Hay días en los que a uno tan solo le apetece encerrarse y simplemente no salir, ni hablar con nadie. Días en los que quieres desaparecer. No sé qué ha ocurrido, la vida es tan jodida que muchas veces me pilla desprevenida; sé que a ti también. Cuando me enfado siempre me digo a mí misma que no tengo que pagarlo con otras personas, que no se lo merecen, y por eso mismo interiorizo las cosas. No es bueno eso, tampoco, porque uno se carga de todo y al final explota, y no siempre explota con quien debería. Y si estás enfadado suéltalo, cuéntaselo a alguien o escribe sobre ello, sacar las cosas de tu mente y plasmarlas siempre ayuda a ver las cosas con otra perspectiva, y a descubrir cosas que tal vez ni si quiera sabías que pensabas. Al menos es lo que me ocurre a mí. Y te diré algo, no merece la pena estar enfadado, eso tan solo te daña a ti y a quienes te quieren, pero no logra nada, no soluciona las cosas ni trae nada bueno. Así que si puedes simplemente tomar una gran bocana de aire y luego soltarla, hazlo. Piensa bien las cosas, con calma, y nunca actúes impulsivamente. Hay muchas cosas que se hacen por impulso; una declaración de amor, un viaje esporádico, o una elección de última hora. No todas acaban bien, ni todas tienen por qué ir mal, y eso también aplica a cuando uno actúa cabreado; el problema está en que al final uno puede arrepentirse de las decisiones tomadas, y el problema no es declarar tu amor y ser rechazado, es lamentar haber tomado la decisión de no haberte quedado callado. Pero si, a pesar de haber obtenido un mal resultado, te mantienes en que aunque fue algo impulsivo siguió siendo la elección correcta, eso es lo que verdaderamente cuenta. Lo que te quiero decir es que cuando uno actúa enfadado no solo suele obtener malos resultados, es que también se acaba arrepintiendo de haber tomado si quiera la decisión de hacerlo. Así que si vas a tomar una decisión impulsiva ahora, no lo hagas. Dale una segunda y una tercera vuelta. Una cuarta, si lo precisa. Hay algo que siempre me digo cuando me dan ganas de hacer una locura y mandar todo a la mierda, y es que si de verdad quiero algo, si de verdad quiero hacerlo, no tengo que hacerlo hoy, de forma impulsiva, porque mañana querré seguir tomando esa decisión. Y pasado. Y al otro. ¿Sabes por qué son decisiones impulsivas? Porque vienen de la nada, rápidas, sin pensar, y por el contrario a lo que la gente piensa, no todos los impulsos son buenos. Imagina que me siento fatal, y veo a un coche viniendo hacia mí a toda velocidad, pero me encuentro tan mal que decido seguir ese impulso de ponerme en esa trayectoria y dejar que todo se acabe. Si lo pensase dos veces, fríamente, ni si quiera tendría que, en realidad, pensarlo. Me apartaría. Así que no, nunca es bueno tomar decisiones cuando uno está mal o enfadado, porque se basa en impulsos, y estos son impredecibles; para bien o para mal. Y si estás enfadado conmigo, quiera lo que sea que haya hecho, lo siento. A veces yo también soy impulsiva en el mal sentido, todos lo somos alguna vez en la vida. Ya sé que tiendo a ser dramática y a actuar de forma infantil, que a veces puedo ser un poco egocéntrica y creer que el mundo gira entorno a mí, pero también sé que me preocupo por ti, y si hay algo que odio en este mundo es hacerte daño, y si estás enfadado por mi culpa... Bueno, entonces es que soy más idiota de lo que creía. Tan solo te pido que, sea lo que quiera que decidas, recuerdes esta parte de mí, que no todo es malo conmigo. Te llevo en mi mente siempre, y tan solo quiero lo mejor para ti. Si crees que lo mejor para ti ya no soy yo, entonces lo entiendo y respeto, porque al fin y al cabo los dos buscamos lo mismo para ti, y si mi persona tan solo estorba en tu camino, me apartaré. Lamento que las cosas hayan tenido que acabar, y más aún cuando te amo tanto, pero te deseo mucha suerte en la vida. Y si por el contrario decides que todavía soy buena para ti, háblame, te estaré esperando.
No hay comentarios:
Publicar un comentario