domingo, 6 de junio de 2021
No me giro ni cuando te escucho llamarme
Te veo caminar cada vez más lejos, pero no te detengo. Me obligo a contener la presión en el pecho que me pide a gritos que vaya a por ti, que no te deje ir. Se me ocurren mil formas en las que suplicarte que te quedes. Y podría hacerlo, todavía te quedan unos pasos para doblar la esquina y desaparecer de mi vista, tan solo tengo que gritar tu nombre. Me ahogo en el sollozo que hace desaparecer tu nombre, así como te vas tú. Ya no te veo y a mí me pitan los oídos. Así que me quedo allí de pie, esperando a que vuelvas a por mí. Porque no, esta vez no iré, no te buscaré. Me has pedido que cambie mil veces para estar a tu lado y yo lo he intentado hasta perderme a mí misma. He renunciado a mi esencia para conservar la tuya, para no importunarte, pero ya me ha parecido suficiente. Jamás te pediría que cambies, aunque sí que me aceptes, que no me obligues a no ser yo. Y, después de todo lo que te he dado, has decidido marcharte. Dices que no quiero cambiar y en parte tienes razón, porque quiero ser yo misma, pero ya no sé si quiero serlo contigo. Así que me marcho yo también, y aunque me empapan las lágrimas no me giro ni cuando te escucho llamarme.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario