jueves, 28 de febrero de 2019

Te extraño

Te extraño, y qué ironía, ¿no? Después de todas las veces en las que nos prometimos no olvidarnos, estar siempre juntos. Después de intentarlo tanto. Y hoy ya no estás. Y duele tanto, pero tanto. Sé que sigues ahí, para mí, pero es tan extraño. Como si ya no fueses la misma persona y tan solo fueses un mero desconocido, y no aquel a quien por abrirle le abrí hasta el último recoveco de mi alma. Y podría hablarte ahora mismo, yo sé que sí, pero no lo hago por miedo a decepcionarme. Me aferro a tu recuerdo a sabiendas de que eso es lo que espero encontrarme. Pero no será así. Y duele, duele muchísimo saber que esa parte de ti ya no está. Que esa conexión que teníamos, que pensábamos que iba a durar siempre, murió. Y aquí sigo yo, extrañándote, rogándote que si una parte de ti sigue aquí, queriéndome como antes, me hables.

Sola

Te habrás dado cuenta, después de este tiempo, que yo no soy de las que hablan. Que soy de las que callan, que arden por dentro, hasta que arden por fuera y acaban consumiéndose. Que conmigo todo son estoy bien cuando lloro por dentro. Que no pido ayuda ni cuando me estoy muriendo. Y a veces grito, en silencio, pidiendo una ayuda que sé que necesito pero que nunca acaba llegando. Entonces me envuelvo en la oscuridad. Sola. Sola. Siempre sola. Y reviento, te juro que reviento. En mil pedazos que vuelan por los aires y que acaban cayendo inevitablemente al suelo. Y la gente pasa a mi alrededor, ven que estoy sangrando, que los cristales me están matando, pero todo el mundo prefiere salir corriendo. Así que me armo de valor y empiezo a sacar los pedazos de mi propia autodestrucción, y empiezo de nuevo. Sola. Sola. Siempre sola, siempre sangrando, siempre llorando por dentro. Pero siempre reconstruyendo.

Eres

Describirte es como tratar de describirle un color a un ciego. Es esa clase de cosas que, si no las ves, no puedes transmitirlas. Eres el sonido que un sordo no puede escuchar, las palabras que un mudo no puede pronunciar, la belleza que un ciego no puede ver. Eres esa carrera inevitable a lo largo de la orilla de la playa, con el sol a la espalda. Una carrera infinita. Serena. Con las olas chocando contra tus tobillos y ese olor inconfundible a mar. Eres el sabor que queda en un tu boca tras probar tu comida favorita, el aroma del perfume que te encanta cuando alguien pasa por tu lado, y el gesto de volverte tratando de ver a quién pertenece. Eres el placer de leer un buen libro y de cerrar los ojos tras un largo día. Eres canción y letras, letras que componen cada melodía, aquí, en mis textos.

No me cansaría

Hay miradas que inspiran, que atrapan, que aniquilan. Hay sonrisas que cortan la respiración, que te hacen soñar, creer en algo más. Y hay caricias que... Hay caricias que no se pueden describir con palabras, que hay que sentirlas. Podría escribirte cien textos, mil poemas e infinidad de historias que nunca me cansaría. No me cansaría de describir lo que me produce tu mirada, ni tu sonrisa, ni tus caricias. No me cansaría de hacerte el protagonista de todos mis escritos y sé que nadie se cansaría de leerlos; porque estoy segura de que si alguien es capaz de verte a través de mis ojos, se enamorarán de la misma forma en la que lo hice yo de ti.

lunes, 11 de febrero de 2019

Llora

Respira hondo, tranquila, no pasa nada. Cierra los ojos y cuenta hasta diez. O cien. O mil. Tómate todo el tiempo que necesites. Relájate y, si tienes que llorar, llora. Llora que así es como se liberan las penas, los males y los peores. Llora que no pasa nada. No eres débil por llorar, eres fuerte por reconocer que eres humana. Por saber que ni eres perfecta, ni tienes que serlo. Y ahora sécate las lágrimas que, una vez fuera las penas, hay que agarrar la vida con las dos manos y volver a la carga.

domingo, 10 de febrero de 2019

Venganza

Y ahora si les viese caer les pisotearía, echaría sal a sus heridas y, si se ahogasen, lanzaría más agua a la piscina. Porque fueron ellos los que un día me tiraron al suelo, me provocaron las heridas y hundieron mi cabeza bajo el agua. Son ellos los que me quebraron tantos huesos que por quebrarme me quebraron hasta el alma. Los que me empujaron al borde del precipicio una y otra vez y gritaron palabras de aliento para que saltase cada vez que me acercaba a un puente. Son ellos los que lucharon día tras día para destrozarme a tal punto de que no estoy muerto pero siento que ya no tengo vida. Y no sé qué es peor, si morir o ser un muerto con vida. Así que huid de mí, huid bien lejos, porque yo ya lo perdí todo y ahora no tengo nada que temer, no dudaré dos veces en ser yo el que termine aquello que vosotros empezasteis y fuisteis lo suficientemente cobardes como para no acabarlo.

Amor tóxico

Una vez libre su sonrisa se me clavó como una daga, yo miré embelesado la herida, sangrante. No dolía, os juro que no dolía, porque teniéndolo frente a mí cualquier dolor desaparecía. Así que saqué el puñal que él mismo me había clavado y se lo devolví con otra sonrisa de ojos vacíos. Tomó mi mano y la apretó, sus uñas eran como clavos rasgando mi piel, pero yo me sentía seguro a pesar del dolor que me afligía. Caminamos por calles desiertas, allá donde no había nadie, porque él no quería que nos viesen juntos. Era por mi propio bien, decía. No me importaba, yo solo quería estar con él. Por eso cuando alguien caminaba en nuestra misma dirección y soltaba mi mano, no me alertaba, sabía lo que venía a continuación. Los gritos, que por qué lo había tocado, que era un maricón y un desgraciado, y las patadas. Hasta que la persona desaparecía. Entonces me besaba y me suplicaba que lo perdonase, y yo lo hacía. Porque lo quería, y porque él solo me estaba protegiendo. Por eso, ahora que estoy libre, sonrío. No sé por qué está llorando, yo me siento muy bien, ya no siento el dolor que antes me provocaba. ¿Quién yace a su lado? ¿Por qué lo abraza, manchado de sangre? Y sé que soy yo. O lo que era yo, al menos. Puede que su sonrisa fuese un puñal para mí, pero, al final, han sido sus puños los que han acabado con mi vida.

¿Qué piensas cuando escuchas mi nombre?

¿Qué piensas cuando escuchas mi nombre? ¿Se te hace un nudo en el estómago como a mí? ¿O sientes un vacío en el pecho que te deja sin respiración? Porque yo, si te veo, siento que me voy a morir. Aquella maravillosa sensación que me embargaba cada vez que estabas cerca de mí se ha transformado en gargantas resecas, ojos aguados y falta de respiración. Y si alguien pronuncia tu nombre, en un primer momento, se me acelera el corazón pensando que estás cerca. Pero entonces me acuerdo. Me acuerdo de que ya no estamos juntos, de que los buenos momentos contigo pasaron a ser eternas pesadillas y de que ahora no es mi mano la que sostienes cuando caminamos por la calle. Me acuerdo de que me traicionaste, y entonces me vuelvo a preguntar, ¿qué piensas cuando escuchas mi nombre? Y yo lo único que quiero, es que te acuerdes de mí, de lo que tuviste y perdiste, y que te des cuenta de que cometiste un error y te pasarás toda la vida lamentándolo.

Era un domingo por la tarde

Era un domingo por la tarde cuando te conocí. Me acuerdo porque aquel día yo no iba a salir, se supone que iba a quedarme en casa, sin hacer nada. Sin embargo, no fue así. Te conocí. Aquella tarde mis ojos se encontraron con los tuyos en algún punto. Sonreí. Sonreíste. Y yo ya no necesité nada más, ni un solo segundo de mi tiempo, para darme cuenta de que me iba a enamorar de ti.

sábado, 9 de febrero de 2019

Sentí el corazón

Sentí el corazón en mi garganta, porque en el pecho ya no me cabía, de agitado que estaba. Dando tumbos cada vez que mi mirada se encontraba con la tuya, aleteando, queriendo huir por completo de mí. Así que lo dejé ir, dejé que volase contigo. Tú lo atrapaste y le hiciste hueco al lado del tuyo, prometiste que lo cuidarías y con aquella luz en tu mirada, ¿quién era yo para dudar de tu palabra? Y si te lo preguntas, no, no me sentía vacía, allá donde se supone que debía bombear mi corazón había garabateado el nombre del tuyo y, mientras mi corazón latía con el tuyo, tu corazón vivía grabado dentro de mí.

Me vi reflejado

Me vi reflejado mil veces en el mismo espejo, aquel que me vio crecer y que me ha mostrado mi imagen por tantos años. Siempre triste, siempre huyendo, no queriendo observar demasiado con miedo a romperme en mil pedazos. Y al final no me rompí yo, al final lo rompí yo a él. Porque estoy cansado, cansado de sentirme mal por mi aspecto, de palabras de personas que no saben apreciarme, de creerme que soy menos solo porque no luzco como querría lucir, de que otros me digan que debería cubrirme. Yacen los pedazos en el suelo, y me corto. Me corto los pies caminando sobre los trozos de mi último obstáculo hacia la salida. Cruzo la puerta y me digo que ya no más, puede que ahora esté sangrando pero las heridas se curarán y yo ya no dejaré que aquel reflejo decida por mí ni una vez más.

Mi mejor amiga es

Mi mejor amiga es aquella que ha estado conmigo incluso cuando ella no lo sabía. Y no, con ella no hablo cada día, de hecho, apenas lo hacemos. Nos vemos con suerte cada una o dos semanas y, ¿sabéis qué? Que no necesitamos nada más, porque sé que ella está ahí para mí y ella sabe que yo estoy aquí para ella. Me conoce como nadie, podemos leer el pensamiento de la otra tan solo con una mirada y, han sido tantos los años que llevamos juntas, que ya sinceramente no sabría qué hacer sin ella. Con su risa alocada, sus chistes que no hacen gracia y yo riéndome porque sabe que esos son precisamente los que a mí me encantan. Nuestras noches llorando viendo nuestra película favorita y las horas hablando de esos libros que tanto nos han marcado. Ella, que ha estado cuando nadie más quería estar, que me abrazó cuando no podía respirar y me empujó para que siguiese adelante. Mi mejor amiga, la que ha dado por mí tanto que no podría devolvérselo ni en mil años y que, precisamente por eso, me pasaré toda la vida a su lado tratando de lograrlo.

Ese amor secreto

Ese amor secreto todavía me persigue. No le conté a nadie sobre ti, no porque no te quisiera, sino que porque sabía lo que me dirían. Que no vale la pena gastar mi tiempo contigo, que seguramente solo eres una fachada y que, si te conociese de verdad, me desalentaría. Que el amor a distancia no funciona, los celos son fuertes si no hay confianza suficiente y los kilómetros acaban haciendo mella. Que en algún momento una pantalla no iba a ser suficiente. ¿Sabes qué es lo peor? Que les creí, incluso cuando nadie me dijo nada, porque ya me lo dije todo yo a mí misma. Que si me vieses en persona no me ibas a considerar tan bonita, no te iba a gustar y te decepcionarías. Verías todos mis defectos en primer plano y no lo soportarías. Así que hui yo, cobarde a enfrentarme a la verdad, a la dificultad de la distancia, sabiendo que mis sentimientos eran reales, pero sin darte la oportunidad a ti de demostrar si también lo eran los tuyos. Y ahora estoy aquí, escribiendo esto, dándome cuenta de que he narrado en pasado, y no porque haya dejado de quererte, sino que porque sé que ya es demasiado tarde para nosotros dos.

martes, 5 de febrero de 2019

Ganas de seguir

A veces encontramos las ganas de seguir donde menos lo esperábamos, cuando pensábamos que ya no iba a ocurrir, de quien ni en mil años nos lo hubiésemos imaginado. Y así es, un día pensaba que ya no iba a poder continuar, me iba a rendir, por completo y, sin embargo, hoy tengo más ganas que nunca de seguir. De conocerme, de sorprenderme, de plasmar lo que siento y que otros sean capaz de verlo, de palparlo, de ser yo, de alguna manera. Hoy han vuelto mis ganas de retomar mi vida justo por donde la había dejado y, esta vez, pienso hacerme cargo de ella.

lunes, 4 de febrero de 2019

Me pierdo

Podría pasarme la vida así, yaciendo a tu lado, con tu brazo rodeando mi cuerpo mientras cuento cada una de tus pecas. Pero me pierdo. Me pierdo en tu mirada, en tus besos y en tus bromas. Y cada vez que empiezo a contar de nuevo, me pierdo. En tus brazos, en tus piernas y en tu cuerpo. Pero yo vuelvo a empezar a contar, no porque vaya a acabar, sé que en tu cuerpo se encuentran miles de marcas que me llevaría toda la vida descifrar, pero precisamente por eso lo hago. Es mi aliento. Saber que si empiezo algo tengo que terminarlo y, si mi meta es un imposible, entonces pasaré toda la vida intentándolo. Si eso supone que estaremos por siempre así, seguiré contando. Incluso si me pierdo.

sábado, 2 de febrero de 2019

Te escojo cada día

¿Sabes cuál es el problema con el amor hoy en día? Que la gente está tan ciega que piensa que la otra persona es perfecta y, poco a poco, se van dando cuenta de que no es así, y se decepcionan. Eso no va a pasarnos a nosotros, porque yo sé que tú no eres perfecto, hay cosas de ti que no me gustan y, en ocasiones, me haces daño. Pero decido escogerte cada día de mi vida, no porque estoy tan enamorada de ti que no soy capaz de ver tus imperfecciones, sino que porque estoy enamorada de, precisamente, cada pequeña imperfección que te conforma.

Siempre tú

En algún momento de mi vida todo cambió. No estoy segura de cuándo fue, o por qué. ¿Por qué yo? Y por qué tú. Pero pasó. De entre todas las personas en el mundo, el destino quiso que diese contigo. Y no lo sé, no sé si eres mi alma gemela o el hombre de mi vida, pero lo que sí sé es lo que siento ahora mismo y, sinceramente, eso es más grande que cualquier otra cosa que haya sentido por alguien jamás. Es la primera vez que puedo decir que estoy enamorada. Que sí, que soy la chica tonta de las sonrisas, la que mira constantemente el teléfono a la espera de una respuesta que sé que me va a sacar un suspiro, y de la que ya no es capaz de vivir sin tus buenos días. Te di mi corazón, no porque lo nuestro sea un amor posesivo, sino que porque lo tuyo es tuyo, y lo mío es mío. Mi corazón ya no me pertenece. Es tuyo, y no hay nada que yo pueda hacer al respecto y, ¿sabes qué? Que tampoco querría hacerlo. Tú me has regalado lo más preciado en esta vida, y cada vez que te miro sé que merece la pena. Todo. El dolor, los malos momentos, las discusiones, las cosas que no deberían ser dichas y las que se callan de forma indebida. Pero al final del día sigues siendo tú. Siempre tú. Y ya podría venir a buscarme Romeo a mi balcón, que le diría que esta dama ya tiene dueño en su corazón. Deja que vengan a por mí, amor, todos los caballeros del planeta, deja que intenten ganarme, que lo que ellos no saben es que esa es una batalla perdida.

Tengo miedo

Tengo miedo. Miedo de lo que siento, de lo desconocido. De este cosquilleo incesante en la barriga, la piel de gallina y el corazón agitado. Miedo de verte y darme cuenta de que tú ya no sientes lo mismo, de que ahora solo soy yo, y quedarme herida. Miedo de que me lastimes, de haberte confiado mi corazón y que haya sido una mala decisión. De que me estés mintiendo y en realidad no sea tan importante, o sientas tanto como dices sentir. Miedo de que me dejes aquí sola, de que ya no estés ahí cada día. De estos sentimientos que me impulsan a hacer cosas que de otra forma yo no haría. Tengo miedo de enamorarme y, de lo que es más importante, de reconocer que, en realidad, ya estoy irremediablemente enamorada de ti.