martes, 28 de agosto de 2018

Ya no estás

La casa se siente vacía desde que tú ya no estás. Muerta, más bien, sin tu música a todo volumen y tu voz para acompañar. Mamá y papá ya nunca están, y tú tampoco. Y, cuando ellos están, ya no se siente igual. Como si, al irte, te hubieses llevado contigo una parte que ya no se puede recuperar. Tu habitación no existe, y creo que lo que más pena me da es no tener un sitio en el que poderte recordar. E, incluso así, no puedo parar de imaginarnos, a mí, tumbada en tu cama, y a ti frente al espejo, pasando horas arreglándote. Y tu voz contándome adónde ibas, y tus risas genuinas que, a veces, por las noches acababan en llanto mientras te deslizabas en mi cama para abrazarme, mientras yo te susurraba que todo iba a estar bien. Y los días encerradas viendo aquellas películas cursis que nos hacían soñar conque algún día seríamos nosotras, aunque no fuese verdad. Momentos de pura felicidad, aunque por aquel entonces yo no sabía que, de repente, un día, tú ya no estabas más. Tan precipitado que pensé que no era verdad y, sin embargo, a pesar de todo el tiempo que ha pasado todavía me despierto con la esperanza de bajar a desayunar y encontrarme contigo, y que me pidas que te acompañe a cualquier lugar, y que yo acepte, porque lo único que me importa es estar contigo. Pero ya no estás y, aunque me duela, jamás volverás.

No hay comentarios:

Publicar un comentario