miércoles, 1 de diciembre de 2021

Alberto

Llegas cuando todos se van y te quedas sin hacer preguntas. Toda la vida me han prometido una eternidad a mi lado y se han marchado a mitad de la oración. Tú, sin embargo, me incluyes en tu futuro como si me fuese a quedar para siempre, ni siquiera contemplas otra posibilidad. Cuando la vida se vuelve diluvio me abrazas hasta que los rayos que alumbran son los del sol. Se te escapa que me quieres y te asustas. Yo, en cambio, te quise desde aquella primera vez en la que nos fundimos más en alma que en cuerpo. Y ahora cada latido de mi corazón pronuncia una letra hasta completar tu nombre para anunciar que es todo tuyo y, si te digo la verdad, no creo que quiera que sea de nadie más. Me miras y me siento, por fin, plena, como si hubiese esperado mil años a que me encontrases y ahora por fin estás aquí. Yo podría pasarme los días contemplándote porque, cuando te miro, no veo solo tu belleza corporal. Me haces sentir tantas cosas que ni siquiera soy capaz de formularlo con palabras, por eso, cuando me preguntas en qué pienso, te digo que en nada, pero siempre pienso en ti. Pasas tanto tiempo en mi cabeza que te has adueñado de ella. Mis sueños están repletos de ti y, cuando pienso en lo que viene, lo único que tengo claro es que quiero que tú estés ahí. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario