domingo, 21 de febrero de 2021
Huye como Cenicienta
Después de medianoche, todo cambió. Lo supe de inmediato por tu mirada, tan culpable como Cenicienta marchándose del baile al dar las doce y no aparecer más; pero tú no dejaste ningún zapato de cristal. A menudo busco pistas para entender qué es lo que ocurrió, ¿volví a cometer un error? ¿Soy tan poco digna de amar? ¿O es que siempre fui un juego para ti? Y me asusta, me asusta muchísimo pensar que, en realidad, el problema soy yo. Te busco en los lugares más inesperados y, a veces, te encuentro observándome desde mi imaginación. Me aterra cuando tus ojos se posan en mí, porque siento que estás ahí de verdad, juzgándome por un crimen que no recuerdo haber cometido jamás. ¿Pero y si no es verdad? Tu mirada, tan crítica, me juzga por haberte encerrado conmigo para siempre, ¿acaso puedes culparme? Si te hubiese dejado libre, te habrías marchado; como todos los demás. Ahora te escondes como ellos, aunque nunca llegarás demasiado lejos, después de todo, esta sigue siendo mi mente.
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