Le digo que lo amo, y me contesta que ya lo sabe, y que lo aprecia. Me quedo estática, sin saber qué hacer, con el corazón destrozado y los argumentos echados por tierra. ¿Qué se supone que se dice cuando destruyen la poca valentía que hay en ti? Cuando, para una vez que tienes coraje, acabas en mil pedazos. Y me digo que soy fuerte, que ya lo sabía, que no pasa nada. Pero sí que pasa. Y miro sus ojos, esos que provocan en mí mil cosas, y fuerzo una sonrisa. ¿Pero por qué? Me preguntarás, y yo no te sabría contestar. Porque lo amo, tal vez, y puede que esa no sea la respuesta que estás buscando, pero es la única verdad. Lo amo y, aunque duela, a él no le tiene que doler. Así que me recompongo, recojo los pedazos esparcidos de mi corazón y me marcho. Pero entonces me detiene, su mano en mi brazo, cálida, diciendo tanto. Sus ojos brillan, pero no como su sonrisa tan radiante. Los pedazos acelerados en mis manos. Hasta que la sonrisa desaparece para dar paso al habla, y me pregunta si estoy bien. Suspiro, los pedazos se vuelven a romper. Le digo que sí. Él me dice que también. Le contesto que me alegro de que esté bien. Y entonces me dice que me ama también.
No hay comentarios:
Publicar un comentario