Lo siento. Por molestarme por todo, y crear un drama detrás de otro. Por echarte en cara constantemente las cosas, y que siempre tengas que ser tú quien me hable para solucionar las cosas. Siento causarte más problemas de los que ya tienes, y a veces no ser muy comprensiva, o no llegar a entenderte del todo. Siento ser impulsiva, exagerada y rencorosa. Siento que me afecten tanto las cosas cuando no debería, y te juro que lo intento controlar, pero simplemente no puedo, soy así, y lo siento también por eso. Siento llenar de más mierda tu vida cuando ya estás mal, y no te lo mereces. Y siento no ser la mejor amiga que esperas y te mereces.
viernes, 31 de agosto de 2018
Deseo no ser yo
A veces me pregunto por qué todo el mundo lo hace, por qué me apartan, me dejan de lado, como si yo no valiese nada. Y entonces lo entiendo. Al principio pensaba que era algo que hacía, que no era suficiente, que tenía que mejorar; pero por más que lo intentaba, no funcionaba. Entonces me di cuenta de que el problema soy yo. Y no importa, no importa en lo absoluto todo lo que trate de hacer, porque al final seguiré siendo yo, y nadie aceptará eso. Nadie lo aguantará. Así que dejo de esforzarme, en tratar de ser simpática, guardar mis sentimientos, no hacer daño, ¿de qué me sirve todo eso? De qué me sirve siempre ofrecerme a ayudar, y compartir lo mío, si cuando la gente obtiene lo que quiere de mí se va con otras personas a disfrutar de lo que han conseguido; y me dejan fuera a mí de ello. Así que vuelvo a estar sola, con la música en bucle y el agua salada empapando mis mejillas, preguntándome por qué yo. Y por qué tengo que ser así. Deseando, a veces, poder simplemente no ser yo, y ser aquella persona a la que todos dedican su atención, y con quien quieren estar. A veces me canso de esta soledad. Pero entonces entiendo que nadie está, y que lo voy a tener que aceptar.
Soy agua
Creo que, a veces, la gente piensa que soy de hielo, que yo no siento, tan solo porque mantengo mi rostro neutral, porque me callo lo que siento. Y eso no es verdad. Tengo sentimientos, igual que el resto, y las cosas me duelen como a todo el mundo. Me duelen al punto de que, si soy hielo, con cada cosa me derrito un poco más, hasta acabar siendo agua. Y estoy cansada de que me traten como si nada me afectase, porque soy yo, ¿verdad? Y como soy yo, ¿qué más da lo que decimos? Se le puede lastimar tranquilamente. Estoy cansada de esto. De la gente que me hace daño, y de quienes me apartan deliberadamente, de quienes me dejan de lado; de que no se me trate con valor. Puede que sea exagerada, o una dramática, pero las cosas las siento de corazón, y os puedo asegurar que mis lágrimas son muy reales. Y, si no me creéis, las podéis ver ahora mismo, en cada palabra que he escrito.
Yo valgo más
¿Se supone que simplemente tengo que dejarlo pasar? ¿Ocultar todos estos sentimientos? Solo porque no son correctos. Porque alguien dice que no se corresponden con la realidad. ¿Sabes qué? Que es un error lo que dices, porque se corresponden con mi realidad, y es igual de correcta que la tuya. Estoy cansada, de que siempre me dejen de lado, que se olviden de mí y tiendan a pensar en mí como alguien que no tiene sentimientos. Claro que los tengo, como cualquier otra persona. Que no quiera dejarme llevar por ellos, y sea fuerte, no quiere decir que me duelan menos las cosas. Me duelen, y me duelen mucho además. Pero trato de seguir adelante, de obviar a todas esas personas que me lastiman, y que dicen, ¿qué más da? Si es ella. Exacto, soy yo, así que, me podéis pisotear, ¿no? Y la respuesta es no. No voy a caer en el juego de nadie, ni me voy a molestar más. Mis sentimientos valen más que todo esto. Yo valgo más.
martes, 28 de agosto de 2018
Ya no estás
La casa se siente vacía desde que tú ya no estás. Muerta, más bien, sin tu música a todo volumen y tu voz para acompañar. Mamá y papá ya nunca están, y tú tampoco. Y, cuando ellos están, ya no se siente igual. Como si, al irte, te hubieses llevado contigo una parte que ya no se puede recuperar. Tu habitación no existe, y creo que lo que más pena me da es no tener un sitio en el que poderte recordar. E, incluso así, no puedo parar de imaginarnos, a mí, tumbada en tu cama, y a ti frente al espejo, pasando horas arreglándote. Y tu voz contándome adónde ibas, y tus risas genuinas que, a veces, por las noches acababan en llanto mientras te deslizabas en mi cama para abrazarme, mientras yo te susurraba que todo iba a estar bien. Y los días encerradas viendo aquellas películas cursis que nos hacían soñar conque algún día seríamos nosotras, aunque no fuese verdad. Momentos de pura felicidad, aunque por aquel entonces yo no sabía que, de repente, un día, tú ya no estabas más. Tan precipitado que pensé que no era verdad y, sin embargo, a pesar de todo el tiempo que ha pasado todavía me despierto con la esperanza de bajar a desayunar y encontrarme contigo, y que me pidas que te acompañe a cualquier lugar, y que yo acepte, porque lo único que me importa es estar contigo. Pero ya no estás y, aunque me duela, jamás volverás.
Te extraño
Hoy me he acordado de ti. He leído, y tu esencia estaba impregnada en un personaje y, la mía, en otro. Estás lejos de aquí, y ojalá pudiera decir que te siento muy cerca de mí, pero eso sería mentir. Extraño las noches en vela, en las que me contabas tus romances fortuitos, y me decías que ojalá yo encontrase algo mejor de lo que lo has hecho tú. Extraño ver tu habitación, morada, repleta con tus muebles, y verte a ti sentada frente al espejo, maquillándote o peinándote, como siempre hacías, arreglándote para ti. Extraño el tumbarme en tu cama mientras te hacía compañía al hacer tú aquello, aunque a veces ni si quiera nos dirigiésemos la palabra y solo estuviésemos ahí, juntas. Extraño ver películas románticas que ya sabíamos cómo iban a acabar, pero que nos hacían llorar igual; el leer un libro e inmediatamente después dártelo para que lo leyeses y pudiésemos hablar juntas sobre él. Extraño el ver series juntas, ir a la playa porque te quieres poner morena y me obligues a hacer cosas que de otra forma no me atrevería. Que me hagas compañía en las eternas reuniones familiares, y en las solitarias horas que paso en casa. Extraño que me molestes cuando trato de estudiar y que me digas que debería dejarlo y salir un rato. Que me acompañes a conciertos, y escucharte cantar. Extraño que ya no estés aquí, y te extraño aún más al saber que ya jamás lo estarás. Que ya nunca estarás en la habitación de al lado para contarte mi sueño nada más despertar, y me ayudes a buscar el significado, ni te abrazaré mientras lloras desconsoladamente. Extraño tus molestos ruidos, porque tú nunca has sido sigilosa, y la casa se siente tan sola desde que te fuiste de aquí, que a veces me sofoca vivir en tanta soledad, cuando antes había estado tan rebosante de vida, y había sido tan feliz estando contigo. Te extraño tanto a ti.
domingo, 26 de agosto de 2018
Me preguntas
Me preguntas, a pesar de que sabes que no te va a gustar la respuesta. Y me obligas a darla, rompiendo mi corazón con ello. Que irónico, ¿no? Cuando quien tendría que llorar no soy yo. Y tú avanzas, pero atrás me quedo yo, haciendo que me replantee mil cosas. Me quebraste, te acepté de vuelta, y ahora quien te rompe soy yo, logrando llevarme a mí por el camino. No importa lo que haga que, al final, la que acaba tirada en el suelo soy yo, por lo que siento, y por lo que no. Me preguntas y te pido por favor que no, que eso, no. Pero lo haces, y me insistes, y aunque respondo se me coge un nudo en el pecho tan grande que todavía hoy me dura la sensación. La sensación de vacío, de abandono, de daño, ¿y sabes qué es lo peor de todo? ¿Lo que más me duele? No haberte hecho a ti la misma pregunta. ¿Qué hubieses respondido? Y quizá la respuesta hubiese sido la misma que la mía, ¿sabes qué es lo que más me asusta de todo esto? Saber que de haber sido así, me habrías destrozado el corazón.
Te quiero, pero no
¿Cómo te lo digo? Esto que siento, que llevo tan dentro. Que te quiero, pero no te quiero, ¿tiene sentido lo que digo? Porque quiero el recuerdo que tengo de ti, lo que solíamos ser, pero no quien eres hoy. No me vale tu perdón, si con ello crees que todo está arreglado; y es que para mí una disculpa sirve para empezar de nuevo, no para continuar donde se ha dejado. Y te digo que te aprecio, porque lo hago de verdad, porque en el fondo sí te quiero, pero no. No voy a dejar que entres en mi vida, la destroces, y dejarte marchar sabiendo lo que siento. Porque no te quiero y, a veces, hasta me caes mal. Mal al punto de no querer volver a verte más, de dedicarte mil insultos en mi mente y dejarte de hablar. Pero entonces vienes y tiras mis muros, con tus palabras que me recuerdan lo que eras, y vuelvo a darte una oportunidad. La desperdicias una vez más. Y te digo la verdad, esa que duele, pero que me afecta más a mí que a ti, a pesar de que la causante del daño soy yo. Porque te quiero, pero no.
viernes, 24 de agosto de 2018
Destino
La primera vez que te vi no me di cuenta de ello, pero ahora que miro hacia atrás en el tiempo lo único que puedo pensar es que tú tienes que ser obra del destino. Que la vida me ha estado golpeando sin cesar porque me estaba preparando para que me mereciese lo que me iba a llegar, porque solo así sería capaz de apreciarte. Como un ángel, demasiado bueno para mí, más de lo que jamás podría esperar; y estaba todo escrito allí, en las estrellas, que tú eras para mí aquello por lo que yo había estado rezando, como si mis oraciones te hubiesen traído hacia mí. Cosa del destino. Y te vi, entre toda la multitud, porque tú brillabas más que nadie, aunque aquella luz tan solo la podía ver yo. Tú viste la mía. Me dijiste que era tu ángel, aquello que tanto habías estado esperando, ¿y qué casualidad, no? Que yo había estado esperando por lo mismo. Y como la obra del destino, nos unimos, complementados el uno por el otro, aquello que nos habíamos ganado, que nos merecíamos. Todavía hoy te veo con los mismos ojos que aquel día en el que te reconocí como mi milagro personal, porque tenían razón, solo después de todo lo que había sufrido sería capaz de reconocer en ti la persona que tanto quería, y que quiero, porque cada día tan solo estoy más convencida de ello, de que eres la luz que me ilumina en mis malos días, y yo soy la mano que te levanta en tus caídas.
Mi vida me pertenece
¿Crees en el destino? En ese que, hagas lo que hagas, al final acabas encontrándote con lo que te tenía preparado. Como si no pudieses escapar de él. Esa persona que, a pesar de estar en la otra punta del mundo, te acabas encontrando con ella y te cambia la vida. Ese accidente que te pilla desprevenido. Ese beso con el que tanto has soñado. Esa ruptura inevitable. ¿De verdad que ya está todo dicho? Que yo no tengo ni voz ni voto porque, haga lo que haga, al final acabaré encontrándome con esa persona, chocando con ese coche, besando a aquella chica, o rompiendo con aquel chico. Que por más que huya de él puede que sea precisamente lo que me haga acabar de lleno en mi destino. Quiero pensar que no es así, que yo soy la que crea su propio destino; conociendo a mil personas, besando a otras tantas y sin rupturas descaradas, sorteando a coches, motos y a cualquier vehículo que se dirige hacia mí a toda velocidad. Quiero pensar que son mis decisiones las que me llevan a definir mi vida, el no mirar bien la carretera, el no cuidar a quien debía, o alejarme cuando no debía. Quiero pensar que mi vida me pertenece a mí.
miércoles, 22 de agosto de 2018
Quiero, a tu lado, volver a ser yo
Ha pasado tanto tiempo desde la última vez que te escribí, que ya ni si quiera recuerdo mis palabras hacia ti. Es irónico, ¿no? El hecho de que yo te pedí que me dejases ir, y ahora sea yo la que no te deja marchar, reteniéndote en mi mente. ¿Crees que sea hipócrita? Me siento una, al menos. Pero es que es tan difícil marcharse de un sitio en el que se ha vivido tanto. ¿Sabes cuál es el problema? Que tú, de entre todas las personas, no me has hecho sentir especial, como ha tratado el resto; me has hecho sentir que puedo ser yo misma, y eso no tiene precio. Y ahora te has ido, porque te lo pedí yo, pero cada noche tengo atascado tu nombre en mi garganta, soñando con que te pido que no me hagas caso, que te quiero aquí, a ti, que no me dejes ir. Pero ya te has ido, y no puedo obligarte a volver a por mí. No es justo, tampoco, a fin de cuentas debería ser yo la que corra hacia ti. ¿Me abrirás los brazos? Porque quiero correr hacia ellos, encerrarme en tu calor, esa que siempre me ha hecho sentir tan segura. Quiero, a tu lado, volver a ser yo.
Vive
No llores, por favor. Ya sé que el alma pesa, y los temores crecen, que los días pasan y tú sientes que no avanzas; pero el mundo se mueve y tú con él. No te pido que sonrías, ni que estés de buen humor, ni si quiera que estés bien, y mucho menos que finjas todo esto. Te pido que vivas, que vivas con tus miedos, y tus inseguridades; que luches con demonios, y mentes vacías. Que vivas con resaca de discusiones eternas, y gritos que no te dejan descansar. Con la música al máximo y los problemas al mismo nivel, porque huir no siempre es la solución. Que vivas con flojera, deshaciéndote de todo aquello que te haga mal, y las personas que te retengan. Que vivas con toda la carga que ello supone, sintiéndote bien o mal, siendo duro o fácil; aunque te aseguro que esto último nunca será real. Pero vive, maldita sea, vive como sea, que hasta con sufrimiento se tiene una buena vida, al fin y al cabo somos nosotros los que decidimos cómo vivirla.
martes, 21 de agosto de 2018
Amarte
Últimamente no me salen las palabras, atoradas, en alguna parte de mí. O quizá son mis sentimientos, los que no quieren salir. Escondidos, porque afrontarlos es demasiado duro para mí, porque eso significaría tener que aceptarlo. Resignarme. Y yo no me quiero deshacer de ti. Odio este sentimiento, el que me hace sentir cosas que no debería por ti, ¿pero y quién me puede culpar a mí? Si de entre todas las personas, tú eres la única que me ha hecho sentir. Puede que sea un amor fugaz, o eterno, no te lo puedo decir; lo que te puedo asegurar es que es intenso, profundo, y real. Un amor como los de antes, de escribir cartas, y mandarlas. No las envío, pero espero que mis palabras lleguen hasta ti, aunque sé que no lo harán. ¿Lo notas? Esa sensación, la de vacío, la que te hace creer que nadie se va a enamorar de ti, ¿no te parece que está desapareciendo? Supongo que debo nombrarme culpable. De robarte el ser la primera persona que te ame, y de amarte. Amarte sin premisas, ni miramientos, ni sufrimiento; tan solo disfrutarte.
Te he escrito cinco textos
Te he escrito cinco textos. El primero ni si quiera sabía que iba para ti. En el segundo vi un atisbo de ti, en el tercero se me vino tu imagen. En el cuarto apareció tu nombre. Y en el quinto ya estoy convencida de que estoy hablando de ti. ¿Cuántos textos más tendré que escribir para darme cuenta de que todos tratan sobre ti? Los alegres, y los tristes; los que hablan de amor y de odio. Textos, textos, todo contigo son textos, pues es en ellos en el único lugar en el que me atrevo a decir lo que siento, ya que no puedo decírtelo a ti. No puedo decirte que eres de lo único que puedo escribir, porque ocupas todos mis pensamientos. Que, para colmo, te has llevado mi corazón, y ahora ese vacío grita porque tú ocupes su espacio. ¿Cómo le digo a mi alma que tiene que velar sola, porque tú no le quieres hacer compañía? Y a mi cuerpo, ¿cómo le digo que envejezca solo? Que tú lo que quieres es estar lejos, con otra persona. O solo. Solo, al igual que lo voy a estar yo, porque siento que jamás voy a conocer a alguien como él, ni voy a sentir lo mismo. Es duro, conocer al amor de tu vida y saber que jamás te podrá corresponder y que, a pesar de eso, cada uno de tus pensamientos giran entorno a él.
jueves, 16 de agosto de 2018
No pienso perderte
Son días de incontable tristeza y soledad. Para ti, que lo estás pasando tan mal; y para mí, que desde aquí no te puedo ayudar. Me dices que ya no puedes más. Te digo que tú puedes con esto y más. A veces la vida parece la muerte, con su semblante tan lúgubre, trayendo tan solo sangre y lágrimas, pero te prometo que no lo es. Que no es siempre así. Hay etapas más duras que otras, en las que nos sentimos solos, devastados, pero siempre y ante todo, hay que seguir. Tienes que levantarte, deja ya de llorar, deja esos cristales que tanto daño te hacen, y conviértelos en un espejo mágico. Pregúntale, pregúntale por la persona más bella del lugar, y ya verás que la respuesta eres tú. No necesitas que nadie te diga eso, porque quien en realidad tiene que decírselo a sí mismo, eres tú. Y sé que a veces el exterior nos afecta, y la mente es la mente, pero también sé que no hay nadie más fuerte que tú. Entiendo que los problemas te afecten, y que quieras huir. Entiendo también que te has cansado de esconderte, pero a la vez no puedas dejar de hacerlo, que te sientas solo, aunque estés rodeado de tanta gente. Y sé que, a pesar de todo, quieres seguir haciéndole a todo frente, porque, como te he dicho, tú eres el más fuerte. Y cuando te quiebren las fuerzas, contarás con las mías, porque si te has de cruzar con la muerte, tendrá que pasar por nuestro fuerte, y juntos somos todo un torrente, indestructible, imponente. No tienes que pedirme que no te deje, no lo haré, porque eres, como siempre me dices a mí, más de lo que podría esperar. Y no pienso perderte.
Lo sé
Sé lo que sientes, el dolor que te consume por dentro; me lo has enseñado, y es atroz. Sé que cada día te duele despertarte, y que a veces desearías no hacerlo más. Que las noches son malas, y los días peores, que te inundan las pesadillas con los ojos abiertos y que tu propia vida parece una película de terror. Pero también sé que eres fuerte y que cada herida, provocada o no por ti, será una cicatriz en tu cuerpo y en tu corazón, que te recordarán por lo que has vivido, y lo que te ha tocado sufrir. Pero ese día ya lo habrás superado, te prometo que sí. Puede que ahora todo te parezca oscuridad, pero yo todavía recuerdo aquel día que me dijiste que para ti soy una luz en medio de la oscuridad, como la canción; y tú sigues siendo la oscuridad que quiero iluminar. Y sé que estás cansado de luchar, que cada día te quedan menos fuerzas y toda la vida te parece una mentira, pero cuando tú no puedas más, yo tiraré de ti. Que si a ti no te quedan fuerzas yo te las doy. Lo siento, por no poder ayudarte, porque sé que quieres que alguien te levante, no estar solo, pero es que esto es algo que solo tú debes superar. Todo está en tu mente. Lo único que puedo hacer por ti es recordarte que siempre tendrás una amiga en mí, la primera, pero jamás la última. Y que, sea como sea, pase lo que pase, yo siempre seguiré amándote.
sábado, 11 de agosto de 2018
Yo te quería
¿Sabes qué es lo más triste de todo? Que yo te quería como para caminar juntos, de la mano, pero no hoy; sino que toda la vida. Yo te quería para ponerle nombre a nuestros hijos y ver caer por cien años las hojas de los cerezos. Para caminar con bastones, y morir en la cama. Te quería como para no abandonarte, luchar por ti, y demostrarte cada día lo que sentía por ti; por el resto de mi vida. Y, mientras yo labraba un futuro en un presente tan alejado de la realidad, tú soñabas con mi cuerpo, con cómo meterte dentro, para luego tan solo salir. Yo quería penetrar en tu alma, conocer cada recoveco, y adentrarme en tu mente, hasta saber todo de ti. Pero para ti todo era superficial, y ni si quiera te paraste a pensar en si yo tenía alma, o una mente para compartir. Nunca quisiste saber de mí, ni te fijaste en cómo las comisuras de mis labios se elevaban nada más verte, o en el brillo de mis ojos al estar junto a ti. Miraste donde no debías mirar, exploraste aquellas partes de mí que no te correspondían, y me robaste lo único que tenía. Y ahora me dices que me querías, pero dime, ¿acaso pensaste tú en la forma en que yo te quería? Porque hay muchas formas de amar y, me temo, que la tuya no se corresponde con la mía.
Hielo
Dicen que el amor es fuego y pasión, pero eso lo dicen aquellos que no te conocen. En tu mirada no hay fuego, hay hielo, uno que cala hondo; hasta los huesos. Tus marcas no se dejan en la piel, como muchos suelen representar, las tuyas calan hasta el alma, esa que congelas con tan solo unas palabras. Y muchos dirán que eso no es amor, que el amor te hace palpitar el corazón, y te llena de mariposas, pero para mí no. Tú no me provocas eso. Tú eres hielo y escarcha, me dejas estática, paralizada; no me tiemblan las piernas cuando estás cerca, porque provocas que ni si quiera me las sienta. Mi corazón no late con rapidez, se detiene, tratando de memorizar el momento en el que te veo. Para nosotros no hay besos bajo la lluvia, porque ni tú eres de dar besos, ni yo soy de esperarlos. Y mientras otros graban a fuego lento los momentos, yo los congelo, quedándomelos para siempre. Que yo no tallo nuestros nombres en el tronco de un árbol, yo los escribo sobre la nieve, hasta que, con los copos, se borran. Porque entiendo que el amor es efímero, y aunque traten de magnificarlo, de decir que es eterno, yo sé que no. Y a pesar de ello te estoy escribiendo esto, porque espero derretir un poco de tu hielo, y un poco del mío, para hacer que se unan los dos.
Viento
Mece mi cabello este viento tan disperso, perdido, en un lugar en el que no debería estar. Como yo. Pero él se queda, y yo también. No importa que ninguno de los dos encaje en aquel lugar, y que, tal vez, no estemos haciendo bien; pero somos egoístas, y nos queremos quedar. El viento azota los árboles, salvaje, y yo cargo contra su corazón, decidida. ¿Y quién decide que los dos nos quedemos ahí? Cuando no hacemos ningún bien, y lo único que somos, es destrucción. Pero no se atreven a dejarnos ir, ¿sabes lo difícil que es atrapar el viento? No se puede, siempre se acaba yendo, hasta que ya no queda nada. Como yo. Un día voy a desaparecer, y entonces te vas a dar cuenta de todo el daño que te he causado, que la culpable de ese dolor que cargas, siempre he sido yo. Te vas a dar cuenta de que estás mejor sin mí, y de que yo te lo advertí, que quisiste domar lo indomable y cargaste contra algo que no se podía. Te hice daño, aunque en realidad yo no quería, te lo juro que no, pero está en mi naturaleza el ser así. Lo siento. Siento todas las estacas que lograron desangrarte un poquito más, y ser la que después te intentase curar. No se pueden curar las heridas que uno mismo provoca, lo mejor, es dejar marchar. Me tienes que dejar ir, no puedes seguir dejando que te retenga, soy mala para ti, ¿es que no lo ves? Que tu mayor obstáculo soy yo. Que el sufrimiento que cargas, es parte de mi culpa, que he derribado muros que deberían seguir alzados, y he quebrado tantos cristales que, al final, a quien acabé quebrando fue a ti. Lo siento, por ser egoísta y quererte, y no dejarte marchar cuando sé que debería hacerlo. Lo siento por ser la causa de tu malestar, y por todo el daño que te he causado. Lo siento por ser yo, pero el viento no tiene dueño, y ni yo sé adónde voy.
jueves, 9 de agosto de 2018
Ella soy yo
Brillo dorado, feroz, en la mirada, y hoyuelos que cubren con falsa ternura la jodida realidad. Jodida, porque así es como ella está. Con una sonrisa brillante, deslumbrante, y diciéndole a todos lo bien que está. A veces no es verdad, pero a ella no le gusta ser el centro de atención, ni mostrar debilidad. Le gusta ser la chica fuerte, con la que todos pueden contar. Lo es, y siempre lo será; pero hay días en los que le cuesta levantarse, ¿y a quién no? Pero ella se empeña en intentar ser un ser superior, uno casi perfecto, en un mundo inverosímil en el que nunca se está mal. Con una sonrisa pintada, unos hoyuelos adornando su angelical rostro, y esa mirada enternecida, que te hace saber que, a pesar de todo, ella está bien, y puede salir de todo. No importa lo que le ocurra, que esté sola, o que ya no pueda más. Siempre encuentra la manera de seguir adelante, con o sin ayuda, y de encontrar motivos para estar bien, y, lo más importante, para sonreír de verdad. Siempre vuelve a salir al mundo, dispuesta a luchar por lo que quiere y cree, y para ayudar, hasta cuando a ella la dejaron de lado; porque ella siempre estará. Y no se desanima, no, porque a ella la dejen sola cuando más los necesita, porque ella aprendió que a la única persona que necesita, es a sí misma.
lunes, 6 de agosto de 2018
Acantilado
Me siento frente al acantilado, dándome cuenta de que ya no me parece tan bonito. Me he sentado aquí mil veces, y las mil me pareció hermoso; pero en todas esas habías estado tú. Ahora ya no estás. Y lo contemplo, te juro que trato de verlo con los mismos ojos, pero es que es tan duro cuando no estás tú. Hablando de todo, y a la vez de nada. A veces llorando, a veces riendo. Otras tantas tan solo en silencio. Pero junto a ti, siempre junto a ti. Y ahora el viento azota mi cabello, escucho el choque de las olas al romper; y me sigues faltando tú. Cierro los ojos, tratando de imaginar que estás a mi lado, pero no es la misma sensación. Es curioso, el saber que estás ahí, pero a la vez no. Que estás tan lejos, pero a la vez tan cerca. No me atrevo a buscarte, porque sabes que estoy aquí, y yo tan solo estoy rogándote porque vengas, que vengas a por mí. Te extraño, cada vez que me siento aquí, en mis noches de insomnio, esas que siempre llenabas con tu compañía. Ahora solo me queda el paisaje. Y es hermoso, de verdad que sí, ¿pero de qué me sirve tener frente a mí la vista más bonita, cuando lo más bonito de mi vida eres tú, y ya no estás para verlo conmigo? Ojalá subas a buscarme, porque la noche es larga, y el frío cala, y yo sigo esperando por ti.
viernes, 3 de agosto de 2018
Ya no puedo más
A veces parece que nada existe. Es como si la realidad se volviese borrosa, más parecido a un sueño, que a la propia verdad de la vida. O quizás soy yo, que prefiero distorsionarla que enfrentarme a ella. No quiero hacerlo más. Hoy traté de vencerte, y tan solo me hundí más. Las gotas, dulces, han recorrido tantas veces mi rostro que ni si quiera las he podido contar. Y hoy me pregunto si merece la pena seguir. Porque hoy estoy peor que ayer, y que antes de ayer; y seguramente, mañana, tan solo esté peor. Porque nada avanza; la marea tan solo me arrastra. Y ya no me queda nada. Ni seguridad, ni positivismo, ni ganas de seguir. No me quedan ilusiones, ni esperanza. Ni fuerza de voluntad. Me he cansado de caminar, pues me he dado cuenta de que estaba tratando de subir unas escaleras mecánicas en la dirección contraria. No encuentro las indicadas. Y estoy sola, en el centro comercial, como una niña pequeña que se pierde, y no encuentra a su mamá ni a su papá. Y empiezo a llorar, porque me doy cuenta de que el único modo de llegar a ellos, de llegar a todos, es subiendo. Pero no puedo. Así que me quedo sola, en el suelo, con la cara empapada y sabiendo que ya no puedo más.
Días
Hay días que ni si quiera deberían considerarse como tal, con tanta oscuridad. Días que parecen noches eternas, sin luna, y sin luces para iluminar. Días en los que el aire sopla, frío, y cae una lluvia torrencial. Hay días que no merecen ser días. Que en lugar de viernes, debería ser jueves; porque a veces es mucho mejor vivir atrás. Quiero volver a ayer, para ahorrarme hoy, y no tener que vivir con el mañana. Por favor, Dios, no me hagas tener que vivir un mañana. Ni si quiera puedo con hoy, ¿cómo voy a sumar otro día más? Si es que suma, porque yo diría que avanzo hacia atrás. Restan los días, resta la vida. Lo único que suma, son las desgracias. Y los malos días. O la mala vida.
miércoles, 1 de agosto de 2018
Dicen por ahí
Dicen por ahí que las noches son más solitarias sin tu compañía, que cada canción me recuerda tu nombre, y cada mensaje me hace querer que, en realidad, fueses tú. Dicen por ahí que te echo de menos, aunque tan solo hayan sido unos días sin ti. Y es que, ¿quién me puede culpar a mí? Si tú estabas siempre ahí, y sin ti ya no me queda nada. Hoy, que de entre todos los días es el que he estado más devastada, es cuando más te he echado en falta; porque por más que me hablen, no eres tú. Y te juro, estoy tan rodeada, pero es que sin ti me siento tan sola. Como si nadie me comprendiese, ni dijese lo que quiero escuchar; y puede que sea así, puede que lo único que quiera, es que las palabras las digas tú. Pero dicen por ahí que tú no quieres saber de mí, ¿y quién puede culparte a ti? Supongo que era inevitable, que acabaría pasando. O tal vez soy solo yo, que le doy muchas vueltas a todo. No lo sé, creo que este silencio tan solo me está matando. ¿Crees que puedas volver a por mí, por favor? Dicen que no vas a volver, ¿pero puedes culparme por querer quedarme a esperarte? Espero que las voces se equivoquen. Espero que tú también me quieras a mí.
Me voy
Me voy, y no es una amenaza, me temo; es un comunicado. Me voy, y no, no me mudo, ni me marcho a ningún lado. Pero me voy. Me voy de tu vida porque, simplemente, ya no me siento bienvenida. Me voy porque es demasiado duro verte y saber que te estás destruyendo, que no se puede ayudar a quien no quiere ser ayudado; y que tú has decidido ponerme a un lado. Me voy, porque te amo, y cada corte es una puñalada a mi corazón. Porque sabes que yo no soporto la autodestrucción, y tú lo estás haciendo en estos momentos. ¿Pero sabes qué es lo peor? Que, en el proceso, con quien vas a acabar es conmigo. Y yo no quiero caer, de verdad que no. No aguanto más la negatividad, las eternas malas rachas, que se convierten en vidas enteras, ni las horas en vela, rezando porque no te haya pasado nada. Me voy porque simplemente ya no aguanta más mi corazón, de tanto quererte, y ver que tu amor no es tan grande como el mío, como para querer parar por mí. Yo lo haría por ti. Haría cualquier cosa que me pidieses. Pero supongo que ya no, después de todo, me voy.
Tengo ganas de escribirte
Hoy tengo ganas de escribirte, a pesar de que no estés leyendo esto. Siento tanto en estos momentos, que ni si quiera sabría por dónde empezar. Llevo varias noches sin dormir, de la angustia, del agobio, del miedo. Y el dolor de cabeza persiste en mí, taladrándome lentamente. Estoy enfadada contigo. Por abandonarme a mí; y por abandonarte a ti. Estoy enfadada conmigo misma, por estar escribiendo esto tan solo con la esperanza de que, en el proceso, me llegue un mensaje tuyo. No llega, no. Y eso tan solo lo hace todo peor. Porque sigo esperándote, y no sé si es de ser ilusa, o de tener fe, lo único que sé es que no tiene pinta de que vayas a volver. Te estoy echando de menos, y te acabas de ir. Estoy sintiendo tu pérdida, y ni si quiera has desaparecido. ¿Es demasiado tarde para recordarte que te amo? Puede que sea así, que ya no vuelvas, y que me quede aquí, esperando hasta la saciedad, deseando que nunca te hubieses ido. O puede que, al final, la que se vaya sea yo.