amor como los de antes, de escribir cartas, y mandarlas. No las envío, pero espero que mis palabras lleguen hasta ti, aunque sé que no lo harán. ¿Lo notas? Esa sensación, la de vacío, la que te hace creer que nadie se va a enamorar de ti, ¿no te parece que está desapareciendo? Supongo que debo nombrarme culpable. De robarte el ser la primera persona que te ame, y de amarte. Amarte sin premisas, ni miramientos, ni sufrimiento; tan solo disfrutarte.
Te he escrito cinco textos
Te he escrito cinco textos. El primero ni si quiera sabía que iba para ti. En el segundo vi un atisbo de ti, en el tercero se me vino tu imagen. En el cuarto apareció tu nombre. Y en el quinto ya estoy convencida de que estoy hablando de ti. ¿Cuántos textos más tendré que escribir para darme cuenta de que todos tratan sobre ti? Los alegres, y los tristes; los que hablan de amor y de odio. Textos, textos, todo contigo son textos, pues es en ellos en el único lugar en el que me atrevo a decir lo que siento, ya que no puedo decírtelo a ti. No puedo decirte que eres de lo único que puedo escribir, porque ocupas todos mis pensamientos. Que, para colmo, te has llevado mi corazón, y ahora ese vacío grita porque tú ocupes su espacio. ¿Cómo le digo a mi alma que tiene que velar sola, porque tú no le quieres hacer compañía? Y a mi cuerpo, ¿cómo le digo que envejezca solo? Que tú lo que quieres es estar lejos, con otra persona. O solo. Solo, al igual que lo voy a estar yo, porque siento que jamás voy a conocer a alguien como él, ni voy a sentir lo mismo. Es duro, conocer al amor de tu vida y saber que jamás te podrá corresponder y que, a pesar de eso, cada uno de tus pensamientos giran entorno a él.
jueves, 16 de agosto de 2018
No pienso perderte
Son días de incontable tristeza y soledad. Para ti, que lo estás pasando tan mal; y para mí, que desde aquí no te puedo ayudar. Me dices que ya no puedes más. Te digo que tú puedes con esto y más. A veces la vida parece la muerte, con su semblante tan lúgubre, trayendo tan solo sangre y lágrimas, pero te prometo que no lo es. Que no es siempre así. Hay etapas más duras que otras, en las que nos sentimos solos, devastados, pero siempre y ante todo, hay que seguir. Tienes que levantarte, deja ya de llorar, deja esos cristales que tanto daño te hacen, y conviértelos en un espejo mágico. Pregúntale, pregúntale por la persona más bella del lugar, y ya verás que la respuesta eres tú. No necesitas que nadie te diga eso, porque quien en realidad tiene que decírselo a sí mismo, eres tú. Y sé que a veces el exterior nos afecta, y la mente es la mente, pero también sé que no hay nadie más fuerte que tú. Entiendo que los problemas te afecten, y que quieras huir. Entiendo también que te has cansado de esconderte, pero a la vez no puedas dejar de hacerlo, que te sientas solo, aunque estés rodeado de tanta gente. Y sé que, a pesar de todo, quieres seguir haciéndole a todo frente, porque, como te he dicho, tú eres el más fuerte. Y cuando te quiebren las fuerzas, contarás con las mías, porque si te has de cruzar con la muerte, tendrá que pasar por nuestro fuerte, y juntos somos todo un torrente, indestructible, imponente. No tienes que pedirme que no te deje, no lo haré, porque eres, como siempre me dices a mí, más de lo que podría esperar. Y no pienso perderte.
Lo sé
Sé lo que sientes, el dolor que te consume por dentro; me lo has enseñado, y es atroz. Sé que cada día te duele despertarte, y que a veces desearías no hacerlo más. Que las noches son malas, y los días peores, que te inundan las pesadillas con los ojos abiertos y que tu propia vida parece una película de terror. Pero también sé que eres fuerte y que cada herida, provocada o no por ti, será una cicatriz en tu cuerpo y en tu corazón, que te recordarán por lo que has vivido, y lo que te ha tocado sufrir. Pero ese día ya lo habrás superado, te prometo que sí. Puede que ahora todo te parezca oscuridad, pero yo todavía recuerdo aquel día que me dijiste que para ti soy una luz en medio de la oscuridad, como la canción; y tú sigues siendo la oscuridad que quiero iluminar. Y sé que estás cansado de luchar, que cada día te quedan menos fuerzas y toda la vida te parece una mentira, pero cuando tú no puedas más, yo tiraré de ti. Que si a ti no te quedan fuerzas yo te las doy. Lo siento, por no poder ayudarte, porque sé que quieres que alguien te levante, no estar solo, pero es que esto es algo que solo tú debes superar. Todo está en tu mente. Lo único que puedo hacer por ti es recordarte que siempre tendrás una amiga en mí, la primera, pero jamás la última. Y que, sea como sea, pase lo que pase, yo siempre seguiré amándote.
sábado, 11 de agosto de 2018
Yo te quería
¿Sabes qué es lo más triste de todo? Que yo te quería como para caminar juntos, de la mano, pero no hoy; sino que toda la vida. Yo te quería para ponerle nombre a nuestros hijos y ver caer por cien años las hojas de los cerezos. Para caminar con bastones, y morir en la cama. Te quería como para no abandonarte, luchar por ti, y demostrarte cada día lo que sentía por ti; por el resto de mi vida. Y, mientras yo labraba un futuro en un presente tan alejado de la realidad, tú soñabas con mi cuerpo, con cómo meterte dentro, para luego tan solo salir. Yo quería penetrar en tu alma, conocer cada recoveco, y adentrarme en tu mente, hasta saber todo de ti. Pero para ti todo era superficial, y ni si quiera te paraste a pensar en si yo tenía alma, o una mente para compartir. Nunca quisiste saber de mí, ni te fijaste en cómo las comisuras de mis labios se elevaban nada más verte, o en el brillo de mis ojos al estar junto a ti. Miraste donde no debías mirar, exploraste aquellas partes de mí que no te correspondían, y me robaste lo único que tenía. Y ahora me dices que me querías, pero dime, ¿acaso pensaste tú en la forma en que yo te quería? Porque hay muchas formas de amar y, me temo, que la tuya no se corresponde con la mía.
Hielo
Dicen que el amor es fuego y pasión, pero eso lo dicen aquellos que no te conocen. En tu mirada no hay fuego, hay hielo, uno que cala hondo; hasta los huesos. Tus marcas no se dejan en la piel, como muchos suelen representar, las tuyas calan hasta el alma, esa que congelas con tan solo unas palabras. Y muchos dirán que eso no es amor, que el amor te hace palpitar el corazón, y te llena de mariposas, pero para mí no. Tú no me provocas eso. Tú eres hielo y escarcha, me dejas estática, paralizada; no me tiemblan las piernas cuando estás cerca, porque provocas que ni si quiera me las sienta. Mi corazón no late con rapidez, se detiene, tratando de memorizar el momento en el que te veo. Para nosotros no hay besos bajo la lluvia, porque ni tú eres de dar besos, ni yo soy de esperarlos. Y mientras otros graban a fuego lento los momentos, yo los congelo, quedándomelos para siempre. Que yo no tallo nuestros nombres en el tronco de un árbol, yo los escribo sobre la nieve, hasta que, con los copos, se borran. Porque entiendo que el amor es efímero, y aunque traten de magnificarlo, de decir que es eterno, yo sé que no. Y a pesar de ello te estoy escribiendo esto, porque espero derretir un poco de tu hielo, y un poco del mío, para hacer que se unan los dos.
Viento
Mece mi cabello este viento tan disperso, perdido, en un lugar en el que no debería estar. Como yo. Pero él se queda, y yo también. No importa que ninguno de los dos encaje en aquel lugar, y que, tal vez, no estemos haciendo bien; pero somos egoístas, y nos queremos quedar. El viento azota los árboles, salvaje, y yo cargo contra su corazón, decidida. ¿Y quién decide que los dos nos quedemos ahí? Cuando no hacemos ningún bien, y lo único que somos, es destrucción. Pero no se atreven a dejarnos ir, ¿sabes lo difícil que es atrapar el viento? No se puede, siempre se acaba yendo, hasta que ya no queda nada. Como yo. Un día voy a desaparecer, y entonces te vas a dar cuenta de todo el daño que te he causado, que la culpable de ese dolor que cargas, siempre he sido yo. Te vas a dar cuenta de que estás mejor sin mí, y de que yo te lo advertí, que quisiste domar lo indomable y cargaste contra algo que no se podía. Te hice daño, aunque en realidad yo no quería, te lo juro que no, pero está en mi naturaleza el ser así. Lo siento. Siento todas las estacas que lograron desangrarte un poquito más, y ser la que después te intentase curar. No se pueden curar las heridas que uno mismo provoca, lo mejor, es dejar marchar. Me tienes que dejar ir, no puedes seguir dejando que te retenga, soy mala para ti, ¿es que no lo ves? Que tu mayor obstáculo soy yo. Que el sufrimiento que cargas, es parte de mi culpa, que he derribado muros que deberían seguir alzados, y he quebrado tantos cristales que, al final, a quien acabé quebrando fue a ti. Lo siento, por ser egoísta y quererte, y no dejarte marchar cuando sé que debería hacerlo. Lo siento por ser la causa de tu malestar, y por todo el daño que te he causado. Lo siento por ser yo, pero el viento no tiene dueño, y ni yo sé adónde voy.
jueves, 9 de agosto de 2018
Ella soy yo
Brillo dorado, feroz, en la mirada, y hoyuelos que cubren con falsa ternura la jodida realidad. Jodida, porque así es como ella está. Con una sonrisa brillante, deslumbrante, y diciéndole a todos lo bien que está. A veces no es verdad, pero a ella no le gusta ser el centro de atención, ni mostrar debilidad. Le gusta ser la chica fuerte, con la que todos pueden contar. Lo es, y siempre lo será; pero hay días en los que le cuesta levantarse, ¿y a quién no? Pero ella se empeña en intentar ser un ser superior, uno casi perfecto, en un mundo inverosímil en el que nunca se está mal. Con una sonrisa pintada, unos hoyuelos adornando su angelical rostro, y esa mirada enternecida, que te hace saber que, a pesar de todo, ella está bien, y puede salir de todo. No importa lo que le ocurra, que esté sola, o que ya no pueda más. Siempre encuentra la manera de seguir adelante, con o sin ayuda, y de encontrar motivos para estar bien, y, lo más importante, para sonreír de verdad. Siempre vuelve a salir al mundo, dispuesta a luchar por lo que quiere y cree, y para ayudar, hasta cuando a ella la dejaron de lado; porque ella siempre estará. Y no se desanima, no, porque a ella la dejen sola cuando más los necesita, porque ella aprendió que a la única persona que necesita, es a sí misma.
lunes, 6 de agosto de 2018
Acantilado
Me siento frente al acantilado, dándome cuenta de que ya no me parece tan bonito. Me he sentado aquí mil veces, y las mil me pareció hermoso; pero en todas esas habías estado tú. Ahora ya no estás. Y lo contemplo, te juro que trato de verlo con los mismos ojos, pero es que es tan duro cuando no estás tú. Hablando de todo, y a la vez de nada. A veces llorando, a veces riendo. Otras tantas tan solo en silencio. Pero junto a ti, siempre junto a ti. Y ahora el viento azota mi cabello, escucho el choque de las olas al romper; y me sigues faltando tú. Cierro los ojos, tratando de imaginar que estás a mi lado, pero no es la misma sensación. Es curioso, el saber que estás ahí, pero a la vez no. Que estás tan lejos, pero a la vez tan cerca. No me atrevo a buscarte, porque sabes que estoy aquí, y yo tan solo estoy rogándote porque vengas, que vengas a por mí. Te extraño, cada vez que me siento aquí, en mis noches de insomnio, esas que siempre llenabas con tu compañía. Ahora solo me queda el paisaje. Y es hermoso, de verdad que sí, ¿pero de qué me sirve tener frente a mí la vista más bonita, cuando lo más bonito de mi vida eres tú, y ya no estás para verlo conmigo? Ojalá subas a buscarme, porque la noche es larga, y el frío cala, y yo sigo esperando por ti.
viernes, 3 de agosto de 2018
Ya no puedo más
A veces parece que nada existe. Es como si la realidad se volviese borrosa, más parecido a un sueño, que a la propia verdad de la vida. O quizás soy yo, que prefiero distorsionarla que enfrentarme a ella. No quiero hacerlo más. Hoy traté de vencerte, y tan solo me hundí más. Las gotas, dulces, han recorrido tantas veces mi rostro que ni si quiera las he podido contar. Y hoy me pregunto si merece la pena seguir. Porque hoy estoy peor que ayer, y que antes de ayer; y seguramente, mañana, tan solo esté peor. Porque nada avanza; la marea tan solo me arrastra. Y ya no me queda nada. Ni seguridad, ni positivismo, ni ganas de seguir. No me quedan ilusiones, ni esperanza. Ni fuerza de voluntad. Me he cansado de caminar, pues me he dado cuenta de que estaba tratando de subir unas escaleras mecánicas en la dirección contraria. No encuentro las indicadas. Y estoy sola, en el centro comercial, como una niña pequeña que se pierde, y no encuentra a su mamá ni a su papá. Y empiezo a llorar, porque me doy cuenta de que el único modo de llegar a ellos, de llegar a todos, es subiendo. Pero no puedo. Así que me quedo sola, en el suelo, con la cara empapada y sabiendo que ya no puedo más.
Días
Hay días que ni si quiera deberían considerarse como tal, con tanta oscuridad. Días que parecen noches eternas, sin luna, y sin luces para iluminar. Días en los que el aire sopla, frío, y cae una lluvia torrencial. Hay días que no merecen ser días. Que en lugar de viernes, debería ser jueves; porque a veces es mucho mejor vivir atrás. Quiero volver a ayer, para ahorrarme hoy, y no tener que vivir con el mañana. Por favor, Dios, no me hagas tener que vivir un mañana. Ni si quiera puedo con hoy, ¿cómo voy a sumar otro día más? Si es que suma, porque yo diría que avanzo hacia atrás. Restan los días, resta la vida. Lo único que suma, son las desgracias. Y los malos días. O la mala vida.
miércoles, 1 de agosto de 2018
Dicen por ahí
Dicen por ahí que las noches son más solitarias sin tu compañía, que cada canción me recuerda tu nombre, y cada mensaje me hace querer que, en realidad, fueses tú. Dicen por ahí que te echo de menos, aunque tan solo hayan sido unos días sin ti. Y es que, ¿quién me puede culpar a mí? Si tú estabas siempre ahí, y sin ti ya no me queda nada. Hoy, que de entre todos los días es el que he estado más devastada, es cuando más te he echado en falta; porque por más que me hablen, no eres tú. Y te juro, estoy tan rodeada, pero es que sin ti me siento tan sola. Como si nadie me comprendiese, ni dijese lo que quiero escuchar; y puede que sea así, puede que lo único que quiera, es que las palabras las digas tú. Pero dicen por ahí que tú no quieres saber de mí, ¿y quién puede culparte a ti? Supongo que era inevitable, que acabaría pasando. O tal vez soy solo yo, que le doy muchas vueltas a todo. No lo sé, creo que este silencio tan solo me está matando. ¿Crees que puedas volver a por mí, por favor? Dicen que no vas a volver, ¿pero puedes culparme por querer quedarme a esperarte? Espero que las voces se equivoquen. Espero que tú también me quieras a mí.
Me voy
Me voy, y no es una amenaza, me temo; es un comunicado. Me voy, y no, no me mudo, ni me marcho a ningún lado. Pero me voy. Me voy de tu vida porque, simplemente, ya no me siento bienvenida. Me voy porque es demasiado duro verte y saber que te estás destruyendo, que no se puede ayudar a quien no quiere ser ayudado; y que tú has decidido ponerme a un lado. Me voy, porque te amo, y cada corte es una puñalada a mi corazón. Porque sabes que yo no soporto la autodestrucción, y tú lo estás haciendo en estos momentos. ¿Pero sabes qué es lo peor? Que, en el proceso, con quien vas a acabar es conmigo. Y yo no quiero caer, de verdad que no. No aguanto más la negatividad, las eternas malas rachas, que se convierten en vidas enteras, ni las horas en vela, rezando porque no te haya pasado nada. Me voy porque simplemente ya no aguanta más mi corazón, de tanto quererte, y ver que tu amor no es tan grande como el mío, como para querer parar por mí. Yo lo haría por ti. Haría cualquier cosa que me pidieses. Pero supongo que ya no, después de todo, me voy.
Tengo ganas de escribirte
Hoy tengo ganas de escribirte, a pesar de que no estés leyendo esto. Siento tanto en estos momentos, que ni si quiera sabría por dónde empezar. Llevo varias noches sin dormir, de la angustia, del agobio, del miedo. Y el dolor de cabeza persiste en mí, taladrándome lentamente. Estoy enfadada contigo. Por abandonarme a mí; y por abandonarte a ti. Estoy enfadada conmigo misma, por estar escribiendo esto tan solo con la esperanza de que, en el proceso, me llegue un mensaje tuyo. No llega, no. Y eso tan solo lo hace todo peor. Porque sigo esperándote, y no sé si es de ser ilusa, o de tener fe, lo único que sé es que no tiene pinta de que vayas a volver. Te estoy echando de menos, y te acabas de ir. Estoy sintiendo tu pérdida, y ni si quiera has desaparecido. ¿Es demasiado tarde para recordarte que te amo? Puede que sea así, que ya no vuelvas, y que me quede aquí, esperando hasta la saciedad, deseando que nunca te hubieses ido. O puede que, al final, la que se vaya sea yo.
jueves, 26 de julio de 2018
Dicen que me parezco a ti
Dicen que me parezco a ti. En mis silencios, cuando la mesa abunda en palabras, en mantenerme callada. Callada, pero atenta, hasta el último detalle, hasta que todos callan, y se posan en mí las miradas. Dicen que yo hablo poco pero que, cuando lo hago, es como si hubiese dicho mucho más que todos los que no callaban. Dicen que mi mirada es la misma que la tuya, a pesar de no ser más diferente. Tus ojos, azules, los míos, marrones. La misma fiereza en ellos cuando hablamos. Esa que hace que la gente nos respete, y se tomen en serio nuestras palabras; la que provoca que nadie nos contradiga. Dicen que tú siempre estabas acompañado de un libro, y que yo también. Que te gustaba aprender, y mantener extensas conversaciones. A mí también. Dicen que cuando hablo, ven tu reflejo en mí. Eso les duele, porque soy el recordatorio de alguien que fue, y que ya no es. A mí también me duele, por no saber si nos llevaríamos tan bien, o si realmente estarías tan orgulloso de mí. Dicen que me cuidas, allá donde quiera que estés. Y yo les digo que yo te pienso desde aquí, guardando tu recuerdo, para no perderte. Porque, de alguna manera, aún siento que estás muy cerca de mí.
martes, 24 de julio de 2018
Ven si tienes valor
Te has sorprendido de verme. Normal, también lo haría yo. Ahora soy tan fuerte, que hasta a mí me sorprende. ¿Dónde quedó la chica débil, la que no se defendía? Te la cargaste. Con tus palabras malsonantes, tus contestaciones impertinentes y tus constantes intentos de hundirme. No lo conseguiste, pero gracias por hacerme más fuerte. ¿Qué querías, golpearme hasta la muerte? Me buscabas, y aquí estoy, ¿es que ya no quieres verme? ¿Acaso te da miedo mi nuevo yo? No me extrañaría, porque aquella chica que se ahogaría en sus lágrimas, hoy te mataría con simples palabras. Y no, no me tientes, no me busques más porque a la próxima te prometo que ya no habrá ninguna más. Siempre te has creído tan superior, haciéndome pensar que yo era mierda, y mira por donde que la mierda resultaste ser tú. Pero respira, tranquilo, que sí me has hecho heridas, tu objetivo, aunque no cumplido, alcanzó gran parte de él. La diferencia es que yo supe aprovechar tu daño, y lo que antes veía mal de mí, ahora tan solo me parecen ventajas. No voy a odiarme más, como tú querías, ni me voy a dejar hacer sentir inferior; porque no lo soy. Ni de ti, ni de nadie. Y ahora ven y dime que me equivoco, hazlo si tienes valor, que te espero con los brazos abiertos, y te juro que, como te acerques a ellos, acabarán con tu asfixia.
Adiós
Menuda mierda cuando no te valoran, cuando te hacen sentir inferior, cuando te critican y te tratan de hundir. Menuda mierda cuando esas personas dicen ser tus amigos. ¿Crees que un amigo me hablaría así? No, claro que no. ¿Crees que yo me voy a dejar tratar mal? ¿Por ti? No, cariño, claro que no. Si vienes a aprovecharte de mi baja autoestima, te comunico que has llegado tarde a puerto; que ese barco ya ha zarpado, y te ha dejado en tierra. Ya no soy esa chica que nunca está contenta, que piensa que todo lo que hace, está mal. Ya no soy la que se critica porque piensa que es fea, no es lista, y no escribe bien. Ya no soy la que está ahí para todos, y perdona a todos. Esa yo murió. Ahora soy la que no deja que nadie la pise, la que intenta pensar lo mejor de sí, la que se mira al espejo y no quiere romperlo. Y no, claro que no soy la mejor, ni me creo más que nadie. Pero soy yo. Y si te crees que puedes venir a romperme mis esquemas, te comunico que lo único que voy a romper, son tus intenciones. Ya no más. No más de rodearme de personas negativas que se creen que pueden hacer conmigo lo que les da la gana. Estoy cansada de soportar malas palabras y no se me trate como me merezco. Así que adiós, a ti, y a todos los que no tengan nada bueno que aportar. Adiós, y te lo digo sin amor, porque ese me lo reservo para aquellos que verdaderamente están; y ya te aviso de que tú, ni lo estás, ni lo estarás jamás.
sábado, 21 de julio de 2018
Frío
Frío. Últimamente es la sensación que más me acompaña. Recuerdo sus ojos, del color del hielo, y su piel que se asemejaba a la nieve. Su mirada, tan helada como su color, me volvía plena escarcha. Su roce, a mí, me ponía los vellos de punta. Me provocaba escalofríos. Por eso, te puedo asegurar, que todo él era frío. Su voz, distante, como si estuviésemos en una cueva y él me hablase a través del eco. Su sonrisa, blanca, cortaba la tensión en el ambiente. Pero él nunca sonreía. No, jamás lo hacía. Recuerdo tenerle miedo. Porque sus palabras cortaban más que el mejor de los aceros, y ni el cristal más afilado se clavaba tan bien en mi piel que sus uñas. Recuerdo querer gritar. Pero, de nuevo, frío. Como si me hubiese congelado, y fuese una estatua de hielo, que lo ve todo, pero sin poder reaccionar. Y, sin embargo, yo estaba ahí, atrapada. Viendo sin ver. Sintiendo sin sentir. Con heridas que traspasaban el hielo y que me quebraban el alma. Y el cuerpo, por desgracia. Recuerdo que el primer golpe solo me quitó un poco de escarcha. Se lo agradecí, me lo merecía, y así, al menos, obtendría un poco de su calor. Me equivoqué, eso tan solo me hizo sentir más frío. Recuerdo sus dedos, tratando de tocarme, y yo, alejándome. Sus puños cerrados en mí, como cadenas, que no se pueden romper. Y su lengua, contra la mía, a mi pesar. Es como cuando, de pequeño, pegabas tu lengua al hielo, y ya no la podías despegar, y los dos primeros minutos te hacía gracia, pero cuando llevabas diez, te daban ganas de llorar. Y querías que te lo quitasen, que te separasen. Yo me sentía así, atrapada, con mi lengua pegada al hielo, congelándome hasta mi ser, pero sin nadie que me ayudase a despegarme. Yo no me pude separar del hielo, pero lo hizo él de mí, no, sin antes, entrar en mi ser. Recuerdo sentir la quemazón del hielo, como cuando te arrastras desde lo alto de una colina apoyada en él, hasta abajo. Porque sí, el hielo también puede quemarte, y él me quemaba cuando estaba dentro. Cuando salía, era como si cayese de lleno en un estanque de agua congelada. Sus garras me habían dejado marcas, moradas, para acompañar a los colores fríos que se respiraban en esa casa, a la que yo llamaría iglú. Recuerdo que, un día, su hielo quebró tanto en mí que se me vieron hasta los huesos. Y eso era bueno, porque el blanco, era nuestro color. Se enfadó tanto conmigo, que de sus ojos salieron truenos, que cayeron sobre mí, abrazando mi cuerpo morado. Todo era mi culpa, por no ser de hielo, como él. Yo siempre quise ser fuego. Y el fuego se propaga, no tiene dueño, ni un parámetro. Va por libre. El hielo, no. Y él quería que yo me congelase con él. Al final lo hice. Recuerdo la sensación del agua inundándome, sin dejarme respirar. Bien, porque el agua, se convierte en hielo. Podría ser hielo. Y mis labios, que siempre habían sido tan rosados, cobraron el color morado. Mi piel, que nunca había estado cerca del color de la nieve, ahora se asemejaba más que nunca, ¡y mis ojos, dados vuelta, estaban blancos! Oh, mi frío amor, que me contemplas con las manos empapadas, llorando, ¿por qué lloras, mi amor? Querías que fuese hielo, y ahora lo soy. Una estatua para toda la eternidad, que por apagar mi fuego, apagaste hasta mi corazón. ¿Por qué te cuelgas, pues? ¿Es que también quieres ser hielo hasta la eternidad?
viernes, 20 de julio de 2018
Me duele tanto amarlo
Podría hablaros de tantas cosas; de la muerte, el fracaso, el rechazo, la pérdida, el dolor; y, sin embargo aquí vengo yo, a hablaros del amor. ¿Por qué? Me diréis, y la única respuesta que tengo, es porque es lo que siento yo. Para muchos amar es una bendición, a mí más bien me parece una condena. Encadenada a él, que ni si quiera me mira a mí. A él que, de todas las personas, ni si quiera se ha dado cuenta de que estoy amarrada. Cuando lo conocí, me pareció irrelevante. Y hoy aquí estoy, contándote cuánto me duele amarlo. Nos hicimos amigos, de estos que de un día a otro se han formado, y tú ni si quiera te puedes hacer una idea de cómo. Lo único que sé es que, de un día para otro, éramos inseparables, al punto de que a mí, me parece insano. Me parece insano que si, un día no hablo con él, no pueda sacarlo de mi cabeza, pensando en si estará bien, con quién estará, o si él también estará pensando en mí. La respuesta, a esto último, evidentemente es no. No, porque en estos meses de dura condena le dije que lo amo. Y me dijo que él a mí no. No, al menos, de esa manera. Que solo soy una amiga para él. Que es inconcebible la idea de verme de otra manera. Y a mí me estalla el corazón de tanta pena, de decirle que ante todo, quiero su amistad, que no quiero que las cosas cambien entre nosotros. De fingir que no me duele cuando me habla de otros, y el que nunca podré estar con él. Lo mío es un romance prohibido en todos los sentidos, por mí, por estar tan lejos; y por él, por no amarme a mí. Y que sí, que yo lo sé, que aunque fuese correspondido no tendría ninguna oportunidad, que es mejor así, porque al menos me puedo obligar a olvidarlo, y de ser devuelto la pena sería mayor; pero es que duele tanto. De verdad, amarlo duele tanto, que a veces siento que yo misma me he hecho trizas el corazón. Por haber encontrado a la persona perfecta, con la que querría compartir cada día de mi vida, y darme cuenta de que no podría estar más equivocada. Como siempre me pasa. ¿Y de qué me sorprendo, en realidad? Si a mí, lo bueno, nunca me pasa. ¿Cómo he podido ser tan ilusa de pensar que alguien me podría amar a mí? Y mucho menos él, que de entre todas las personas que conozco, se merece algo mucho mejor que yo. Y he intentado olvidarlo, te juro que sí. He fijado muros en mi corazón, he llorado lagos completos y me he dicho ya basta. Una vez detrás de otra, tratando de callar a mi corazón, ese que tanto ladra. Pero no. Y le dije, le dije que ya no le amaba, una mentira como una casa; porque la tonta que se lo creyó, fui yo. ¡Ja! A quién se le ocurre pensar que ya lo había superado, si a personas como él no se olvidan, se llevan en el corazón toda la vida. Tonta de mí, y de mi corazón, por pensar lo impensable, por engañarlo a él, y a mí. Pero qué más da, mejor así, ¿no? Que se piense que ya no lo amo, y librarlo de esa angustia de pensar que me hace daño. Mejor sufrir en silencio, por el hombre al que amo, con la esperanza de que, algún día, todo pasará. De levantarme sabiendo que ya no lo amo, de que puedo ser la amiga que se espera que sea, y no me dedique a fingirlo. Porque de verdad, quiero ser quien él desea, pero me duele ser tan poco, cuando yo quiero ser tanto. Me duele tanto amarlo.
Romper la distancia
Es la quinta vez que me desvelo pensando en ti, esta noche. Con el corazón agitado, y la cara empapada, de lágrimas por haberte tenido, tan cerca, y ahora estar tan lejos. A veces la distancia me mata. Me dijeron que no iba a funcionar, que no me hiciese ilusiones y que, estas cosas, nunca salen adelante. Que a una persona no se la conoce a distancia y que, cuando las ves, cambian. Me dijeron que me olvidase de ti, que amarte era una locura. ¿Y qué se supone que iba a hacer, enterrar todos estos sentimientos, esos que he sentido por primera vez en toda mi vida por alguien, solo porque no estás aquí? ¿Olvidarme de ti? Dime, dime pues cómo se hace. Dime cómo me olvido del mensaje que me alegra la mañana, la sonrisa que me deleita en la tarde, y la voz que me desea una buena noche. Dime cómo me olvido de la persona que ha estado para mí cuando antes no ha estado nadie. Me dices que paso demasiado tiempo con el móvil, que soy una adicta, pero yo de lo único que soy adicta; es de él. De sus risas, de sus idas y venidas. De sus te amo, aunque no sean del tipo que yo espero, y sus cálidas lágrimas cada vez que está mal. Dime cómo se olvida a la persona que ha estado ahí cuando no ha estado nadie más, la que te ha hecho ver que no estás sola, a pesar de no tener a nadie a tu alrededor. Esa que te ha demostrado que la distancia puede separar cuerpos, pero no corazones. Dime cómo supero a quien me ha hecho amar. A mí, que no creía en los te amo, y que ahora me da la necesidad de decírselo a cada rato. ¿Cómo coño se olvida a la persona con la que te gustaría compartir la vida? Esa que conoces desde hace tanto y que, a pesar de llevar mucho menos que otros, me ha hecho sentir tan intensamente. Dime pues, ¿cómo me olvido de él? De él, que es la única persona de la que me gusta mi nombre, la única por la que por perder, perdería hasta el sueño. No puedes pedirme que me olvide de él, porque ya es una parte de mí y, olvidarlo, sería dejarme atrás. Y sí, llámame estúpida, por amar a alguien que de mí no quiere más que mi amistad, de alguien que está tan lejos. Pero es que, maldita sea, para mí está tan cerca, que cualquier distancia me da igual. Por él, la rompería, buscaría cualquier forma, que lo haría.
Lo que llevo en el alma
Hola, sé que no estás leyendo esto y que, probablemente, jamás lo harás. Pero tengo que decirlo. Dejarlo escrito en algún lugar, lo que llevo en el alma. Cuando te conocí, ni si quiera me fijé en ti; para mí eras uno más del montón. Entonces me di cuenta de que las películas están equivocadas, que uno no se enamora a primera vista, así, de golpe. Que uno conoce a la persona, se vuelve su amiga y, cuando ya conoce hasta sus entrañas, se enamora; hasta las trancas. Lo que yo siento por él no se puede describir con palabras, porque es un amor de estos profundos que te calan hasta el alma, de esos que dicen que se tienen una vez en toda la vida. Que lástima que, el amor de mi vida, ni si quiera sepa de mí. Que sí, que se sabe mi nombre, mi cara, y por saber de mí, se sabe hasta mi alma. Lo que no sabe es que, a veces, me duelen sus palabras, que cada mensaje hace palpitar mi corazón y, cada noche, imagino un futuro con él. Lo que él no sabe es que se me hace duro ser solo su amiga. Y es que, Dios, es tan hermoso, ¿por qué no se da cuenta de que lo es? Si yo me pasaría horas mirándolo. Y que mis hijos, por mí, llevarían su nombre.
sábado, 14 de julio de 2018
Pasar
Y otra vez esa sensación. De que todos avanzan, que te dejan atrás. De que eres prescindible, siempre lo eres. Y llegan personas mejores, esas que hacen que quedes en un segundo lugar, para luego llegar a un tercero, hasta desaparecer. Ni si quiera quedo en los recuerdos, ¿y qué más da? Que todos se vayan. Que se olviden de mí. Yo sigo aquí. Y a veces duele, estar para todos, fingir que no me importa no ser nadie cuando quiero ser todo. El no estar realmente ahí, ni ser suficiente. El no poder ayudar, ni ser motivo para que quieran seguir luchando. A veces me siento como Lou, lo suficientemente importante para Will como para amarla, pero no para vivir. Paso por la vida, pero no dejo huella. Simplemente paso. Y estoy cansada de pasar. Me quiero quedar. Quiero quedarme en la vida de alguien, como yo me quedo en la de todos, pero, de nuevo, soy Lou. Quedándome completamente sola.
jueves, 12 de julio de 2018
Te miro por primera vez
Te miro por primera vez, a pesar de haberlo hecho tantas veces antes, y es que nunca te había visto de verdad. Nunca había observado ese tic nervioso de tocarte el pelo, cómo te muerdes el labio al estar concentrado o cómo agitas tu pierna, dando pequeños golpecitos, cuando te impacientas. Nunca me había fijado en tus ojos, que ahora me doy cuenta de que son mucho más que el color café que los impregna; son angustia, nervios, felicidad, tristeza. Son lo que te compone. Y esa sonrisa, que siempre ha estado entre tantas otras, y que ahora brilla como ninguna. ¿Cuántas veces te habré visto sin verte? Y es que suena tan incongruente, pero mis ojos han estado posados en ti innumerables veces pero ha sido hoy. Hoy me he dado cuenta de que estoy enamorada de ti. Y tan solo me ha bastado un vistazo, para darme cuenta de que es así.
lunes, 9 de julio de 2018
Gracias por ser mi mejor amigo
No sé en qué momento te volviste tan importante para mí; la persona con la que por fin siento que no molesto, con quien quiero hablar a todas horas, y puedo ser yo misma. A quien le puedo contar todo, sin ningún tipo de miedo. Quien me escucha, apoya y ayuda, la persona que está ahí a todas horas, incluso sin estar presente. A quien quiero contarle mi día, y compartir mi vida. La persona que me arranca una sonrisa con tan solo un mensaje, y me hace querer ser mejor. La persona con la que avanzo, y me siento protegida. Quien me hace reír, y detiene mis lágrimas. Gracias por quedarte conmigo, a pesar de todo, por apostar por mí, por nosotros, y por esta amistad que tenemos. Gracias por soportar mi mal humor, escucharme cuando estoy mal y tratar de ayudarme. Por preocuparte como nadie, quererme como nunca me habían querido, y enseñarme que la verdadera amistad existe, y es la que me brindas tú. Gracias, simplemente, por ser mi mejor amigo.
domingo, 8 de julio de 2018
Saltar
Saltas al abismo, porque te das cuenta de que es el único lugar en el que puedes estar. Nadie te puede ayudar, ni lo intenta lo suficiente. Y tú ya estás cansado de seguir intentándolo, solo, con esa angustia en el pecho, el corazón acelerado, y la respiración agitada. Con un nudo en el estómago, la visión borrosa, y aquellas ganas de salir de allí. De irte, de una vez por todas. Saltas, porque es la única manera de por fin sentirte libre, de no estar solo, de no ser tú. De acabar con todo. Por fin.
sábado, 7 de julio de 2018
Jamás habrá un tú y yo
Te alejas tan rápido que ni si quiera soy capaz de vislumbrarte más; y mi corazón se acelera, expectante de que vuelvas. Pero tú no lo haces. Y, entonces, me doy cuenta de que jamás habrá un tú y yo, porque tú eres demasiado tú, y yo soy simplemente yo. Así que vuelas, como un pájaro, al fin libre; pero yo me quedo encerrada en esta prisión que se hace llamar tu corazón, a sabiendas de que no debería. Porque tú has echado el candado, y, aunque tengo la llave, no quiero usarla. No, cuando se vive tan bien aquí, a pesar de lo que duele cada día. Porque Dios, amarte es tan fascinante, que ni si quiera me importa que no sea correspondido. Te mereces tanto mi amor, que no me importa clavar puñales en mi propio corazón si con ello logro sanar el tuyo. Y no tengo esperanzas de que algún día sientas lo mismo que yo, porque sé que no lo harás, que alguien como tú jamás se fijaría en alguien como yo, ¿pero acaso me culpas por amarte? Porque déjame decirte, que amarte, para mí, es un hecho irremediable. Y lo siento, por las molestias que pueda causarte; pero yo no soy nadie para decirle a mi corazón que deje de mirarte y, si pudiese, lo seguiría haciendo.
Gracias por ser mi mejor amigo
Me acuerdo de aquella oscuridad que me rodeaba, y de cómo pensaba que jamás podría vencerla. También recuerdo conocerte, y pensar que serías alguien más, hasta que de repente pasaste a ser alguien especial. Y tus palabras, siempre son lo que más me gustaron de ti, esas que me hicieron darme cuenta de que soy fuerte, de apreciarme más, tanto por dentro, como por fuera. Ese apoyo incondicional, consiguiendo hacerme sentir tan cerca de alguien, a pesar de que no podríamos estar más lejos. Esas horas tan solo escuchándome, porque era lo que necesitaba, y aunque tú pensabas que no servía de nada, para mí era como una cura. Siempre has sido más. Más de lo que puedo esperar. Porque tú siempre me afectas más de lo que deberías. En cada momento en el que estoy mal, me acuerdo de tus palabras, esas que me alegran la vida; y es que ya no puedo estar mal. Pensar que estarás ahí en cuanto te hable es suficiente motivo como para que ni si quiera tenga la necesidad de hacerlo. Porque tú estás hasta cuando no estás presente. Porque puede que no lo hagas físicamente, pero en mi corazón, y en mi mente, siempre ocuparás un lugar especial. Gracias por ser mi compañero fiel, por ayudarme a borrar la oscuridad y demostrarme que la verdadera amistad existe. Por hacerme sentir que no estoy sola, por quererme, y hacerme querer. Gracias por ser mi mejor amigo, porque no encontraré a otro como tú y, teniéndote a ti, tampoco lo quiero.
domingo, 1 de julio de 2018
Amistad
¿No os fastidia cuando estáis mal, contáis a una persona lo que os pasa y, cuando se da cuenta de que no estás receptivo, o no puede hacer nada, decide dejar de hablar? No lo sé, tal vez sea solo cosa mía, pero cuando alguien me cuenta un problema, incluso si no puedo hacer nada, me quedo tratando de ayudar, aunque tan solo sea con apoyo moral, buscando las palabras exactas que decir. Porque a veces es todo lo que necesitamos, saber que esa persona va a estar ahí. Pero no sé, supongo que es culpa mía por seguir esperando cosas de la gente, solo porque yo estaría dispuesta a dar cualquier cosa por tratar de ayudar. Se me sigue olvidando que no todo el mundo es así, y me sigo decepcionando yo sola. Otra vez. Porque me gustaría que siguiesen intentando luchar por quedarse a mi lado en mis malos momentos, hasta si eso supone soportar mi mal humor, y mis malas contestaciones, mis negativas y pesimismo, ¿pero acaso no se supone que cuando una persona es tu amiga, debe estar ahí cuando estás en esas facetas? Porque si no está en esas facetas, ¿realmente vale la amistad? ¿De verdad te quiere tanto como dice, cuando ni si quiera lucha por querer ayudarte y estar junto a ti, y huye a la más mínima posibilidad?
¿Quién podria amarme a mí?
¿Quién podría amarme a mí? A mí, que me gusta ayudar a los demás a pesar del precio que tenga que pagar por ello. A mí, que me va la vida en intentar que exista un mundo mejor. Que siempre estoy para todo el mundo, y me encanta escuchar y aconsejar. A mí, que me encanta saber, leer, cocinar, bailar, viajar. Vivir. ¿Quién podría amar a una persona de mentalidad abierta, dispuesta a luchar por cualquier causa que considere correcta? Una persona que no considera que lo mejor sea ganar, sino que el proceso que ha tenido que pasar para llegar a los resultados. Que no tiene mal perder. Una persona que siempre te dirá la verdad a la cara, sin rodeos, aunque esta duela más que nada. Alguien que no siempre dice te quiero pero que, cuando lo hace, lo dice de verdad. Al igual que los lo siento. Alguien que acaba perdonando todo, y dando otra oportunidad, porque cree que todo el mundo merece poder intentarlo una vez más. ¿Quién iba a amarme a mí? Si yo solo soy una persona con notas mediocres, que se dedica a escribir, como remedio para la vida, y que se calla todo para sí. Yo, que no considero tener casi amigos, pero que, los que tengo, son de lo mejor. Yo, que lo daría todo por otra persona y que soy... Simplemente yo.
Ojos color almendra
Cierras los ojos, no soportando más ese rubor que se extiende por tus mejillas, y que te hace tan bonita. Aprietas con fuerza, pensando que, así, todo desaparecerá. Pero no lo hace; jamás lo hace. Y, entonces, te llevas una mano a tu cabello, sedoso por haberlo cepillado hace tan solo unas horas, que desprende ese olor tan característico tuyo, a coco, y a esa otra cosa que jamás soy capaz de identificar, y que nunca lo haré, porque ese olor te pertenece tan solo a ti y, por más que busque, no lo hallaré. Entonces abres los ojos, esos que te brillan tanto, de vergüenza, pudor. Dios, ¿cómo puedes ser tan bella? Y qué pena, de verdad, qué pena de que tú no te des cuenta. Con esos ojos tan grandes, del color de las almendras, y esos labios que se entreabren, dejando correr tu nerviosa respiración. Con aquella nariz, esa que siempre dices que es demasiado grande, pero que a mí me parece que encaja a la perfección. Y te tomo la mano, con fuerza, porque sé que cualquier cosa que te diga, no te hará darte cuenta de tu belleza; pero quiero demostrártelo, cada día. Porque es el único modo en el que sé hacerlo. Y cuando tus dedos se entrelazan con los míos, sé que, en el fondo, sabe que es preciosa. Solo que todavía no es capaz de verlo.
lunes, 25 de junio de 2018
Alma
¿Te acuerdas de cuando éramos amigas tú y yo? Qué tiempos aquellos, en los que me querías. Y yo a ti. Maldita sea, se sentía como si pudiera arder el mundo, que me daba igual. Todo me daba igual si te tenía a ti. Entonces las cosas se torcieron, comenzaste con aquellas tonterías de que tu físico no te gustaba, cuando siempre habías sido simplemente la perfección. Te sentiste mal por aquel chico que te rechazó, aquella amiga que te dejó tirada, y porque nadie te hacía caso. ¡Qué estupidez! Siempre me tuviste a mí. Nunca, ni un solo día de tu vida, me alejé de ti, no podría ni aunque quisiera. Jamás lo haré. Allá donde estés, también lo estaré, aunque no quieras, aunque no lo veas. Y esos complejos tan absurdos, infundados, basados en opiniones ajenas, de gente que no entiende nada, al igual que ellos, no valen nada. Ojalá me escucharas a mí, que soy la única persona que te va a entender de verdad, y querer como nadie lo hará jamás. Que soy tu mejor amiga. Pero no lo haces. Porque un día quisiste dejar mi amistad, olvidarme, encerrarme en un cajón. Y ya era demasiado tarde. Maldita sea, era tan jodidamente tarde para recuperarte. Luché, te lo juro que luché por ti, hasta el último día, pero tú ya no me querías. Estabas tan centrada en huir, en aquellos complejos, y en esas estúpidas personas que no te comprendían, que no se daban cuenta de tu belleza, tanto interior como exterior, que decidiste sacar de tu vida a la única persona que sí que lo hacía. Que te quería, y te querrá, hasta el último día. ¿Por qué, de entre todas las personas, me dejaste a mí? A mí, que soy tú. Me dejaste, como si no te importase nada. Como si tú no fueras nada. Pero por Dios, ¿No ves el daño que nos has hecho? Quisiste dejar de quererte a ti misma, sin darte cuenta de que, al final, solo quedaríamos tú y yo. Solo yo te entenderé. Solo yo te querré. Porque soy tu consciencia, tu alma, tu ser. Y solo yo misma te voy a amar tan intensamente. Pero preferiste escoger ser mi enemiga, a pesar de que yo te quiero, y luché porque las cosas volviesen a ser como antes, en la infancia, donde las opiniones externas no te importaban, sonreías, vestías lo que querías, y tenías esa bonita autoestima que te protegía. No pude evitar tu muerte, aquella que llegó después de años de insaciables cortes, y que acabó con nosotras colgadas de una soga. No puedo evitar este dolor que me persigue cada día por pensar que pude hacer más por salvarnos, que pude luchar más por nuestra vida. Y ahora ya es demasiado tarde. Ahora, tus labios están morados, y Dios, estás tan pálida. Ya no hay más lágrimas, ni quejidos por la falta de aire. Ahora somos libres. Ya no queda tu cuerpo, ese que tanto te molestó. Ahora solo quedo yo, esta alma que luchará por volver a la vida y por intentar que, esta vez, nos quieras un poco más. Porque esta vez, te juro, que no me daré por vencida.
lunes, 18 de junio de 2018
Mensaje oculto
Te intentaba demostrar por cielo y por tierra lo que siento. Elegí los momentos más apropiados, pero nunca captaste mis mensajes. Quise que vieses mi corazón, a sabiendas que tú no querías. Uní valor para afrontar todo lo que vendría, lo que conllevaría. Insistí hasta la saciedad, solo porque es lo que debía. Esperé para que me entendieses, releyeses mis palabras hasta entenderlas. Rogué porque captases mis indirectas y mensajes. Opté, al final, por esconder el mensaje, y como me di cuenta de que jamás lo entenderías, te escribo esto para que veas letra por letra; y encuentres, por fin, mi mensaje.
Dime
Y esas ganas que te invaden de gritar a todo que pare. De querer que se detenga el mundo, que alguien te dé una explicación. ¿Qué es lo que está ocurriendo? ¿Por qué tantas lágrimas? Dime, dime de dónde viene todo este dolor que no tiene nombre y, sin embargo, se instala en mi corazón. Dime por qué mi mente no deja de dar vueltas. Explícame por qué tengo ganas de mandar todo a la mierda. Y a todos. Explícame qué es lo que anda tan mal. Explícame por qué no puedo parar de llorar.
domingo, 17 de junio de 2018
Tú
Pensaba que lo sabía todo sobre el amor, hasta que llegaste tú. Tú, que sin si quiera mirarme ya me dejabas sin respiración, y que con cada roce agitabas mi corazón. Tú, que me has quitado más noches que el insomnio, que has estado en mi pensamiento más que yo. Tú, que tu nombre era motivo de mis sonrisas, y el mío, pronunciado por tus labios, me sonaba mejor. Que cuando tu mirada se cruzaba con la mía yo me sentía morir. Hablar contigo era como una vida sin fin; infinita, eterna, pero preciosa. Siempre preciosa. Y en tus ojos podía ver mi reflejo, yo siempre tan radiante al estar junto a ti, que llegué a pensar que sin ti me podía morir. Pero no, porque sigo aquí, a pesar de que tú ya no estés. Y ya ves, sigo viva. Sigo brillando. Y lo más importante, me sigo enamorando. Solo que ya no de ti.