Encontré la manera de detener el tiempo, la misma con la que, como te conté hace unas noches, te hice, y te hago, inmortal. Escribo sobre ti. Al principio ni si quiera sabía que lo hacía, creía que las palabras brotaban por arte de magia, pero seamos justos, la magia, no existe. Lo que sí existe son mis ganas de ti, en cada noche solitaria, y en cada día agetreado. Que hasta cuando no te hablo pienso en ti, ya sea queriendo, o no. Sueño contigo, dormida, y despierta. Y que a veces son bonitos, de esos en los que tú me correspondes tu amor, pero que en otros no, en otros la realidad es aplastante y aparece para decirme que las pesadillas también son sueños y, estos, se pueden hacer realidad. Son la realidad. Así que te escribo, y no por última vez, porque es mi manera de hacerte saber, hasta sin hablar contigo, que no me olvido de ti.
No hay comentarios:
Publicar un comentario