Hoy me he acordado de ti. He leído, y tu esencia estaba impregnada en un personaje y, la mía, en otro. Estás lejos de aquí, y ojalá pudiera decir que te siento muy cerca de mí, pero eso sería mentir. Extraño las noches en vela, en las que me contabas tus romances fortuitos, y me decías que ojalá yo encontrase algo mejor de lo que lo has hecho tú. Extraño ver tu habitación, morada, repleta con tus muebles, y verte a ti sentada frente al espejo, maquillándote o peinándote, como siempre hacías, arreglándote para ti. Extraño el tumbarme en tu cama mientras te hacía compañía al hacer tú aquello, aunque a veces ni si quiera nos dirigiésemos la palabra y solo estuviésemos ahí, juntas. Extraño ver películas románticas que ya sabíamos cómo iban a acabar, pero que nos hacían llorar igual; el leer un libro e inmediatamente después dártelo para que lo leyeses y pudiésemos hablar juntas sobre él. Extraño el ver series juntas, ir a la playa porque te quieres poner morena y me obligues a hacer cosas que de otra forma no me atrevería. Que me hagas compañía en las eternas reuniones familiares, y en las solitarias horas que paso en casa. Extraño que me molestes cuando trato de estudiar y que me digas que debería dejarlo y salir un rato. Que me acompañes a conciertos, y escucharte cantar. Extraño que ya no estés aquí, y te extraño aún más al saber que ya jamás lo estarás. Que ya nunca estarás en la habitación de al lado para contarte mi sueño nada más despertar, y me ayudes a buscar el significado, ni te abrazaré mientras lloras desconsoladamente. Extraño tus molestos ruidos, porque tú nunca has sido sigilosa, y la casa se siente tan sola desde que te fuiste de aquí, que a veces me sofoca vivir en tanta soledad, cuando antes había estado tan rebosante de vida, y había sido tan feliz estando contigo. Te extraño tanto a ti.
No hay comentarios:
Publicar un comentario