domingo, 25 de marzo de 2018

Guerras

Y en la batalla más sangrienta clavé mi hacha en el suelo bramando por una tregua, alcé la bandera blanca, y aturdida contemplé todo aquello que había provocado. A veces no basta con remedirse, porque el daño ya está hecho. Cuando todo a tu alrededor es una masacre, una carnicería, ¿acaso mereces perdón? Y sí, te has dado cuenta de tu error pero, ¿de qué sirve eso? ¿Acaso puedes reparar el daño provocado? Porque te diré la respuesta: no. Tanto en la guerra como en la vida, los errores se pagan caros, y una mala acción puede acarrear grandes consecuencias, muchas de las cuales son imperdonables. Y sí, puede que sea cierto, puede que te arrepientas, pero dime una cosa, ¿acaso una persona así merece perdón? Y en ocasiones la respuesta será sí, pero en muchas otras tantas, será que no. Depende del daño provocado, y de la persona que lo aplique, pero las treguas solo suponen que se volverá a iniciar la guerra, y yo ya estoy cansada. Estoy cansada de una guerra que la única vida que se lleva, es la mía. Estoy cansada de treguas, perdones, y ataques a traición. Esta guerra acaba hoy. Y es que hoy, por fin, obtendré la victoria al eliminarte de mi vida.

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