viernes, 24 de agosto de 2018

Destino

La primera vez que te vi no me di cuenta de ello, pero ahora que miro hacia atrás en el tiempo lo único que puedo pensar es que tú tienes que ser obra del destino. Que la vida me ha estado golpeando sin cesar porque me estaba preparando para que me mereciese lo que me iba a llegar, porque solo así sería capaz de apreciarte. Como un ángel, demasiado bueno para mí, más de lo que jamás podría esperar; y estaba todo escrito allí, en las estrellas, que tú eras para mí aquello por lo que yo había  estado rezando, como si mis oraciones te hubiesen traído hacia mí. Cosa del destino. Y te vi, entre toda la multitud, porque tú brillabas más que nadie, aunque aquella luz tan solo la podía ver yo. Tú viste la mía. Me dijiste que era tu ángel, aquello que tanto habías estado esperando, ¿y qué casualidad, no? Que yo había estado esperando por lo mismo. Y como la obra del destino, nos unimos, complementados el uno por el otro, aquello que nos habíamos ganado, que nos merecíamos. Todavía hoy te veo con los mismos ojos que aquel día en el que te reconocí como mi milagro personal, porque tenían razón, solo después de todo lo que había sufrido sería capaz de reconocer en ti la persona que tanto quería, y que quiero, porque cada día tan solo estoy más convencida de ello, de que eres la luz que me ilumina en mis malos días, y yo soy la mano que te levanta en tus caídas.

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