No me conoces y probablemente yo a ti tampoco. No sé qué canción escuchas antes de irte a dormir, o qué perfume te gusta usar para las ocasiones especiales. Tampoco sé cuál es tu color favorito, o el lugar al que siempre has querido viajar. Y, sin embargo, puedo decirte mil cosas, y sé que las entenderías. Que me entenderías. Puede que hoy hayas tenido el mejor día de tu vida y que estés tan feliz, que ni si quiera te hayas percatado de este texto. O puede que hoy no haya sido un buen día para ti. Lo segundo es más probable que lo primero, ¿y sabes por qué lo sé? Porque tendemos a centrarnos en este tipo de textos cuando las cosas no van bien, buscando consuelo, alguien que nos entienda. No tengo ni idea de si yo soy esa persona, lo único que puedo decir, es que estoy dispuesta a escuchar. Esos detalles a los que nadie les da importancia, y que, sin embargo, son lo más reseñable del día. A la historia de aquella lágrima traicionera, y esa sonrisa robada. De tu corazón latiendo a mil por hora, y de cuando este se quebró en mil pedazos. De cuando te viniste abajo. Es momento de volver a estar en pie. Aunque las cosas no vayan bien, a pesar de que pienses que tú no estás bien. No importa cuál sea el problema, todo tiene solución. Así que si buscabas un texto para compadecerte de ti mismo, siento decirte que has venido al lugar equivocado. Lucha. Hoy, mañana, siempre. Y cuando te canses de luchar, sigue luchando más, porque solo con esfuerzo y sacrificio lo vas a lograr. Y si piensas que ya no puedes más, recuerda que eso no es verdad. Siempre se puede luchar más.
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