La noche serena, las olas rompiendo en la orilla, la arena cubriéndonos. La luna iluminando aquello que ante los ojos no se ve. Mis manos en tu piel, y tus besos en mi boca. La mirada perdida, la respiración agitada, el corazón alocado. El cabello despeinado, las ropas tiradas, la pasión encendida. Y calor. Calor allá donde tus labios se posan, y tus caricias me rozan, donde las palabras llegan al alma, y los susurros, al corazón. Calor donde tu nombre se funde con el mío en un torbellino incontrolable en el que, de un momento a otro, no se sabe dónde empiezas tú, y dónde acabo yo.
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