Hoy tengo ganas de escribirte, a pesar de que no estés leyendo esto. Siento tanto en estos momentos, que ni si quiera sabría por dónde empezar. Llevo varias noches sin dormir, de la angustia, del agobio, del miedo. Y el dolor de cabeza persiste en mí, taladrándome lentamente. Estoy enfadada contigo. Por abandonarme a mí; y por abandonarte a ti. Estoy enfadada conmigo misma, por estar escribiendo esto tan solo con la esperanza de que, en el proceso, me llegue un mensaje tuyo. No llega, no. Y eso tan solo lo hace todo peor. Porque sigo esperándote, y no sé si es de ser ilusa, o de tener fe, lo único que sé es que no tiene pinta de que vayas a volver. Te estoy echando de menos, y te acabas de ir. Estoy sintiendo tu pérdida, y ni si quiera has desaparecido. ¿Es demasiado tarde para recordarte que te amo? Puede que sea así, que ya no vuelvas, y que me quede aquí, esperando hasta la saciedad, deseando que nunca te hubieses ido. O puede que, al final, la que se vaya sea yo.
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