Te has sorprendido de verme. Normal, también lo haría yo. Ahora soy tan fuerte, que hasta a mí me sorprende. ¿Dónde quedó la chica débil, la que no se defendía? Te la cargaste. Con tus palabras malsonantes, tus contestaciones impertinentes y tus constantes intentos de hundirme. No lo conseguiste, pero gracias por hacerme más fuerte. ¿Qué querías, golpearme hasta la muerte? Me buscabas, y aquí estoy, ¿es que ya no quieres verme? ¿Acaso te da miedo mi nuevo yo? No me extrañaría, porque aquella chica que se ahogaría en sus lágrimas, hoy te mataría con simples palabras. Y no, no me tientes, no me busques más porque a la próxima te prometo que ya no habrá ninguna más. Siempre te has creído tan superior, haciéndome pensar que yo era mierda, y mira por donde que la mierda resultaste ser tú. Pero respira, tranquilo, que sí me has hecho heridas, tu objetivo, aunque no cumplido, alcanzó gran parte de él. La diferencia es que yo supe aprovechar tu daño, y lo que antes veía mal de mí, ahora tan solo me parecen ventajas. No voy a odiarme más, como tú querías, ni me voy a dejar hacer sentir inferior; porque no lo soy. Ni de ti, ni de nadie. Y ahora ven y dime que me equivoco, hazlo si tienes valor, que te espero con los brazos abiertos, y te juro que, como te acerques a ellos, acabarán con tu asfixia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario