¿Sabes qué es lo más triste de todo? Que yo te quería como para caminar juntos, de la mano, pero no hoy; sino que toda la vida. Yo te quería para ponerle nombre a nuestros hijos y ver caer por cien años las hojas de los cerezos. Para caminar con bastones, y morir en la cama. Te quería como para no abandonarte, luchar por ti, y demostrarte cada día lo que sentía por ti; por el resto de mi vida. Y, mientras yo labraba un futuro en un presente tan alejado de la realidad, tú soñabas con mi cuerpo, con cómo meterte dentro, para luego tan solo salir. Yo quería penetrar en tu alma, conocer cada recoveco, y adentrarme en tu mente, hasta saber todo de ti. Pero para ti todo era superficial, y ni si quiera te paraste a pensar en si yo tenía alma, o una mente para compartir. Nunca quisiste saber de mí, ni te fijaste en cómo las comisuras de mis labios se elevaban nada más verte, o en el brillo de mis ojos al estar junto a ti. Miraste donde no debías mirar, exploraste aquellas partes de mí que no te correspondían, y me robaste lo único que tenía. Y ahora me dices que me querías, pero dime, ¿acaso pensaste tú en la forma en que yo te quería? Porque hay muchas formas de amar y, me temo, que la tuya no se corresponde con la mía.
No hay comentarios:
Publicar un comentario