Son días de incontable tristeza y soledad. Para ti, que lo estás pasando tan mal; y para mí, que desde aquí no te puedo ayudar. Me dices que ya no puedes más. Te digo que tú puedes con esto y más. A veces la vida parece la muerte, con su semblante tan lúgubre, trayendo tan solo sangre y lágrimas, pero te prometo que no lo es. Que no es siempre así. Hay etapas más duras que otras, en las que nos sentimos solos, devastados, pero siempre y ante todo, hay que seguir. Tienes que levantarte, deja ya de llorar, deja esos cristales que tanto daño te hacen, y conviértelos en un espejo mágico. Pregúntale, pregúntale por la persona más bella del lugar, y ya verás que la respuesta eres tú. No necesitas que nadie te diga eso, porque quien en realidad tiene que decírselo a sí mismo, eres tú. Y sé que a veces el exterior nos afecta, y la mente es la mente, pero también sé que no hay nadie más fuerte que tú. Entiendo que los problemas te afecten, y que quieras huir. Entiendo también que te has cansado de esconderte, pero a la vez no puedas dejar de hacerlo, que te sientas solo, aunque estés rodeado de tanta gente. Y sé que, a pesar de todo, quieres seguir haciéndole a todo frente, porque, como te he dicho, tú eres el más fuerte. Y cuando te quiebren las fuerzas, contarás con las mías, porque si te has de cruzar con la muerte, tendrá que pasar por nuestro fuerte, y juntos somos todo un torrente, indestructible, imponente. No tienes que pedirme que no te deje, no lo haré, porque eres, como siempre me dices a mí, más de lo que podría esperar. Y no pienso perderte.
No hay comentarios:
Publicar un comentario