Podría pasarme la vida así, yaciendo a tu lado, con tu brazo rodeando mi cuerpo mientras cuento cada una de tus pecas. Pero me pierdo. Me pierdo en tu mirada, en tus besos y en tus bromas. Y cada vez que empiezo a contar de nuevo, me pierdo. En tus brazos, en tus piernas y en tu cuerpo. Pero yo vuelvo a empezar a contar, no porque vaya a acabar, sé que en tu cuerpo se encuentran miles de marcas que me llevaría toda la vida descifrar, pero precisamente por eso lo hago. Es mi aliento. Saber que si empiezo algo tengo que terminarlo y, si mi meta es un imposible, entonces pasaré toda la vida intentándolo. Si eso supone que estaremos por siempre así, seguiré contando. Incluso si me pierdo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario