sábado, 2 de febrero de 2019

Siempre tú

En algún momento de mi vida todo cambió. No estoy segura de cuándo fue, o por qué. ¿Por qué yo? Y por qué tú. Pero pasó. De entre todas las personas en el mundo, el destino quiso que diese contigo. Y no lo sé, no sé si eres mi alma gemela o el hombre de mi vida, pero lo que sí sé es lo que siento ahora mismo y, sinceramente, eso es más grande que cualquier otra cosa que haya sentido por alguien jamás. Es la primera vez que puedo decir que estoy enamorada. Que sí, que soy la chica tonta de las sonrisas, la que mira constantemente el teléfono a la espera de una respuesta que sé que me va a sacar un suspiro, y de la que ya no es capaz de vivir sin tus buenos días. Te di mi corazón, no porque lo nuestro sea un amor posesivo, sino que porque lo tuyo es tuyo, y lo mío es mío. Mi corazón ya no me pertenece. Es tuyo, y no hay nada que yo pueda hacer al respecto y, ¿sabes qué? Que tampoco querría hacerlo. Tú me has regalado lo más preciado en esta vida, y cada vez que te miro sé que merece la pena. Todo. El dolor, los malos momentos, las discusiones, las cosas que no deberían ser dichas y las que se callan de forma indebida. Pero al final del día sigues siendo tú. Siempre tú. Y ya podría venir a buscarme Romeo a mi balcón, que le diría que esta dama ya tiene dueño en su corazón. Deja que vengan a por mí, amor, todos los caballeros del planeta, deja que intenten ganarme, que lo que ellos no saben es que esa es una batalla perdida.

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