Pensaba que lo sabía todo sobre el amor, hasta que llegaste tú. Tú, que sin si quiera mirarme ya me dejabas sin respiración, y que con cada roce agitabas mi corazón. Tú, que me has quitado más noches que el insomnio, que has estado en mi pensamiento más que yo. Tú, que tu nombre era motivo de mis sonrisas, y el mío, pronunciado por tus labios, me sonaba mejor. Que cuando tu mirada se cruzaba con la mía yo me sentía morir. Hablar contigo era como una vida sin fin; infinita, eterna, pero preciosa. Siempre preciosa. Y en tus ojos podía ver mi reflejo, yo siempre tan radiante al estar junto a ti, que llegué a pensar que sin ti me podía morir. Pero no, porque sigo aquí, a pesar de que tú ya no estés. Y ya ves, sigo viva. Sigo brillando. Y lo más importante, me sigo enamorando. Solo que ya no de ti.
No hay comentarios:
Publicar un comentario