Hablando de corazones me dijeron que el mejor era el tuyo, que si había algo por lo que mereciese la pena luchar en este mundo, era para ganárselo. Y lo hice. Luché con cada fibra de mi ser, pero no lo logré. Supongo que no importa cuánto quieras algo que, si no está para ti, no lo está. Y que no es rendirse, es aceptar lo inevitable, no se le llama derrota cuando nunca ha habido una batalla. Y tu corazón nunca estuvo en juego, porque ese solo a ti te pertenece.
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