Ella es soledad, música melancólica y lágrimas de desaliento. Es un grito en medio de la nada, y una lluvia torrencial en medio de todo. Ella es un suspiro a medianoche y una sonrisa en la mañana. Ella es la brisa capaz de ponerte los pelos de punta, y el escalofrío que te recorre por la espina dorsal. Es risa y fantasía, inseguridad y perdición. Ella es... Ella es aquella a la que no le dedican canciones de amor ni le prometen un para siempre, porque ella no es ese tipo de chica. No, ella no. A ella no la toman de la mano, ni la llevan a tomar café, ni la sacan a bailar. Ella es de las que contemplan las estrellas, preguntándose un por qué. Ella es de las que investiga, es curiosa, es pasión. Es inteligencia, agradecimiento y, a la vez, ella es dolor, porque no hay nadie en este mundo que pueda amarla como ella merece y, por ese motivo, ella divaga pensando que no es especial, y que no es nada, sin saber que, en realidad, ella es todo.
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