lunes, 6 de agosto de 2018

Acantilado

Me siento frente al acantilado, dándome cuenta de que ya no me parece tan bonito. Me he sentado aquí mil veces, y las mil me pareció hermoso; pero en todas esas habías estado tú. Ahora ya no estás. Y lo contemplo, te juro que trato de verlo con los mismos ojos, pero es que es tan duro cuando no estás tú. Hablando de todo, y a la vez de nada. A veces llorando, a veces riendo. Otras tantas tan solo en silencio. Pero junto a ti, siempre junto a ti. Y ahora el viento azota mi cabello, escucho el choque de las olas al romper; y me sigues faltando tú. Cierro los ojos, tratando de imaginar que estás a mi lado, pero no es la misma sensación. Es curioso, el saber que estás ahí, pero a la vez no. Que estás tan lejos, pero a la vez tan cerca. No me atrevo a buscarte, porque sabes que estoy aquí, y yo tan solo estoy rogándote porque vengas, que vengas a por mí. Te extraño, cada vez que me siento aquí, en mis noches de insomnio, esas que siempre llenabas con tu compañía. Ahora solo me queda el paisaje. Y es hermoso, de verdad que sí, ¿pero de qué me sirve tener frente a mí la vista más bonita, cuando lo más bonito de mi vida eres tú, y ya no estás para verlo conmigo? Ojalá subas a buscarme, porque la noche es larga, y el frío cala, y yo sigo esperando por ti.

No hay comentarios:

Publicar un comentario