miércoles, 29 de diciembre de 2021
Te quiero tanto
Cada noche me llamas sin falta para preguntarme por mi día, contarme el tuyo y decirme que me extrañas. Te despides con un te quiero que acompañas de un yo más cuando te contesto que yo también. Nunca me da tiempo a replicar, cuelgas antes de que pueda reaccionar, convencido de la veracidad de tus palabras sin darte cuenta de que lejos están de ser la realidad. Te quiero como nunca he querido a nadie y lo sé porque antes de ti creía saber lo que era el amor y, ahora, estoy segura de que no lo sabía en lo absoluto. Te quiero tanto que a veces me asusta el pensarte a todas horas, verte en todas partes y recordarte en todos los momentos. Siempre que me ocurre algo eres el primero que se me viene a la cabeza para contárselo, porque sé que si es malo me vas a apoyar y si es bueno vas a compartir conmigo mi felicidad. Y supongo que eso es lo que significa amar, y yo lo hago cada segundo de mi vida, con cada suspiro y cada latido de mi corazón. En este punto de mi vida ni siquiera sé cómo podría continuar sin ti, mucho menos cómo he vivido todo este tiempo sin ti, cuando eres todo mi mundo. Te quiero como para que en mi vida seas una prioridad. Te quiero tanto que eres el protagonista de todas mis novelas, el galán de mis telenovelas y la musa de mis versos. Te quiero tanto que a veces no entiendo cómo puedes creer que me quieres más que yo, si yo ya te quiero lo suficiente como para que me duela hasta el alma de pensar en perderte.
sábado, 11 de diciembre de 2021
Digna de ser salvada
Hoy habéis hecho el viaje que planeamos juntos sin mí. En realidad, ya no me sorprende. Han pasado los suficientes meses como para darme cuenta de que en vuestra vida no ocupo ningún lugar. Solo estoy ahí, sin más. Como el juguete de la infancia del que no te atreves a desprenderte, pero no te acuerdas de él si no te lo nombran. No entro en vuestros planes, siempre que hay que hacer algo, lo hacéis con él. Ya me quedó clara vuestra elección, por mucho que dijeseis que vuestros amigos somos los dos. Supongo que no. E imagino también que la culpa es mía por aferrarme a mantener en mi vida a quien siempre ha sido tan importante cuando es evidente que yo ya no soy nadie. Y es que duele tanto aceptar que ya no te quieren. Que no eres más que una tercera opción. Ver como todos siguen adelante sin ti. Y que tú te quedas atrás, sin saber si algún día te volverás a encontrar, o si alguien tendrá el valor de querer preocuparse por ti. Al final no importa todo el tiempo que te hayas dedicado a ayudar a la gente, cuando se trata de devolver el favor, nadie se toma la molestia de luchar por ti. Imagino que hay personas que simplemente no son dignas de ser salvadas. Y quizá lo merezco. O, seguramente, no.
Fingir y callar
No, no sé por dónde empezar. Ni si esto tendrá un final, en realidad. Lo haces todo tan a medias que hasta a mí me dejas sin palabras. Dices que te preocupas, pero, cuando me ves mal, eres incapaz de hacer algo por arreglarlo. Lo solucionas todo preguntando. Como si eso significase algo. Y yo me callo. Y tú me ignoras. Luego me culpas por no contarte que estoy mal, cuando me estaba viniendo abajo frente a tus ojos y no me dedicaste ni una sola mirada. Me culpas de la inseguridad que me provocas y me propones soluciones imposibles a problemas que me vienen grande. Lo tuyo es el silencio cuando se trata de mí y hablar por mil años cuando es para ti. Lo mío es estar para ti y olvidarme de mí. Te diría que estoy harta, pero me siento tan sola que tengo miedo de abrumarte y que tú también te vayas. Me asusta que la única persona que me implica en su vida me quiera ceder a un segundo puesto, como hacen todos los demás. Así que yo ya no sé más que fingir y callar.
jueves, 9 de diciembre de 2021
Nadie con quien mostrarme
Después de tanto tiempo, por fin, he empezado a mostrarme contigo tal y como soy. Ahora me siento cómoda y no se me pasan por la cabeza mil motivos para estar alerta con cada palabra que digo. O, al menos, así lo era. Hoy me has dicho que te estás cansando y me ha dolido más que todos los rechazos que he sufrido antes. Yo también estoy cansada de no gustarle a nadie al completo, de que siempre hayan pegas cuando me abro. Estoy cansada de que nadie sea capaz de amarme y de que tú, de entre todos, empieces a alejarte de mí. Me duele tanto que no soy capaz de replicarte y, una vez más, me encierro para dejar de lado esa parte que quería mostrarte. Ya me ha quedado muy claro que no hay nadie en este mundo con quien pueda mostrarme.
miércoles, 1 de diciembre de 2021
Poema de amor
Toda la vida me han prometido una eternidad
a mi lado y se han marchado a mitad de la oración.
Tú me incluyes en tu futuro dando por hecho que me voy a quedar para siempre, como la letra pegadiza de una canción.
Cuando la vida se vuelve diluvio me abrazas hasta que los rayos que alumbran son los del sol.
Se te escapa que me quieres y te asustas.
Yo, en cambio, te quise desde aquella primera vez en la que nos fundimos hasta que los cristales cambiaron de color.
Ahora cada latido de mi corazón pronuncia una letra hasta completar tu nombre para anunciar que es todo tuyo.
Si te soy sincera, antes me asustaba el poder que tienes sobre mí, pero ahora que te conozco de verdad ya no huyo.
Me haces sentir tantas cosas que ni siquiera soy capaz de formularlo con palabras.
Cuando me preguntas en qué pienso te digo que en nada, aunque siempre tengo en mente el despertarme a tu lado todas las mañanas.
Pasas tanto tiempo en mi cabeza que te has adueñado de ella y por más que imagino múltiples futuros, en cada uno de ellos me acompañas.
Y, al final del día, no importa todo el tiempo que te tenga, que siempre voy a sentir que me faltas.
Alberto
Llegas cuando todos se van y te quedas sin hacer preguntas. Toda la vida me han prometido una eternidad a mi lado y se han marchado a mitad de la oración. Tú, sin embargo, me incluyes en tu futuro como si me fuese a quedar para siempre, ni siquiera contemplas otra posibilidad. Cuando la vida se vuelve diluvio me abrazas hasta que los rayos que alumbran son los del sol. Se te escapa que me quieres y te asustas. Yo, en cambio, te quise desde aquella primera vez en la que nos fundimos más en alma que en cuerpo. Y ahora cada latido de mi corazón pronuncia una letra hasta completar tu nombre para anunciar que es todo tuyo y, si te digo la verdad, no creo que quiera que sea de nadie más. Me miras y me siento, por fin, plena, como si hubiese esperado mil años a que me encontrases y ahora por fin estás aquí. Yo podría pasarme los días contemplándote porque, cuando te miro, no veo solo tu belleza corporal. Me haces sentir tantas cosas que ni siquiera soy capaz de formularlo con palabras, por eso, cuando me preguntas en qué pienso, te digo que en nada, pero siempre pienso en ti. Pasas tanto tiempo en mi cabeza que te has adueñado de ella. Mis sueños están repletos de ti y, cuando pienso en lo que viene, lo único que tengo claro es que quiero que tú estés ahí.
viernes, 29 de octubre de 2021
Me asusta que me asuste tanto perderte
Me vuelvo a sentir desplazada y esta vez duele más porque pensaba que contigo me sentiría especial. O, al menos, esperaba que me tratases de manera diferente al resto. Me equivoqué, como siempre, yo y mi maldita tendencia a esperar más de los demás de lo que jamás tendré. Se me queda clavada la espina de no haberte contado mi angustia, pero mi afán por no hacer sentir mal a otros hace que me calle y me lo trague. Así que lloro en la soledad cuando te despido y me pregunto si serás capaz de ver que hay algo en mí que está mal. Y, sin preguntarte, sé que la respuesta es que no; siempre he sido demasiado buena actriz como para dejarte ver ahora lo vacía que me siento por dentro. Me asusta el necesitar tanta atención porque no quiero suponerte una carga, me asusta estar tan mal y no sentirme lo suficientemente cómoda como para pedirte ayuda, me asusta que me asuste tanto perderte. Así que hoy no me atrevo a decirte lo poco querida que me siento, al igual que me callo lo mucho que te quiero yo. Y supongo que, al final, con mi silencio perdemos los dos.
miércoles, 20 de octubre de 2021
Todo va mal y, sin embargo, me va tan bien en realidad
Hoy la vida me duele un poco menos. Todo va mal y, sin embargo, me va tan bien en realidad. Estoy perdida, tanto, que me temo no ser capaz de encontrarme, pero te he encontrado a ti. O tú a mí. Eres capaz de ver aquello que llevo tanto tiempo encerrando, eso que nunca muestro por miedo a la incomprensión. Tú eres tan yo, con historias similares, pasados comunes y dolores compartidos. Te veo en mis debilidades e inseguridades, y te entiendo. Tú a mí también. Pensaba que ya nadie iba a ser capaz de querer conocerme, que no me podría sentir cómoda entre otras personas porque nadie siente este dolor que acarreo a todas partes. Hasta que has llegado tú y ahora, por fin, comienzo a teñir la vida de color. Por eso me da igual que todo vaya mal en realidad, porque ahí, en la tormenta, sé que voy a tener a alguien a quien correr a abrazar cuando me muera de miedo.
domingo, 3 de octubre de 2021
Miedo
El miedo se apodera de mí una vez más o, quizás, simplemente debería llamarlo inseguridad. No soy capaz de mantenerle la mirada al reflejo del espejo por más que lo intento. Tengo que irme y, sin embargo, antes me cambio de atuendo diez veces y lo único que consigo con ello es verme cada vez peor. Pienso en no ir, en quedarme encerrada. Probablemente sea lo mejor. Luego te me vienes a la cabeza y las ganas de llorar solo aumentan, porque ¿cómo te voy a gustar siendo así? Si es imposible que alguien me encuentre guapa. Así que cuando me miras a los ojos y me preguntas si me pasa algo me callo, lo hago porque sé que esta inseguridad alguna vez va a destrozarnos, porque ya te dije ayer lo fea que me veía y no quería ser repetitiva, pero la inseguridad se mantiene y, con ella, vienen otros miedos. Miedo a que algún día ya no me veas igual, miedo a que te des cuenta de que no soy para tanto, miedo a no ser suficiente, miedo a que encuentres a alguien mejor, miedo a que no sientas lo mismo que yo. Miedo a que te vayas, como han hecho todos los demás. Miedo a nunca ser capaz de sentirme bien.
viernes, 24 de septiembre de 2021
Alguien capaz de amarte
Ayer sonreí y quise taparme el rostro con la mano, pero no me dio tiempo a hacerlo; antes me detuviste tú con tus labios. Me dijiste que si seguía sonriendo así no ibas a poder hacer más que besarme porque estaba preciosa. Esa sonrisa que siempre he odiado y ocultado, esa que tantas inseguridades me ha provocado. Y llegas tú como si nada y me dices que te encanta. Tú no sabes lo mucho que he deseado tener otra, una de esas bonitas, de revista. Pero a ti te gusta y a mí me haces volver a sonreír, así que supongo que sí que es verdad eso que dicen de que cuando menos te lo esperas llega alguien que halaga todas esas pequeñas cosas que tú siempre has llamado defectos. Lo hace sin que le cuentes tus inseguridades, lo hace amando cada parte de ti. Porque sí, hasta eso que siempre hemos odiado quizás no sea tan horrible, puede que haya alguien capaz de amarlo. Capaz de amarte.
martes, 10 de agosto de 2021
Vamos despacio
Contemplo tu rostro bajo la penumbra mientras mi cuerpo se enlaza con el tuyo desnudo. Nos quedamos así, mirándonos fijamente, y ni siquiera me salen las palabras para expresar lo que me haces sentir. Esa calma, el silencio reconfortante y la sensación en el estómago tan inexplicable, como ponerse frente a la chimenea un día frío y lluvioso de invierno. Estamos desnudos y no sentimos el impulso de hacer nada porque nos gusta estar así, tan cerca, de esa manera tan íntima. Hablamos, reímos, nos abrimos el uno al otro. Me dices que nunca habías estado así con alguien, que te hago muy feliz. Tú también a mí. Y los dos tenemos miedo porque todo es demasiado perfecto y estamos acostumbrados a que las cosas nos salgan mal. Por eso vamos despacio y no nos atrevemos a dar el paso definitivo, nos quedamos sin la etiqueta aunque por dentro los dos sabemos que actuamos como si la tuviéramos. No nos importa, nos entendemos, no necesitamos más. Ambos sabemos lo que sentimos por el otro y, si sigue siendo así de bonito, supongo que podría decir que por fin sé lo que es aquello a lo que todo el mundo llama amor.
viernes, 6 de agosto de 2021
Jodidamente bella
Dios, pero qué guapa es. Juro que nunca había visto a una mujer tan jodidamente bella. Se sonroja cada vez que se lo dicen y aparta la mirada para dar las gracias. No se lo cree, no lo hace porque toda su vida le han hecho pensar lo contrario. Y estaban muy equivocados. Es bonita de la cabeza a los pies, tiene un brillo en la mirada que ya quisieran las estrellas y cuando sonríe parece que estalla todo el universo. Qué preciosa, de verdad, qué preciosa. Es que no te cansas de mirarla, podrías pasarte la vida entera contemplándola que te sabría a poco. Y con ella se quiere todo. Por toda la eternidad.
miércoles, 4 de agosto de 2021
Auxilio
Lo intento una vez más. Otra de tantas. Me abro con la esperanza de que alguien se lance a ayudarme, pero la respuesta siempre es que no. Nadie hace lo que yo haría sin que tuviesen siquiera que pedírmelo. Me rompe ver que ya no se interesan por mí y que yo trato de no ahogarme sin lograrlo. No sé cuántas veces más necesito ver que estoy sola para aceptarlo, que aquellas personas que antes eran mi todo, a pesar de los años, ya no son nada por mucho que yo las siga viendo igual. Se han olvidado de mí, me han dejado atrás. Es normal, yo también lo haría de estar en su lugar. Y, sin embargo, me duele. No puedo evitar el dolor. Me quedo atrás y no soy capaz de conseguir que alguien más se quiera quedar conmigo hasta que consiga levantarme, así que con el tiempo se me hace cada vez más duro siquiera intentarlo. Hay días en los que pienso que voy a morir de tanta indiferencia y ya no sé de qué forma gritar para que quienes dicen que me quieren se den cuenta de que pido auxilio. Me tratan de loca y puede que lo esté, pero quizá se deba a que nadie nunca me quiso ayudar. Y ya me cansa el estar siempre en tercer lugar, el no ser la persona de nadie, el no tener a quien correr a contarle lo que me ha pasado, porque a nadie le importa de verdad. A veces pienso en los agradecimientos de los libros y en cómo las páginas se llenan de los nombres de aquellos que tanto les han apoyado en el camino y me aterra la idea de no tener nombres que escribir. Me asusta que esto vaya a ser siempre así. Que ya no me vaya a querer nadie nunca más.
lunes, 2 de agosto de 2021
Ahora me callo
El miedo a quedarme sola me paraliza y, paradójicamente, así es como me siento todo el tiempo. Sola. Ya no tengo a quien contarle aquella tontería que me hizo tan feliz, porque a quienes solía contárselo siento que les molesto. De manera que ahora me callo y solo pienso en cuánto me gustaría que hubiese alguien con quien hablar sobre cualquier cosa sin sentir la angustia aplastante de estar molestando. Empecé por callarme los pequeños detalles y acabé por no hablar en lo absoluto, y ahora ya no sé con quién quebrar este silencio que poco a poco me está matando. Ni siquiera soy capaz de escribir cuando antes era lo que hacía como una simple forma de vivir, y me da miedo darme cuenta que desde hace un tiempo solo sobrevivo. Me aterra aceptar que ya no hay quien me comprenda, ni quien lo quiera hacer.
Alguien con quien de verdad ser
Ya no soy capaz de plasmar lo que siento y a veces eso me revienta por dentro. Las palabras se me atascan en la garganta y no logro expresarme ni aunque piense mil veces antes lo que quiero decir. Puede que sea la inseguridad la que habla por mí. Esa vocecilla que me grita al oído que lo hago todo mal, que ya ni siquiera sé hacer eso que siempre ha sido tan mío y que pensaba que jamás me iban a quitar, pero resulta que sí, que ya no me siento cómoda ni en mi zona de seguridad. Y ahora ya no sé dónde refugiarme. He buscado en personas un lugar donde expresarme, pero siempre me acabo callando por sentir que soy un lastre al que nadie quiere escuchar. Así que ya no hablo, cuando antes corría a contar lo que me había ocurrido, ahora no lo plasmo ni en esas historias que tanta ilusión me hacía gritar al mundo. Se mueren las palabras, atascadas en algún lugar dentro de mí, ahogadas por esas lágrimas que tampoco dejo escapar. Ya no escribo ni le cuento sobre mí a nadie, porque ha llegado un punto en el que no me importa lo que me ocurre a mí, soy así de insignificante. O, mejor dicho, así es como me han hecho sentir. Una voz cada vez más acallada, que se hace más pequeña con cada ocasión en la que me han apartado la mirada al hablar, me han cortado en mitad de una conversación o directamente me han dejado sin responder. Y ahora ya no sé cómo volver, ni con quién. Ni si habrá alguien con quien de verdad ser.
lunes, 19 de julio de 2021
Hemos bailado sin música
Hemos bailado sin música. Allí estábamos los dos, en mitad de la calle, con mis brazos alrededor de tu cuello y los tuyos envolviendo mi cintura y, de repente, nuestros cuerpos se movían como si siguiesen la misma melodía. Sonreíste y me atrajiste más hacia ti, me diste un beso en la frente y entonces apoyé la cabeza en tu pecho. El sol estaba descendiendo y mencionaste que parecía un momento sacado de una película, te dije que sí. Oía el latir de tu corazón, primero pausado, luego más acelerado y me hiciste girar como si realmente estuviésemos bailando. Me reí, te dije que eras muy tonto, contestaste que sí. Nos besamos, yo de puntillas, tú mirando hacia abajo. Y yo solo pensaba que me quería quedar toda una vida así.
jueves, 15 de julio de 2021
Empezar a amarnos
Ayer besé unos labios que no te pertenecían y, sin embargo, era tu nombre el que resonaba en mi cabeza con cada beso. Cuando me fui lo primero que hice fue contestar tus mensajes y, joder, ni siquiera se me pasó por la cabeza querer que aquel otro chico me quisese volver a ver. No sé si me arrepiento, supongo que sí y a la vez que no, porque al menos ahora puedo decir con total seguridad que no quiero otros besos que no provengan de tus labios, que solo en tus brazos me siento segura y que eres tú el que abarca cada uno de mis pensamientos. Podría decirte todo eso, pedirte que de una vez por todas decidamos que nos pertenecemos, pero tengo miedo. Miedo, porque igual que mis labios se posaron sobre otros y volvieron a ti, en tu lugar podría haberte ocurrido el efecto contrario. No estoy preparada para que te vayas con otra, no ahora que estamos tan cerca de poder empezar a amarnos.
sábado, 3 de julio de 2021
Olvido
Puedes olvidar mi nombre si eso te hace volver a ser feliz. Yo no creo que sea capaz de sacarte de mis recuerdos por más que estos no hagan más que abrir las heridas que me has provocado. Puedes olvidar las promesas que me hiciste y la forma en la que me miraste aquella tarde en la que todo terminó, puedes hacerlo tú ya que no lo haré yo. No logro sacarme de la cabeza la manera en la que me provocaste como nunca antes nadie lo había hecho y te juro que mi corazón no se había acelerado tanto con unos besos. Luego te marchaste y me dijiste que no era mi culpa, ¿entonces por qué siento que sí es así? Quizá sea por tu desinterés, tus palabras vacías o la forma en la que hoy has vuelto a aparecer, aunque no has vuelto a por mí, como prometiste. Hoy te he visto olvidarme y no sé si me duele más el olvido o el hecho de no ser capaz de olvidarte yo, pero aquí estoy, alejada de tus besos, vestida con las flores que jamás me llegaste a regalar y soñando con la historia que no duró más que unos versos teñidos por la sal.
miércoles, 23 de junio de 2021
El disparo que detuvo tu corazón
El sonido de un disparo atravesó el bosque a la velocidad de un rayo y, en ese momento, juro que el dolor fue tal que hubiese preferido que me cayese uno y me partiese en dos. Ojalá la duda no se hubiese cernido sobre mí como un depredador a punto de atrapar a su presa mientras me deslizaba entre los árboles gritando tu nombre. Supliqué con el corazón en la mano que no, por favor, tú no, jamás me había sentido tan descorazonado. No me detuve, seguí corriendo, aunque me quemasen las piernas y me ardiesen los pulmones de puro terror. Pero no te encontraba y por más que gritaba lo único que lograba era destrozarme la garganta hasta quedar sin voz, jamás había sentido tal desolación. Y allí, tirado entre la maleza, me percaté de que te encontrabas tú. Nunca había sentido tal desamparo como en el instante en el que me di cuenta de que la bala había parado a tu corazón.
Verbos copulativos
Saboreo el sonido de tu voz y me embriago del aroma de tus besos. Ya sé que suena a incongruencia, pero te juro que lo nuestro es pura sinestesia. Amarte es una locura de los pies a la cabeza y en ocasiones me pregunto si no será posible que haya yo perdido hasta razón de ser con tal de estar a tu lado. ¿Y no te parece precioso que dos verbos tan complejos no sean capaces de diferenciarlos muchos de aquellos que tan solo se expresan fuera de nuestra lengua? Yo no estoy segura de por qué, pero también sé que es copulativo el verbo parecer que, curiosamente, se asemeja a perecer. Y no sé si te parece, pero a mí desde luego que me gustaría estar contigo hasta perecer.
Flor marchita
Se ha marchito la última flor que me regalaste y ahora me pregunto si con ella se fue lo que quedaba de nuestro amor. Te miro a los ojos y me duele saber que ya no me provocan querer lanzarme a por tus besos. Que ya no me suscitas ningún tipo de deseo. Tan solo somos dos amantes sin pasión que se aferran al otro por el miedo a vivir lejos de aquello que un día les hizo felices. Y se me hace un mundo entero la simple idea de que así acabe la historia entre nosotros dos después de todo por lo que hemos pasado, tras todas esas veces que supliqué que apareciese en mi vida alguien como tú. Sin embargo, al final sé que es lo mejor para los dos y, aunque me duela, te tengo que decir adiós. Te llevas contigo las fotos y aquella pulsera con la que te dije que siempre estaría a tu lado y, mientras tanto, yo me alejo con un vestido que tiene en el estampado la misma flor marchita que hoy me hace de marcapáginas en cada libro.
viernes, 18 de junio de 2021
Mil rosas para mí
No sé cuántas margaritas he destrozado por preguntar si me correspondías, aunque ahora me queda claro que ninguna de ellas me dio la respuesta que quería. Ni la que debía. De pétalo a pétalo pedía que la respuesta fuese que me querías. A veces decían que sí, otras que no. En ocasiones me preguntaba si tal vez había perdido la cuenta a propósito. Al final la respuesta da igual, porque ninguna me decía lo que tú sentías. Y ojalá se hubiesen marchito todas las flores del campo si con eso me ahorraba saber la verdad, esa que tanto decía desear a pesar de ser una mentira más. Ahora te espero sentada en el mismo sitio, rodeada de los pétalos que aún no han salido volando y a veces me da la sensación de que escriben tu nombre. Y lo único en lo que puedo pensar es que ojalá aparecieses con rosas, con mil rosas para mí.
miércoles, 16 de junio de 2021
Esa manera de pronunciar un nombre
Hoy he escuchado cómo hablabas de ella y no he podido más que sentir envidia. Ojalá alguien sintiese tanto al pronunciar mi nombre, me conformo con el brillo de tus ojos cada vez que la nombrabas. Esa manera de hacerme sentir que la quiero hasta sin conocerla, porque te provoca tanto que se lo transmites al resto. La mencionas y parece que el mundo se ilumina o que, como mínimo, ella es capaz de acabar con cualquier tipo de mal que se te presente. Y yo solo puedo pensar que a mí eso no me va a pasar. No, no es que quiera que tú me mires así, a ti ya te deseo toda la felicidad del mundo a su lado, sin embargo... A veces me gustaría que por una vez, por una maldita vez en esta vida, a alguien se le acelerase el corazón al pensar en mí. Que mi nombre provocase algún suspiro y los sueños estuviesen plagados con mi rostro. Y ojalá ella supiese que tú la miras así, porque te aseguro que nadie sería capaz de salir corriendo con esa manera de pronunciar un nombre.
domingo, 6 de junio de 2021
No me giro ni cuando te escucho llamarme
Te veo caminar cada vez más lejos, pero no te detengo. Me obligo a contener la presión en el pecho que me pide a gritos que vaya a por ti, que no te deje ir. Se me ocurren mil formas en las que suplicarte que te quedes. Y podría hacerlo, todavía te quedan unos pasos para doblar la esquina y desaparecer de mi vista, tan solo tengo que gritar tu nombre. Me ahogo en el sollozo que hace desaparecer tu nombre, así como te vas tú. Ya no te veo y a mí me pitan los oídos. Así que me quedo allí de pie, esperando a que vuelvas a por mí. Porque no, esta vez no iré, no te buscaré. Me has pedido que cambie mil veces para estar a tu lado y yo lo he intentado hasta perderme a mí misma. He renunciado a mi esencia para conservar la tuya, para no importunarte, pero ya me ha parecido suficiente. Jamás te pediría que cambies, aunque sí que me aceptes, que no me obligues a no ser yo. Y, después de todo lo que te he dado, has decidido marcharte. Dices que no quiero cambiar y en parte tienes razón, porque quiero ser yo misma, pero ya no sé si quiero serlo contigo. Así que me marcho yo también, y aunque me empapan las lágrimas no me giro ni cuando te escucho llamarme.
Te vas
Otro que se marcha. Y me vuelvo a preguntar si seré yo el problema, si será mía la culpa. Me dice que no, que soy maravillosa. Pero se va. Y no me dice nada más. Se va, cuando me había dicho que él se quedaría. Que soy especial, que no merezco que me dejen. Sin embargo, ahí está, huyendo también. Después de todo lo que le conté. Tras haberle mostrado mis pedazos. Ahora es él quien los pisa, se mofa en mi cara, como el resto. Menuda ilusa, imagino que estará pensando. Supongo que sí, que lo soy, por continuar confiando. Esperando. Por seguir ilusionándome hasta cuando me han roto el corazón mil veces. Ojalá poder decir que fueron de maneras distintas, pero es como si pusiesen la canción que más odio en bucle. Una y otra vez. Ya no la quiero escuchar más. No quiero que me vuelvan a abandonar. Pero ahí estás, que también te vas.
lunes, 31 de mayo de 2021
Te recuerdo por los motivos equivocados
Te echo de menos y me siento una hipócrita por ello. Porque no, no te extraño a ti, lo que anhelo es cómo estabas ahí para mí. Y ahora ya no hay nadie. No pienso en ti. No te quiero a ti. Me quiero a mí, a cómo me sentía junto a ti. Me reprendo por ello, porque no es justo, porque está mal y te mereces más, ¿pero no lo merezco yo también a caso? Supongo que no, porque nuestras vidas continúan separadas y ya ni siquiera sé cómo estás y, ¿sabes qué es lo más triste de toda la historia? Que ya me da igual. No pienso en ti, en lo que tuvimos, en lo que fuimos. Extraño la sensación de ser querida, de apoyarme siempre, de estar ahí en cada paso. Pero no a ti. No a tus palabras que me hicieron tanto daño, ni a tus actos que me lastimaron, ni a tu persona, que definitivamente no estaba destinada para mí. Echo de menos que ante todo y sobre todo me elijan a mí, que se queden a mi lado a pesar de ser yo, y me aterra profundamente la idea de que eso no vaya a suceder jamás. Así que discúlpame si te recuerdo por los motivos equivocados, a mí también me gustaría pensar en ti y darme cuenta de que por fin te he perdonado, supongo que me estoy acercando, porque ahora, al menos, te recuerdo por los buenos sentimientos.
sábado, 29 de mayo de 2021
Poética o patética
La chica de las mil estrellas volvió a sentirse sola, y ya no sabía si lo suyo era cuestión de poética o de ser patética. Al final, lo mismo daba. El resultado era el mismo. Durante las noches miraba el cielo con la esperanza de verse reflejada en cualquier lugar, pero ni una sola estrella le devolvía el brillo que ella esperaba. Era única y eso la hacía especial, pero también incomprendida. Y, sobre todo, la hacía sentir única en el mundo, con todo el significado de la palabra. Única, porque jamás habría otra igual a ella. Única, porque allí, donde se encontraba, no había nadie en lo absoluto. Así que de nada le servía ser especial, muy pronto se dio cuenta de que a la gente de aquel mundo le gustaba lo ordinario y aquellos que salían de esos estándares eran los raros. Y ella, de entre todos, ocupaba la mayor rareza.
Fiel a mí
Las palabras me rompían poco a poco, como un cristal que comienza con una pequeña grieta que acaba en pedazos. Decían que era por mi bien, que necesito cambiar, que así se marcharán. Y a mí me golpeaba el dolor tan fuerte que me taponaba los oídos. ¿Es que no me querían? ¿A caso todos esos años no habían servido para nada? ¿O era yo la que estaba demasiado rota como para querer en sus vidas? Lanzaron mis defectos a la cara, como si eso es todo lo que yo fuese, un puto desastre sin nada que salvar. Y la culpable era yo. Yo. Yo. Por ser como soy, por ser yo, yo y mil veces yo. Y es que, al parecer, yo no soy suficiente. Ni buena, ni querida. Yo soy una carga, alguien a quien soportar, no a quien amar. Y yo lloraba por dentro mientras me lo decían, porque sabía que mostrar mi dolor les iba a incomodar, saber que no soy ese monstruo frío que habían pintado en sus cabezas. Años, han sido años de palabras a mi espalda, de comentarios hirientes y falsa amistad, y a mí no me decían nada. Ahora, sin embargo, se me exige un cambio para estar a su lado, y yo me pregunto si merece la pena, si me quieren a mí o a esa imagen perfecta que se han formado en su cabeza de lo que podría llegar a ser. Y supongo que no, que no me merecen, ni me quieren, porque si fuesen mis amigos de verdad entenderían que soy mucho más que mis defectos y que tengo tanto de bueno como de malo. No se habrían planteado abandonarme, ni me tratarían ahora como a un expresidiario al que dan una segunda oportunidad cuando mi único crimen ha sido ser fiel a mí.
Fingir o soledad
A veces siento que soy una persona horrible, que no merece la pena, a la que no se debería querer. Y, a veces también, me demuestran que así es. Sé que hay mil motivos para salir corriendo al conocerme, que soy difícil de lidiar y que no todo el mundo está dispuesto a soportar, pero no me lo esperaba. Las últimas personas que pensaba que me dejarían han traicionado mi confianza. Dicen que tengo que cambiar, que no me van a querer así, como soy. Que la relación ya no es igual, que se van. Y yo solo sé llorar. Ahora yo pregunto, ¿qué se supone que tengo que hacer? ¿Cambio mi forma de ser para encajar, finjo para que me acepten y me quieran? ¿O me elijo a mí, aunque eso suponga quedarme completamente sola? Y supongo que la respuesta, en el fondo, es fácil. Quien decide darte por perdido en lugar de amarte con lo malo, quien necesita que seas perfecto para estar a su lado, ese no te quiere de verdad. Ese solo se ama a sí mismo y te considera inferior, alguien que debe girar a su alrededor. Y no, yo no sé si me merezco más que eso, si realmente valgo la pena o debería cambiar para que así alguien, aunque sea falso, me quiera. Pero me he pasado la vida sola, y ya no creo que me compense cambiarme para gustar a los demás.
lunes, 24 de mayo de 2021
Te quiero como se quiere a quien ya no está
Escribes las palabras más bonitas del mundo sin pretender hablar de belleza. Hay dolor en cada letra, como si el alfabeto estuviese compuesto por las iniciales de todos aquellos que te hicieron sufrir, y tal vez sea así. La prosa se vuelve poesía cuando viene de ti, haces que cada verso cobre una magia especial porque todo lo que escribes refleja lo que llevas dentro y, si te soy sincera, yo solo veo al chico que sigue luchando. Aquel que, a pesar de todo, no se da por vencido. Sé que estás roto y que te lastima todo a tu alrededor, que estás cansado de escuchar que todo irá a mejor con el tiempo y que crees que todo va a estar mal. Pero yo te prometo que no, que aunque la inseguridad te arrebate esa pizca de felicidad, algún día estarás bien de verdad. Solo te pido que, mientras tanto, no dejes de mostrar tu arte, todas esas partes que te hacen ser tú, esas tan rotas y a menudo tan desoladas. Yo te quiero así, te conocí roto y te he visto sanar poco a poco. Te quiero con tus fantasmas, tus dudas, tus inseguridades y tus demonios. Te quiero con tus palabras de aliento, tus risas y tus lágrimas. Te quiero como se quiere a quien ya no está, porque cada día se pierde una pequeña parte de ti para dar paso a una nueva, y yo quiero amar hasta a aquellas que se fueron y no volverán.
Quiero volver a ser yo
Quiero volver a ser yo. Y esto es lo más difícil a lo que me he tenido que enfrentar jamás, porque vivo en una lucha constante entre mil versiones de mí que tiran hacia todos lados, sin dejarme decidir. Quiero hacer todo y, a la vez, no tengo fuerzas para nada. Me gustaría poder decidirme y tener la fuerza de voluntad suficiente como para poner rumbo a mi vida, pero no lo consigo. Me hundo. Y me ahogo. Me quedo sin respiración en una laguna formada por mis propias inseguridades. Ojalá lograse hacerla desaparecer. Ojalá pudiese decir basta y volverme a conocer, pero ya no sé quién soy, ni quién quiero ser. Y de todas las cosas, es la incertidumbre la que más me aterra, porque parte de mí se teme que ya nunca más me vuelva a encontrar.
miércoles, 19 de mayo de 2021
Indigna de amar
Hoy me ha vuelto a pasar. Me han hecho sentir que no merezco la pena. Que no soy suficiente, que jamás lo seré. Ni guapa, ni lista, ni valiente. Ojalá alguien supiese verme de verdad, solo pido que me conozcan y no salgan corriendo, que se molesten en ver más allá de la fachada y de las barreras que impongo al querer entrar. Estoy triste y decepcionada conmigo misma por creer que esta vez sí que iría bien, como si a mí alguna vez me funcionasen las cosas. Estoy enfadada por hacerme ilusiones cuando debería saber de sobras que en el amor no me irá bien jamás. No soy la chica de la que se enamoran, soy aquella con la que se entretienen mientras conocen al amor de su vida, y está más que claro que yo no soy el de nadie. Que vagaré sola sin saber qué es eso que está tan mal conmigo, qué es lo que tengo tan podrido como para que no se me quieran ni acercar. Y, una vez más, descubriré que no es nada que pueda controlar, que es el mundo el que está corrompido y que pocos son aquellos que se atreven a amar de verdad.
jueves, 13 de mayo de 2021
Presión
La presión no me deja avanzar. Ese pensamiento constante de que tengo que ser la mejor, que debo destacar y rozar la perfección. La angustia de estar a la altura de todas las expectativas depositadas en mí, como si yo no fuese alguien fácil de quebrar. ¿Y si no quiero hacerlo? ¿Y si estoy cansada de vivir para los demás? De cumplir con plazos imposibles, tareas agotadoras y críticas abusadoras. No quiero que me miren, me gustaría hacerme lo suficientemente pequeña como para escapar de la vista de todos. No quiero que me juzguen y me digan que yo puedo dar más de mí, porque sé que sí, pero ¿a costa de qué? ¿Mi salud física y mental? Quizá ya no me parece un pago justo, igual prefiero encogerme y desaparecer, dar lo necesario y recibir lo mínimo. Después de todo, el que más da no es siempre el que más recibe, y eso lo he aprendido ya. Así que me hundo entre las sábanas y espero a que nadie me venga a buscar, ni a recriminar, porque no creo tener el valor suficiente como para enfrentarme a ello siquiera.
viernes, 7 de mayo de 2021
Me duele más la traición que la ausencia
Me prometiste que tú no te marcharías, me recalcaste una y mil veces que no eras como los demás, que no te podía comparar. Y, mira por dónde, resultaste ser todo aquello que temía y de lo que tanto renegabas. Dijiste que, si te ibas, antes me lo dirías, pero hoy estoy aquí, sin ti, y ni siquiera sé el porqué. Fue lo único que te pedí. Lo único. Y no lo supiste cumplir. Me abrí por completo a ti, te conté mis inseguridades y mis miedos más profundos, pensando que tú lo entenderías, que no me harías lo mismo. Ahora, sin embargo, veo que todo lo que te conté te dio igual, porque si de verdad te hubiese importado, jamás me habrías hecho esto. Has destrozado a la pequeña parte de mí que todavía confiaba, ahora ya no soy capaz de abrirme a nadie más, demasiado asustada de que se vayan también. Y me vuelvo a preguntar qué es eso que está tan mal conmigo para que nunca se quieran quedar. Lloro en silencio, en la incomprensión de la noche, en la soledad del día, en la quietud de la vida. No estás y me duele más la traición que la ausencia, que me quema por haberme creído todas tus mentiras. Me arde no saber los motivos, que te marches sin despedida, ni explicaciones. Me dejas rota, como siempre he estado, como nunca he querido aceptar que soy. ¿Y sabes qué es lo que más me duele de todo? Seguir a la espera cada día de que vuelvas, y me demuestres que no eres como los demás, que tú sí te vas a quedar. Y me odio por confiar en ti cuando no vas a volver a por mí.
sábado, 24 de abril de 2021
Amor no correspondido
Ojalá me pensases como lo hago yo. No soy capaz de sacarte de mi cabeza, me despierto y tu nombre es lo primero que se me viene a la mente, me duermo y es tu recuerdo lo último sobre lo que pienso. Durante el día tengo la tentación de hablarte para contarte todas las cosas que me están pasando y espero con ansias el momento de hablar contigo. Cuando nos vemos me dejas embelesada, y no es hasta que te acercas que me provocas mil nervios. Solo quiero que me beses, que te dejes de juegos y no te separes de mí. Necesito sentir el roce de tus manos y el cariño de tus labios, oír de ellos un «te he echado de menos». Decirte que yo también, que todos los días así es. Y, joder, qué difícil es no poder hablarte a todas horas, pasear de la mano y verte a cada instante. Sobre todo, qué duro es que no sea mutuo el amor. Se me hace un nudo en el pecho de pensarlo, que tú y yo no seremos, por mucho que yo sueñe con ello. Ojalá me mirases como te miro yo, suspirases como lo hago yo por ti, y te enamorases de mí de la misma manera en la que poco a poco lo estoy haciendo yo.
La chica de las mil imperfecciones
La chica de las mil imperfecciones ha vuelto a cometer un error. No le sorprende. A veces ríe y otras tantas llora, aunque suele hacer las dos. Se cansa de hacerlo todo mal, de no dar ni una, de estar lejos de la perfección. Y le duele saber que no puede dar más de sí, que por más que lo intente no va a funcionar, no le va a salir nada bien. Porque así es ella, un desastre sin remedio. Una persona rota que lo único que sabe es destrozar a su paso. Me da pena verla, tan pequeña y tan vacía, sin cualidades ni aptitudes. Aunque, en realidad, ella es la que da pena. Y lo que más me molesta de todo esto es que esa persona soy yo.
domingo, 18 de abril de 2021
Es hora de dejarnos ir
Te he querido tanto que me duele infinitamente acabar así. A ti te he contado hasta los secretos más oscuros que albergaba mi alma, cada inseguridad, cada pensamiento que me obsesionaba. Eras mi amigo, mi amante, mi confidente; quien me escuchaba cada vez que lo necesitaba. Me levantaba con tu mensaje de buenos días y me acostaba con tus buenas noches, ahora ya no hay quien lo haga. Y duele, duele mucho que me ocurra algo y no poder contártelo, que no me abraces cuando me rompo ni me hagas cumplidos hasta reventar. Yo solo quería acabar contigo bien, ante todo eras mi amigo y, si pudiese volver atrás, lo cambiaría todo. Todo. Borraría nuestros besos y nuestras caricias, cuando nos exploramos y me enseñaste a amar partes que nunca había mostrado a nadie. Lo haría si de esa forma pudiese volver a tenerte. Sacrificaría todo el amor que siento por ti si ello significa que volverás a sonreír cuando alguien diga mi nombre, que me mandarás más mensajes y que no te olvidarás de mí. Pero no puedo, así que ahora por favor te pido que no dejes que me convierta en uno de esos extraños a los que ya ni recuerdas, recuérdame con cariño, por todos esos momentos perdidos, por lo que no pudo ser y los dos creímos que sería. Yo siempre te querré, en mi corazón habrá una parte que te pertenecerá para toda la eternidad. Pero ahora, mi amor, es hora de dejarnos ir.
lunes, 5 de abril de 2021
Jodida por dentro
Vuelven a hablar sobre mi físico, siempre mencionan la curva que se forma justo por debajo de la espalda, la cintura estrecha, los senos abruptos para una figura tan fina, los labios carnosos y las piernas de escándalo. Una vez más mencionan lo mucho que les gustaría estar conmigo en la cama, todo lo que me desean y las muestras de esos arrebatos acalorados. Siempre es la misma historia, me dicen que quieren conocerme y, cuando van a hacer preguntas, radican en el ámbito sexual. Nunca van más allá. Nunca quieren saber sobre mí. Nunca se preocupan por si estoy bien, o me gusta escuchar lo que tienen que decir de mi cuerpo. Me callo. Me callo. Y me callo. Hasta que siento aquel vacío que me dice que lo deje, que no necesito su aceptación, que soy más que un exterior. Pero me sigo callando, y sigo aceptando, y dando. Y doy, y doy, y doy. Hasta que me rompo en la soledad de la noche, cuando no hay nadie para evitar que deje de pensar, es el momento en el que la realidad me golpea, y quiero que pare. No quiero ser la chica guapa a la que todos se quieren tirar, quiero ser la chica interesante que merece la pena conocer, pero nadie se esfuerza en intentarlo siquiera. Y ahora me doy asco, me cuesta ver más allá de un físico hueco que no alberga nada más en su interior, un físico putrefacto que solo me provoca repulsión. Al final, cuando el mundo calla y la mente habla, no me queda más remedio que aceptar lo que soy; una chica que aparenta ser guapa, pero que no es más que una falsa fachada para encubrir lo jodida que está por dentro.
miércoles, 24 de marzo de 2021
Mensajes confusos
Quiero entenderte, pero te juro que te me escapas. Me mandas mensajes confusos que a veces me hacen pensar que sí y otras tantas que no. Dices que me extrañas, que te gusto, y, sin embargo, son palabras que no te duran más que tres días. Te aprovechas de mí y de mis sentimientos por ti, me atrapas cada vez que estás a punto de perderme y me agarras fuerte para que no quiera irme; hasta que te cansas y me sueltas. Me caigo. No me levantas. Te vas y, cuando te grito que estoy aquí, te giras hacia mí. Me ayudas a levantarme, me das un beso en la frente y ya no vuelves más. Siempre me miras desde lejos, observas todos mis movimientos y me recalcas lo guapa que voy, pero eso es todo lo que soy, una carcasa en una tienda repleta de ellas, ¿a cuántas más le dirás lo mismo? Apuesto lo que sea a que, al final, no te quedas con ninguna de ellas. De mí solo quieres mi exterior, así me lo has demostrado en arrebatos de pasión que nunca culminaban con los dos juntos. Pero dices que no es cierto, que todo va mucho más allá de eso y, cuando te pido que me lo demuestres, no consigues hacerlo. Me canso, te juro que lo intento por lo que siento, resisto más de lo que me gusta reconocer y lucho por estar contigo una vez más. Me decepciono de nuevo, aunque esta vez me canso de verdad, de tus juegos y mentiras, de no ser lo suficiente como para que me tomes en serio, de que me hagas sentir como que no valgo. Así que ya no lo intento más, ni contigo ni con nadie. No quiero volver a buscar lo que sé que está destinado a no pasar y es que, al final, siempre vuelvo a ser la misma chica triste demasiado difícil de amar.
martes, 23 de marzo de 2021
Versos de despedida
Escucho el sonido de tu voz a lo lejos, me llega el eco de palabras que ya no son para mí.
Y eso es lo que más me hace sufrir.
Te veo, pero ya no te siento, ¿y cómo te explico que te plasmo en cada boceto?
Que en cada canción te encuentro en alguna oración y en los poemas me visitas en forma de rima.
Pero no me ves.
No te percatas de que mis ojos te persiguen allá donde vas, a la espera de que me devuelvas la mirada.
Quiero volver a lo de antes, a cuando no podías apartar los ojos de mí y tu voz no era más que un susurro en forma de suspiro.
Extraño tus caricias fugaces y aquellos besos que se borraban como las huellas desaparecen por las olas del mar.
Y hoy ya no estás, no conmigo. Aunque de eso hacía tiempo, pero te sigo queriendo.
Te espero, todos los días te espero, con el aroma a vainilla y el corazón acelerado.
A sabiendas de que ya sé cómo acaba el cuento. Pero aquí sigo, y te oigo una vez más a lo lejos. Capto tu sonrisa y tu mano roza la de alguien más.
Hoy te escribo esto porque ya no lo haré más, no porque no te siga queriendo, sino porque me duele demasiado como para seguir haciéndolo.
Así que te quiero, pero tus besos ya no acaban en mis labios ni tus manos en mi cabello.
Y a mí se me acaba la tinta, aunque no los sueños. Por eso, a pesar de todo, parte de mí siempre te seguirá encontrando aquí, en estos versos.
Tiempo
En ocasiones me doy por perdida. Lo intento, juro que lo intento, pero es como si diese igual lo que haga porque, al final, no va a depender en lo absoluto de mí. Y me pone muy triste saber que no importa lo que me esfuerce que no voy a conseguir llegar hasta donde me propongo. Lo sigo intentando, y sigo perdiendo el tiempo. A veces me asusta pensar que puedo llegar a perder mucho más que eso. Me aterra el futuro sin determinar, lo perdida que me siento y lo mal que me encuentro la mayor parte del tiempo. Y dicen que la respuesta está precisamente en el tiempo, aunque yo no lo entiendo, ¿qué tiene él que solucionar? Si, al final, lo único que me trae son nuevos problemas.
miércoles, 10 de marzo de 2021
Hoy me he roto un poco más
Hoy me he roto un poco más. Empieza por una brecha que se va extendiendo y creando ramificaciones hasta que, al final, toda la estructura se rompe. Estoy cerca de ese punto, tanto, que a veces me asusta lo que pueda llegar a pasar, ¿qué lo desencadenará? Si cualquier cosa, cada detalle, me afecta de maneras que no deberían. Todo tiene poder sobre mí. Y yo callo. Y trago. Y reviento. Y ya no puedo más. Quiero cambiar, quiero curarme. Estoy harta de cubrir las brechas con tiritas cuando lo que necesito es rellenarlas con masilla. Pero, una vez más, no encuentro las fuerzas para hacerlo. Caigo en picado desde hace mucho tiempo y, por más que intento frenar el golpe, no se puede volar con los brazos. Así que espero con impaciencia para ver si al final me destroza la caída o mis sentimientos. Aunque es absurdo, porque yo desencadeno los dos.
lunes, 22 de febrero de 2021
Olvidé hasta lo imposible de olvidar
Olvidé los pasos que me han traído hasta donde estoy, últimamente me cuesta recordar incluso mi propio nombre. Me he encerrado en una caja que me asfixia y borra todo lo que se encuentra a mi alrededor; los rostros se difuminan y me envuelven en la angustia que los rodea. Es lo único que me hace sentir, que me mantiene atada a la realidad, el dolor que ni yo soy capaz de provocarme a mí misma. Pero no veo, no miro, no observo; solo palpo retazos de sentimientos y personas rotas, de sueños destrozados y pensamientos compulsivos. Y me pregunto si algún día yo volveré a ser como ellos, si tendré la fortaleza para al menos tratar de luchar. Me duele entender que, en realidad, ya no hay mucho más que hacer por mí.
domingo, 21 de febrero de 2021
Me elijo yo
La próxima vez que lo vea será diferente, no me echaré atrás. Le diré que ya no lo quiero, aunque no sea verdad. Que no lo necesito, a pesar de que mis días son un poco más grises cuando él no está. Le diré que ya no quiero que sigamos hablando, que su cercanía me agobia y, de todas, esa será la más vil de las mentiras, pues no hay lugar en el que me apetezca estar más que recorriendo cada recoveco de su cuerpo; que si de geografía se tratase podría señalar dónde está cada peca y cada lunar. Pero no, ya no habrán más sonrisas pícaras y conversaciones a las tantas de la madrugada, no me susurrarás al oído lo que te gusta tenerme a tu lado, ni me imaginaré otro día más la vida contigo; ahora tengo que hacerlo sin ti. Y, si te digo la verdad, no sé qué me molesta más, si perder lo que teníamos o lo que podríamos haber llegado a ser, porque te juro que te habría amado si me hubieses elegido de verdad. Hoy te tengo que decir adiós, porque esta vez quien me elige soy yo.
Huye como Cenicienta
Después de medianoche, todo cambió. Lo supe de inmediato por tu mirada, tan culpable como Cenicienta marchándose del baile al dar las doce y no aparecer más; pero tú no dejaste ningún zapato de cristal. A menudo busco pistas para entender qué es lo que ocurrió, ¿volví a cometer un error? ¿Soy tan poco digna de amar? ¿O es que siempre fui un juego para ti? Y me asusta, me asusta muchísimo pensar que, en realidad, el problema soy yo. Te busco en los lugares más inesperados y, a veces, te encuentro observándome desde mi imaginación. Me aterra cuando tus ojos se posan en mí, porque siento que estás ahí de verdad, juzgándome por un crimen que no recuerdo haber cometido jamás. ¿Pero y si no es verdad? Tu mirada, tan crítica, me juzga por haberte encerrado conmigo para siempre, ¿acaso puedes culparme? Si te hubiese dejado libre, te habrías marchado; como todos los demás. Ahora te escondes como ellos, aunque nunca llegarás demasiado lejos, después de todo, esta sigue siendo mi mente.
Espejo
No recuerdo haberme defendido y, a pesar de ello, mis manos estaban llenas de sangre. Supongo que en algún momento me harté, que me cansé de callar todas esas palabras que tanto tiempo había reservado para mí porque no quería hacer daño, no quería ser como tú. Y, sin embargo, allí estaba yo; la respiración agitada, las manos temblando, de rodillas y llorando. Pero no, no fue por ti. Te juro que, esta vez, no. Fue por mí, por aguantar demasiado, por siempre escuchar que me veo mal, que no valgo nada, y dejar que me pisen una y otra y otra vez. El vacío me hizo entender que así no iba a acabar bien, que en algún momento iba a explotar. Y lo hice, pues claro que sí, ¿cómo no iba a hacerlo? El resultado estaba ante mí, un espejo roto en mil pedazos que no me iba a decir ni una vez más lo que estaba bien, ni lo que estaba mal.
Susurros del viento
El viento le habló en susurros que mecían las hojas más cercanas a ella. La envolvían en una espiral de tonos marrones y anaranjados que tanto han caracterizado siempre al otoño de Madrid. Se sentó a la espera de algo que sabía que no ocurriría, porque los príncipes azules no aparecen de la nada. A menudo se imaginaba que, allí, junto a ella, se sentaba aquel chico al que siempre observaba desde la distancia, demasiado temerosa como para empezar la conversación. Él ni siquiera la miraba, ni una sola vez. Había tratado de llamar su atención indefinidas veces, pero era como si no existiese. Sin embargo, aquel día fue diferente; el viento la abrazó y, cuando se confió, la empujó a manos de aquel chico que por primera vez la vio. Entonces pensó que quizá, y solo quizá, la magia existiese.
lunes, 25 de enero de 2021
La historia se repite
La historia se repite. Me vuelven a cerrar las puertas en la cara cuando todo parece ir bien, en el momento en el que me ilusiono y creo que todo por una vez en mi vida va a ir como debería. Me equivoco, siempre lo hago. Mi problema es pensar que las cosas van a cambiar, que no serán para toda la vida igual, pero es así, conmigo al menos sí. Creer que me van a querer y que van a hacerlo bien es una de las tantas mentiras que me digo cada día, reforzar esa creencia de que no hay nada de malo en mí es otra de ellas y, sin embargo, algo tendré cuando todos me dejan en cuanto se les presenta la oportunidad. Ya es algo normal, ni siquiera entiendo por qué me sorprendo. Allá va otro de tantos que me dijo que soy especial sin demostrarme que lo soy, otro de esos que me hizo creer que se quedaría y que no ha dudado en marcharse a la primera de cambios. Mejor, mucho mejor así, ya me he acostumbrado a la soledad, aquí los únicos monstruos que pueden hacerme daño al menos ya los conozco.
No soy perfecta
No soy perfecta, suelo ser fría y borde. Me cuesta ser romántica y cariñosa, no me sale ser simpática ni graciosa. Y, sin embargo, siempre seré la primera en estar ahí cuando tengas un problema, la que te dará consejos y su opinión, quien te dirá la verdad y se preocupará por ti. Tengo mis defectos, ya lo sé, no soy una persona fácil de tratar, tengo una personalidad fuerte y, a veces, sin querer, te haré daño; pero también te pediré perdón en cuanto me dé cuenta, y te demostraré lo que te quiero cada día. No con palabras, que nunca han sido lo mío cuando se trata del amor, yo te lo enseñaré con actos y, para eso, tienes que darme una oportunidad. Porque no, no soy perfecta, ni lo voy a ser, así que si quieres estar conmigo vas a tener que sacrificar algunas cosas para conseguir otras. Y lo siento, pero yo creo que, al final, merece la pena. Es una lástima que nunca nadie se quede el tiempo suficiente para averiguarlo.
viernes, 15 de enero de 2021
Fingir me consume
Estoy cansada de ser perfecta, bueno, de fingir serlo. Trato de alcanzar unos estándares que obviamente se me escapan y al final tan solo me consumen. Me pueden las ganas de ser como el resto, de destacar en algo; por ello me esfuerzo y sobreesfuerzo. Y por eso ahora me estoy perdiendo, porque a veces que le dediques tiempo a algo no te garantiza que vayas a hacerlo bien y, obviamente, ese es mi caso. Puedo escribir un millón de textos y tres trillones de historias que, al final del día, mis palabras estarán igual de vacías. No hay nada que yo pueda contar o aportar al mundo, así que en ocasiones me pregunto si no sería mejor que simplemente me calle.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)