Te he escrito cinco textos. El primero ni si quiera sabía que iba para ti. En el segundo vi un atisbo de ti, en el tercero se me vino tu imagen. En el cuarto apareció tu nombre. Y en el quinto ya estoy convencida de que estoy hablando de ti. ¿Cuántos textos más tendré que escribir para darme cuenta de que todos tratan sobre ti? Los alegres, y los tristes; los que hablan de amor y de odio. Textos, textos, todo contigo son textos, pues es en ellos en el único lugar en el que me atrevo a decir lo que siento, ya que no puedo decírtelo a ti. No puedo decirte que eres de lo único que puedo escribir, porque ocupas todos mis pensamientos. Que, para colmo, te has llevado mi corazón, y ahora ese vacío grita porque tú ocupes su espacio. ¿Cómo le digo a mi alma que tiene que velar sola, porque tú no le quieres hacer compañía? Y a mi cuerpo, ¿cómo le digo que envejezca solo? Que tú lo que quieres es estar lejos, con otra persona. O solo. Solo, al igual que lo voy a estar yo, porque siento que jamás voy a conocer a alguien como él, ni voy a sentir lo mismo. Es duro, conocer al amor de tu vida y saber que jamás te podrá corresponder y que, a pesar de eso, cada uno de tus pensamientos giran entorno a él.
No hay comentarios:
Publicar un comentario