viernes, 3 de agosto de 2018

Ya no puedo más

A veces parece que nada existe. Es como si la realidad se volviese borrosa, más parecido a un sueño, que a la propia verdad de la vida. O quizás soy yo, que prefiero distorsionarla que enfrentarme a ella. No quiero hacerlo más. Hoy traté de vencerte, y tan solo me hundí más. Las gotas, dulces, han recorrido tantas veces mi rostro que ni si quiera las he podido contar. Y hoy me pregunto si merece la pena seguir. Porque hoy estoy peor que ayer, y que antes de ayer; y seguramente, mañana, tan solo esté peor. Porque nada avanza; la marea tan solo me arrastra. Y ya no me queda nada. Ni seguridad, ni positivismo, ni ganas de seguir. No me quedan ilusiones, ni esperanza. Ni fuerza de voluntad. Me he cansado de caminar, pues me he dado cuenta de que estaba tratando de subir unas escaleras mecánicas en la dirección contraria. No encuentro las indicadas. Y estoy sola, en el centro comercial, como una niña pequeña que se pierde, y no encuentra a su mamá ni a su papá. Y empiezo a llorar, porque me doy cuenta de que el único modo de llegar a ellos, de llegar a todos, es subiendo. Pero no puedo. Así que me quedo sola, en el suelo, con la cara empapada y sabiendo que ya no puedo más.

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